01/01/2014 – A vueltas con la bella Amira

No es la primera vez que hablo de la bella Amira, la doncella que los moros dejaron encantada. Ella será la piedra angular del nuevo proyecto de novela que este año comienza a andar: el personaje de ficción, la protagonista. Sí, no es la primera vez que hablo de la bella Amira, y sin embargo, qué poco sé de ella.

LabellaAmira

Quiero imaginar que sus ojos son un arma, la punta de una flecha envenenada, aquella que hiere la razón y la remata. Una mirada penetrante, de fuego, que te envuelve y te desarma. Amira son sus ojos, los ojos de un ser enigmático, que apenas habla.

Muchos son los interrogantes que debo resolver acerca de ella: de su condición, de su infancia, de su relación con el resto de personajes. Antes de sentarme a escribir tengo que saber quién fue realmente Amira, qué sucedió para que su muerte originase tan inquietante leyenda. Quizá sobre su origen no convenga decir nada, al menos al principio, eso creará intriga y potenciará su naturaleza enigmática. Bastará con conocer su ascendencia: quizá fuese hija de padre musulmán y madre de cristiana, quizá de noble estirpe, quizá una renegada del Islam. Poco importa eso de momento. Conviene presentarla como un ser solitario, atormentado, que vive apartado y en comunión con la Naturaleza; quizá podría ser una herborista, una curandera, o mejor aún: una hechicera, una nigromante; quizá un poco de todo. Podría vivir en el barranco que ahora lleva su nombre, quizá dentro de una cueva, quizá en uno de los molinos que allí existían en el siglo XIII. Y puede que los solitarios aquelarres en los que Amira participaba se produjesen a la luz de la luna, alrededor de alguno de los riscos y megalitos que abundan en el barranco de la Encantada. Sí, puede que ese fuese su final, pero sus inicios deben ser tan distintos… Conviene presentar al personaje al final de un proceso que se antoja decadente para, acto seguido, regresar al principio de sus días. Eso creará en el lector numerosas preguntas cuya respuestas irá descubriendo. Sí, un aquelarre, un conjuro, una maldición sería una buena forma de arrancar la novela. La mujer despechada que lanza su conjuro contra alguien: el preludio de un destierro que está por venir, una muerte violenta, el desgraciado desenlace de un amor: el nacimiento de una leyenda. Pero la bella Amira fue mucho más, y lo que hasta aquí he bosquejado sería sólo el final de sus desgraciados días.

La bella Amira

Muchas son las caras que puede presentar Amira, pero sólo una de ellas me vale, de modo que voy a elucubrar en voz alta y dejarme llevar, teniendo en cuenta que los ámbitos cronológicos y geográficos serán los mismos que los de La Montaña Azul, esto es: los valles de al-Azraq mediado el siglo XIII.

En el anterior proyecto de novela, Amira era doncella de la reina Violante. En mayo de 1244, Amira y un grupo de sirvientes, caballeros y clérigos viajaban al castillo de Rebollet por preparar una de las torres para la dormida del rey y sus nobles, cuando a su paso por el estrecho de Rugat fueron víctimas de una emboscada sarracena. Todos los cristianos fueron apresados y conducidos al castillo de Rugat, mas cuando semanas después se negoció el rescate de todo el grupo, Amira no formó parte del acuerdo. En cuanto la vio, el visir al-Azraq quedó prendado de su belleza y la llevó con él al castillo de al-Qal’a. Al-Azraq liberó a los diecisiete prisioneros que con ella viajaban, pero Amira era hija de padre musulmán, y aunque fue bautizada en la fe que profesaba su madre, era de ascendencia musulmana según los preceptos del Corán. Con el pretexto de devolverla al Islam, el visir rehusó el generoso rescate que don Jaime le ofrecía por devolverla al séquito de la reina. Pero la joven Amira era de armas tomar, y dos meses después de tenerla cautiva en al-Qal’a, al-Azraq todavía trataba de persuadirla con las más delicadas de sus atenciones para que la otra renegase del politeísmo y encontrara el buen camino del Islam. En todo ese tiempo, el Moro había sucumbido ya al hechizo de sus ojos y, ciertamente, sus atenciones para con ella fueron tales que Amira terminó por enamorarse de quien la retenía contra su voluntad con tan exquisitas consideraciones. Entonces, ¿por qué no quiso renegar de la Trinidad? Esa es una pregunta que debe tener una respuesta firme, pues se necesita un motivo para que su amor fuese un amor desgraciado, imposible, prohibido. Puede que el visir estuviera casado con la hija del alcaide de Planes y que Amira condicionase su conversión a que éste se decidiera por una de las dos. Y bien que el Moro la habría elegido a ella si hubiera tenido opción de hacerlo, pero la resistencia de La Montaña dependía de su alianza con el alcaide Ibn Saldún. Sí, Amira hubiera traicionado sus creencias por desposarse con él, pero sus sentimientos no los podía traicionar. Su corazón era uno y no estaba dispuesta a compartirlo. Y así fue cómo Amira quedó de sirvienta en la fortaleza de al-Qal’a, de día, porque durante la noche el visir se deslizaba hasta su cama por convertirla en su amante. Fueron apenas unos meses, el tiempo necesario para que ella enloqueciera de amor. Sí, Amira enfermó de amor, tanto que, ante la imposibilidad de desposarse con su amado, le suplicó que la vendiese. La guerra con el Tirano llamaba a la puerta y, aunque de mala gana, al-Azraq accedió a atender su petición. Simuló venderla al molinero de Planes –buen hombre aquel–, pero en realidad acordó con él su custodia. El visir la visitaba entre batallas, pero sus encuentros carnales sólo sirvieron para empeorar las cosas. La última vez que sus cuerpos se juntaron, al-Azraq le acarició el pelo en la despedida. Amira estaba bellísima, pero sus ojos daban miedo. Pronto, las secuelas del resentimiento trajeron el rencor y la sinrazón. Poco tiempo tardó Amira en acercar al molinero hasta su cama, y cuando lo tuvo hechizado, se convirtió al Islam y se casó con él. Lo hizo sólo por despecho, por demostrar al visir que bien hubiera renunciado a su dios por amor. Ya por aquellos días, los ojos de Amira exhalaban odio y pronto se entregó a Satán y Belcebú por dar cumplida respuesta a su venganza. Aprendió las propiedades de los bebedizos y, al poco, los secretos de la nigromancia dejaron de serlo. Comenzó a invocar a la luna en sus aquelarres, y apenas un año después, su marido moría despeñado, en tan extrañas circunstancias que hubo quienes la acusaron de haberlo inducido al suicidio. Desde que enviudó, vivió sola en aquel recóndito molino junto al congosto, apartada de la gente, dedicada al único objetivo que le quedaba en la vida: confabularse con el Diablo y acabar con el visir al-Azraq. El papel que jugó la bella Amira en el destierro de al-Azraq es algo que dejo al libre devenir de los acontecimientos.

