29/01/2014 – Foto-blog (330): Fluir y cantar (VII)

Siempre resulta un placer transitar el barranc de l’Infern sobre la plataforma de la antigua vía férrea que lo acompaña. El caminar se vuelve tranquilo asomados al precipicio y, cada tanto, el fluir de las aguas invita a descansar junto a ellas, cerrar los ojos y escuchar su murmullo.

330 - Fluir y cantar (VII)

Título / Localización

Fluir y cantar (VII) / Barranc de l’Infern (l’Orxa)

Fecha / hora de la toma

15/02/2012 / 15:50 h

Cámara

Canon EOS 550D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5 USM

Tiempo de exposición

2 sg

Diafragma

F 8.0

ISO

100

Distancia focal

16 mm

Comentarios

Filtro polarizador HOYA Pro1 MC para eliminar reflejos
Filtro B+W ND 1.8 MRC F-Pro para alargar la exposición

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Enlace relacionado

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27/01/2014 – Foto-blog (329): El contador de estrellas (III)

Aún recuerdo aquella calurosa noche de verano,
tumbado boca arriba sobre un mullido montón de paja.
Apenas era un niño y ya quería contar las estrellas…

329 - El contador de estrellas

Título / Localización

El contador de estrellas (III) / La Foradà (Vall de Gallinera)

Fecha / hora de la toma

23/04/2013 / 22:44 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5 USM

Tiempo de exposición

72 sg

Diafragma

F 5.6

ISO

800

Distancia focal

17 mm

Comentarios

Luna al 90%

Ligero toque de flash sobre la figura

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Enlace relacionado

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22/01/2014 – Foto-blog (328): El fotógrafo en la Naturaleza (XXI)

Siempre es un placer recorrer los caminos de l’Albureca…

328 - El fotógrafo en la Naturaleza (XXI)

Título / Localización

El fotógrafo en la Naturaleza (XXI) / Serra de l’Albureca (Beniarrés)

Fecha / hora de la toma

17/12/2013 / 10:30h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Sigma AF 70-300/4.0-5.6 DG APO Macro

Tiempo de exposición

1/8 sg

Diafragma

F 8.0

ISO

100

Distancia focal

70 mm

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20/01/2014 – Foto-blog (327): Después de la lluvia (II)

Es invierno, y las saucedas y choperas de l’Encantà se muestran desnudas junto al estanque. Después de la lluvia los colores ganaron viveza, pero la luz quedó mortecina, misteriosa, dramática. Poco a poco la borrasca pasa de largo y la desembocadura del barranc de l’Encantà recupera la calma. Pronto anochecerá y el reclamo del búho se escuchará entre los riscos, solitario, en la oscuridad más absoluta.

327 - Después de la lluvia (II)

Título / Localización

Después de la lluvia (II) / Barranc de l’Encantà (Beniarrés)

Fecha / hora de la toma

26/01/2011 / 16:01h

Cámara

Canon EOS 50D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5

Tiempo de exposición

1/60 sg ± 5/3EV

Diafragma

F 9.1

ISO

100

Distancia focal

12 mm

Comentarios
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010 - Después de la lluvia

Funda protectora contra la lluvia.

Una imagen donde la luz es la absoluta protagonista. Las ramas desnudas de los caquis, sauces y chopos, las nubes y el reflejo
en el estanque aportan su dosis de dramatismo a la escena, un dramatismo que el virado a blanco y negro acentúa.
En directo me sugirió la calma que precede a la tormenta y creo
que la imagen en cierta manera transmite esa sensación.
Uno de mis encuadres favoritos en esta localización.

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17/01/2014 – Foto-blog (326): En calma (II)

326 - En calma (II)

Título

En calma (II)

Fecha / hora de la toma

06/01/2014 / 18:41 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Tamron SP AF 17-50/2.8 XR Di II

Tiempo de exposición

1.3 sg ± 4/3EV

Diafragma

F 8.0

ISO

100

Distancia focal

32 mm

Comentarios
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En calma (II)'

Intenté hacer la foto moviendo un filtro degradado, pero no conseguía igualar las luces del cielo con las reflejadas en el agua. Finalmente, antes de que tonos del atardecer se apagaran, opté por horquillar la exposición y fusionar posteriormente las imágenes.

Quizá un formato cuadrado funcione mejor…

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Enlaces relacionados
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15/01/2014 – Foto-blog (325): La ventana del Diablo (II)

La Cova Foradà semeja un ojo, un enorme ventanal con vistas al barranc de l’Infern…

325 - La ventana del Diablo (II)

Título / Localización

La ventana del Diablo (II) / Barranc del Salt (Vall de Laguar)

Fecha / hora de la toma

28/03/2012 / 13:34 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Samyang 8 mm f/3,5 Aspherical IF MC Fish-eye

Tiempo de exposición

1/160 sg ± 2.00EV

Diafragma

F 8.0

ISO

160

Distancia focal

8 mm

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13/01/2014 – Foto-blog (324): Pánico

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño
que reflejo la tarde sin meditar en ella.
(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo de una calma agonía
sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde.
Agoniza Saturno como una pena mía,
la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.
Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.
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Pablo Neruda

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324 - Pánico

Título

Pánico

Fecha / hora de la toma

06/01/2014 / 18:12 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Sigma AF 70-300/4.0-5.6 DG APO Macro

Tiempo de exposición

1/25 sg

Diafragma

F 9.0

ISO

100

Distancia focal

81 mm

Comentarios

324' - Pánico

Reprocesada más oscura para acentuar las sensaciones

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10/01/2014 – Foto-blog (323): Encañonados en el Averno (II)

Más que barranco, aquello merece llamarse desfiladero, tal es la angostura de su paso. Gargantas de apenas dos palmos e imposibles paredes verticales hacen que te sientas minúsculo allí dentro…

323 - Encañonados en el Averno (II)

Título / Localización

Encañonados en el Averno (II) / Barranc del Infern (Vall d’Ebo)

Fecha / hora de la toma

27/03/2012 / 17:01 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5 USM

Tiempo de exposición

1/2 sg

Diafragma

F 8.0

ISO

160

Distancia focal

10 mm

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08/01/2014 – Balbuceos (05): Incursión en la fortaleza de al-Qal’a

Post publicado en el blog privado Las noches de Perputxent (diario de una leyenda) el 25/05/2009. Todo cuanto en él se expresa corresponde a los primeros balbuceos del proyecto literario La Montaña Azul y, por tanto, no tiene por qué corresponderse con el resultado final del mismo.

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El castillo de al-Qal'a está situado en la vertiente norte de la sierra de la Foradà, dominando los accesos a la vall de Gallinera desde el interior. Como la mayoría de las fortificaciones andalusíes de la zona, se levantó en altura, ajustado a unas singularidades orográficas que condicionarían su construcción en tres niveles claramente diferenciados, aunque comunicados, comprendidos entre los 720 y 850 metros de altitud.

Panoramica la Foradada

Sus torres y murallas están, por lo general, construidas con la técnica del tapial, encontrando obra de mampostería en opus incertum en los cimientos de numerosos muros. El conjunto destaca por su gran extensión y, sobre todo, por su complejidad estructural, resultado del afán por aprovechar las posibilidades defensivas naturales que ofrece tan escarpado relieve. Las torres y puestos de vigía se levantan en los lugares más inverosímiles, y las murallas, casi siempre almenadas, encierran amplios albacares donde se distinguen construcciones de muy variada factura y geometría (aljibes, graneros, un horno y numerosas estancias) que sugieren la posibilidad de que el castillo albergara en su interior un pequeño poblado o, también, que al-Azraq trasladara allí su residencia durante los años que duró su levantamiento. La primera hipótesis podría sostenerse en virtud de la donación que en 1288 hizo Alfonso III del «castrum et villam» de Alcalà de Gallinera en favor de B. de Villafranca; la segunda, atendiendo a lo expresado en el capítulo 376 de la Crónica de Jaime I: (...) I l’endemà, oïda la missa, ens n’anàrem a Alcalà; i ell (al-Azraq) no ens hi gosà esperar i es traslladà a Gallinera. I nós anàrem a Alcalà, pues allí tenía el seu alberg major (...) De ser así, además de las funciones propiamente defensivas, el castillo de al-Qal'a habría desempeñado funciones de tipo residencial a modo de castillo feudal.

Al-Qal'a

En la parte superior del castillo encontramos la fuente y la balsa donde, según algunos historiadores, se firmó el pacto del Pouet, circunstancia que considero muy poco probable por dos motivos: 1) porque no me convence la analogía entre dicha fuente y el término apud puteulum (junto a un pequeño pozo) que reza en el documento donde se firmó el pacto, y 2) por la propia ubicación de la fuente, que obligaría a los firmantes del documento a desplazarse, innecesariamente, hasta la parte más elevada del castillo. A este respecto, reseñar la posibilidad de que existiese un acceso desde la vall de Alcalà de ser cierto que era allí donde al-Azraq tenía su residencia; de este modo, la fuente se encontraría a la entrada del castillo aunque igualmente a una distancia y altitud intempestivas para la firma de un documento. Respecto de las aguas de esta fuente, resulta muy probable que éstas se aprovecharan para el riego de los diferentes bancales existentes en las inmediaciones, donde se cultivarían cereales, hortalizas y árboles frutales destinados al autoconsumo. Es de prever que los excedentes de agua se canalizaran hacia los diferentes aljibes existentes en el castillo.

En lo concerniente a los orígenes del castillo, los restos arqueológicos estudiados apuntan la posibilidad de que se construyera durante el siglo XI, coincidiendo con los últimos años del Califato o los primeros de la época post-califal, y que sufrió diversas ampliaciones posteriores, algunas de ellas durante el siglo XIII. Asimismo, se sabe que durante los primeros días de junio de 1258 pasó a manos de Jaime I a raíz del acuerdo alcanzado con al-Azraq, como constata el capítulo 376 de la Crónica: (...) I no volem parlar de totes les accions que férem, perquè el llibre s’allargaria massa; però el huité dia recobràrem Alcalà, Gallinera i setze castells que ens havia pres, i pactà amb nós que eixiria de la nostra terra per sempre, per a no tornar-hi mai més. I donàrem Polop a un nebot seu, que el tinguera durant la seua vida, i això per tancar el pacte entre nós i ell.

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Portal de al-Qal'a Actualmente, el castillo de al-Qal'a aparece parcialmente remozado. Concluidas las obras de restauración, los andamios han quedado anclados a los escarpes, facilitando el acceso a los distintos niveles constructivos. La obra nueva emplea unos materiales y acabados diferentes a los originales con el propósito de diferenciarlos. Este modo de proceder impacta a primera vista, pero al cabo de un tiempo uno acaba por acostumbrarse y termina aceptando la finalidad que se persigue. Con esta medida se "reconstruyen" parte de las construcciones arruinadas y, lo más importante, se paraliza el constante deterioro de sus estructuras.

Desde el castillo se divisan buena parte de las aldeas que actualmente constituyen la vall de Gallinera (Benissili, Alpatró, Llombai, La Carroja, Benissivà, Benialí, Benitaia...), el castillo de Ghallinayra, los fortines de Alpatró y de la Foradà (Mathquba), y, sobre la sierra de la Albureca, el macizo de Benicadell, el castillo de Binnah Qatal y la atalaya de Almarayén. Hacia Levante, el horizonte se pierde en la inmensidad del mar; a buen seguro que la contemplación de la costa dianense reconfortaba los ánimos del Moro y robustecía sus lazos con la tierra que le había visto crecer. Sí, aquella era su tierra, la tierra de Abu Abd Allah ibn Muhammad ibn Hudhayl, la tierra de al-Azraq, el Azul: el color que ondeaban sus estandartes, el mismo color que tenía el cielo en las cálidas tardes de verano, cuando, siendo un niño, se asomaba al balcón de Gallinera para ver cómo éste se fundía, en un largo abrazo, con el mar...

Panoramica nocturna vall de Gallinera ____________

Durante los días que viví entre sus muros imaginé que corrían otros tiempos, tiempos de paz, de sentidos calmos y tranquilos, días en que los ojos dormitan con el deambular de los rebaños, con el trajín de las acémilas, con el azulino pendón caído sobre su asta: cansado, perdido, raído; instantes donde el oído se aburre de atender el reclamo del cuco en su paradero, los acordes nocturnos de la fídula y el laúd, la llamada del muecín en el crepúsculo; momentos y días en que el olfato se empalaga de ovejas en el aprisco, de tomillo y romero, de jengibre, pimienta y clavo. Y tiempos de guerra, de centinelas apostados en sus atalayas, de pendones henchidos por el viento, de adargas, almófares y cuchillos; días de sangre y humo, de saetas y relinchos, de timbales, añafiles, celadas y alaridos; noches de insomnio, de hogueras, leyendas y suspiros: lunas de lobos, amaneceres de cautivos.

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06/01/2014 – Aquelarre en las peñas

LA ENCANTADA Y EL VALLE Así tituló Rafael Roca un artículo periodístico que hablaba sobre el mito de la Encantada y que el tío Paco de Fantaquí, que en paz descanse, refiere en su poema La Encantada y el valle. La verdad es que el título es sugerente, tanto que esta noche he soñado un conjuro en los riscos de la Encantada. Sí, vuelvo a soñar, y eso es una excelente noticia.

Antes de ponerme a escribir este post, he buscado por Internet alguna información acerca del tema de los aquelarres, conjuros, encantamientos y demás cuestiones análogas. Como era de esperar, no he encontrado gran cosa y sí mucha basura. El motivo de escribir este post era el de encontrar un buen arranque para la novela, un inicio con fuerza, con intriga, que genere expectativa, y éste lo he encontrado esta noche, soñando. No necesito que Amira fuese una bruja, una hechicera, me vale con que los demás la tuvieran por ello. La bella Amira enloqueció de amor y la locura puede arrastrarnos a las situaciones más insospechadas, hacer aflorar el más primitivo de nuestros instintos: el odio. De eso sabe bien Pascual Duarte: «La idea de la muerte llega siempre con paso de lobo, con andares de culebra, como todas las peores imaginaciones. Nunca de repente llegan las ideas que nos trastornan; lo repentino ahoga unos momentos, pero nos deja, al marchar, largos años de vida por delante. Los pensamientos que nos enloquecen con la peor de las locuras, la de la tristeza, siempre llegan poco a poco y como sin sentir, como sin sentir invade la niebla los campos, o la tisis los pechos. Avanza, fatal, incansable, pero lenta, despaciosa, regular como el pulso. Hoy no la notamos; a lo mejor mañana tampoco, ni pasado mañana, ni en un mes entero. Pero pasa ese mes y empezamos a sentir amarga la comida, como doloroso el recordar; ya estamos picados. Al correr de los días y las noches nos vamos volviendo huraños, solitarios; en nuestra cabeza se cuecen las ideas, las ideas que han de ocasionar el que nos corten la cabeza donde se cocieron, quién sabe si para que no siga trabajando tan atrozmente. Pasamos a lo mejor hasta semanas enteras sin variar; los que nos rodean se acostumbraron ya a nuestra adustez y ya ni extrañan siquiera nuestro extraño ser. Pero un día el mal crece, como los árboles, y engorda, y ya no saludamos a la gente; y vuelven a sentirnos como raros y como enamorados. Vamos enflaqueciendo, enflaqueciendo, y nuestra barba hirsuta es cada vez más lacia. Empezamos a sentir el odio que nos mata; ya no aguantamos el mirar; nos duele la conciencia, pero, ¡no importa!, ¡más vale que duela! Nos escuecen los ojos, que se llenan de un agua venenosa cuando miramos fuerte. El enemigo nota nuestro anhelo, pero está confiado; el instinto no miente. La desgracia es alegre, acogedora, y el más tierno sentir gozamos en hacerlo arrastrar sobre la plaza inmensa de vidrios que va siendo ya nuestra alma. Cuando huimos como las corzas, cuando el oído sobresalta nuestros sueños, estamos ya minados por el mal; ya no hay solución, ya no hay arreglo posible. Empezamos a caer, vertiginosamente ya, para no volvernos a levantar en vida. Quizás para levantarnos un poco a última hora, antes de caer de cabeza hasta el infierno... Mala cosa.»

El otro día apuntaba la posibilidad de que la bella Amira quedara preñada en su último encuentro carnal con el visir al-Azraq. Eso añadiría una carga dramática a la situación y ofrecería una oportunidad para la venganza. Sí, el primer episodio de la novela debe impactar por su crudeza, causar repulsa, conmocionar. Todo el odio acumulado en la intrahistoria debe estallar en esa primera escena ante los incrédulos ojos del lector. Sí, la locura puede arrastrarnos a las situaciones más insospechadas, hacer aflorar nuestros más bajos fondos, y hasta ahí tendré que descender si es necesario. El inicio del episodio lo contaré de manera sugerente, descriptiva, para crear un ambiente tétrico, de misterio; después, de manera enigmática, suspensiva, para crear tensión; y al final, todo se resolverá de un modo repulsivo, agresivo, inverosímil, para aplastar la indiferencia y crear intriga. Esto es lo que he pensado; lo vomito como un flujo de conciencia sobre el que más tarde tendré que regresar, a bocajarro, sin corregir:

El plenilunio apuntaba entre los riscos y al poco de levantarse sobre las peñas arrojó sus sombras contra las paredes del barranco. Ni rastro de nubes en el cielo y, sobre las rocas, el reluciente espejo de la escarcha las envenenaba. Junto al arroyo, el molino de Ahmad expelía el tenue humo de los rescoldos. Hacía frío. Su traza perdía la vertical conforme salía por la chimenea, remansándose cual niebla que penetra en el congosto. Las sombras avanzan rápidas y se esconden en las cuevas. El barranco semeja una postal bajo la luz de la luna. El cárabo reclama en su paradero y, junto al molino, la cálida luz de un candil escapa entre las rendijas de la puerta. Una mujer duerme en su interior. Se revuelve bajo una maraña de mantas. Solloza en sueños. Una noche más, antes de meterse en el catre, estuvo llorando. Su larga cabellera asoma entre las mantas y se agita. Su cuerpo se convulsiona y, antes de despertar, sus labios dejan escapar un grito. Sabe que ha llegado el momento. El viento ha amainado y en el silencio de la noche sólo el cárabo se escucha. El cárabo llora: quizá también él tiene miedo. La mujer observa las extrañas sombras entre las vigas. La llama salta en la piquera del candil y pronto se quedará sin aceite. La mujer alarga el brazo y lo toma por el asa. Lo levanta en el aire y lo lleva hasta su cara. Es una mujer joven, bella, pero sus ojos despiden miedo. Su cuerpo vuelve a convulsionarse y una mueca de dolor surca su rostro. La mala hora ha llegado. Aparta las mantas sobre su cuerpo y salta del camastro. Está preñada. Busca algo sobre la mesa y alcanza un cuchillo. Lo mete en el interior de una talega y abre el portón del molino. La noche quedó despejada y la luna está alta. Vuelve sobre sus pasos y al punto regresa con dos mantas. Antes de salir las coloca sobre su cuerpo. El cárabo llora en su paradero; la noche es clara, pero su claridad cala los huesos. La joven avanza sobre el camino, despacio. Cada tanto apoya las manos contra un árbol y entonces sus dientes rechinan. El sonido de la cascada rumorea a lo lejos. La mujer camina hacia allí. El aullido del lobo se escucha en el monte, pero ella ni lo escucha. Nota que un líquido caliente le recorre la entrepierna. A roto aguas. Anda con pasos cansinos, llorando, y a cada paso la cascada se escucha más fuerte. El camino serpentea en el interior del barranco y al pasar un quiebro, el agua salta sobre la poza. La joven se detiene. Respira profundo, varias veces, como le enseñó la curandera. Abre la talega y saca un frasco. Lo lleva a la boca y echa un trago. Se acerca a la orilla de la poza. El agua, al saltar, resuena con estrépito. La luna lo ilumina todo. Se arremanga los faldones, los sujeta con los dientes y se acuclilla junto a la poza. Aúlla de dolor. Su respiración se agita. La sangre gotea sobre la blanca grava. Siente que la muerte se la lleva. Se arrodilla. Toma una bocanada de aire y oprime la parte superior de su tripa. Aprieta los dientes. Siente que su carne se desgarra y, entonces, una cabeza asoma de sus entrañas, viscosa. La sujeta entre sus manos. Ora respira, ora aúlla. El llanto de un niño restalla junto a la poza. Su cuerpo desnudo descansa en los brazos de su madre. Ella busca el puñal en el interior de la talega. Su filo reluce a la luz de la luna. La joven duda. Corta el cordón que une sus vínculos. La criatura no para de llorar y la madre lo envuelve con las mantas. Duda si llevarlo a su pecho. La placenta sale de su interior y cae sobre el suelo. La mujer la despedaza con el puñal. Luego toma los trozos viscosos y, uno tras otro, los engulle como una loba. El niño llora desconsoladamente. Ella lo lleva junto a su pecho. El niño mama mientras la madre lame la sangre pegada a su cuerpo, como una loba. La luna se esconde entre las nubes. El niño mama el calostro de la madre, tranquilo. Sus lamidos parecen reconfortarlo. El viento agita las copas de los chopos. El niño duerme en los brazos de la joven, al abrigo de las mantas. La madre alza al hijo sobre su cabeza y llora. «Ninfas de las fuentes, yo os invoco –grita-» El agua salta con estruendo y se arremolina en el interior de la poza. «Náyades de los ríos, salid de las profundidades, yo os conjuro». La luna apareció entre las nubes, alba, redonda. Su luz se refleja sobre el agua. «Este es el fruto de mis entrañas, la hiel que amarga mi existencia. Amira os invoca ante la luna y os lo ofrece en sacrificio». Lanza su hijo a la poza y exclama: «¡Yo maldigo a su padre: que tanta desgracia coseche como ha sembrado!»

Así es como en adelante quiero escribir: de un tirón, sin corregir. No importan los tiempos verbales ni repetir las palabras; sólo la idea subyace, y después de reestructurarla, a buen seguro que todo tendrá mejor pinta: mañana saldremos de dudas.

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03/01/2014 – Foto-blog (322): Aquelarre en las peñas

Conocida es la predilección que las brujas sentían por los monolitos…

322 - Aquelarre en las peñas

Título / Localización

Aquelarre en las peñas / Serra de l’Albureca (Beniarrés)

Fecha / hora de la toma

17/12/2013 / 09:58 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Sigma AF 70-300/4.0-5.6 DG APO Macro

Tiempo de exposición

1/10 sg

Diafragma

F 8.0

ISO

100

Distancia focal

70 mm

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