Esta versión admitiría la posibilidad del embarazo de Amira en el último de sus encuentros carnales con el visir al-Azraq y el posterior sacrificio del fruto de su relación durante uno de aquellos aquelarres.

henna

Así, en principio, me quedo con la misma Amira de La Montaña Azul: la Amira doncella, cristiana; la Amira rebelde, la amante enamorada, la mujer despechada; Amira la Bella, la loba, la hechicera: la Encantada.

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30/12/2013 – Foto-blog (321): Regreso al XIII (V)

321 - Regreso al XIII (V)

Título / Localización

Regreso al XIII (V) / Castell de Perputxent (l’Orxa)

Fecha / hora de la toma

16/12/2013 / 22:55 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5 USM

Tiempo de exposición

59 sg

Diafragma

F 5.6

ISO

400

Distancia focal

14 mm

Comentarios

Luna llena

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Entrada relacionada

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27/12/2013 – Balbuceos (04): El visir al-Azraq en El Llibre dels Fets

Post publicado en el blog privado Las noches de Perputxent (diario de una leyenda) el 01/03/2009. Todo cuanto en él se expresa corresponde a los primeros balbuceos del proyecto literario La Montaña Azul y, por tanto, no tiene por qué corresponderse con el resultado final del mismo.

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Relata Jaime I en su Crónica que, al poco de entrar la Cuaresma de 1258, un sarraceno amigo de al-Azraq le envió un mensajero cristiano. Este mensajero le propuso un plan para desabastecer los castillos del visir, de modo que, en caso de asedio, al-Azraq no tuviera más opción que rendirlos. De esta manera se fraguó la traición que, unos meses después, acabaría con el destierro del Moro.

Curiosamente, en algún pasaje de la Crónica, Jaime I se refiere a al-Azraq en términos de traidor. Lo acusa de romper el Pacto del Pouet y, también, de haber mentido en el hecho de Rugat con el fin de tenderle una emboscada y acabar con su vida. Por estos motivos, especialmente por el segundo, Jaime le tomó malquerencia y, en cuanto tuvo la menor oportunidad, trató de desmerecerlo. Eso mismo sucede, a mi entender, cuando en el pasaje 376 de la Crónica el aragonés relata los hechos que acabaron con el sarraceno: “I l’endemà, oïda la missa, ens n’anàrem a Alcalà; i ell (al-Azraq) no ens hi gosà esperar i es traslladà a Gallinera. I nós anàrem a Alcalà, perquè allà tenia més forçes que no en els altres llocs. I no volem parlar de totes les accions que férem, perquè el llibre s’allargaria massa; però el huité dia recobràrem Alcalà, Gallinera i setze castells que ens havia pres, i pactà amb nós que eixiria de la nostra terra per sempre, per a no tornar-hi mai més. I donàrem Polop a un nebot seu, que el tinguera durant la seua vida, i això per tancar el pacte entre nós i ell”. Don Jaime se jacta de que, ante su venida, al-Azraq abandonase el castillo de al-Qal'á y se refugiara en el de Gallinera; sin embargo, tengo la impresión de que este hecho lo tergiversó el monarca aragonés con el fin de insinuar una actitud cobarde por parte del visir o, mejor aún, por darse importancia a costa de la cobardía del otro. No debió suceder así, pues a pesar de la traición sufrida, al-Azraq negoció desde la fuerza y consiguió algunos privilegios tras capitular sus castillos. No, al-Azraq no era un cobarde, y de haber contado con los medios y/o alianzas necesarias no sólo le habría plantado cara sino que, a buen seguro, le habría tomado muchos más castillos de cuantos le tomó en su día, como así lo reconoce el propio rey en el pasaje 366 de su Crónica: “La segona raó, que és molt forta, és que, si per ventura, i per pecat dels cristians, algun dia s’arribaren a posar d’acord els sarraïns d’una i altra vora de la mar i es revoltaren els sarraïns de les viles, tants castells ens prendrien, a nós i al rei de Castella, que tot aquell que ho oïra s’admiraria del gran dany que prendria la cristiandat”.

No es el Llibre del Fets una crónica objetiva, como lo demuestran las no pocas omisiones, contradicciones y tergiversaciones que detectamos durante su lectura. Que los historiadores disculpen la comparación, y que me entienda quien me sepa leer, pero hoy día la Crónica de Jaime I semejaría al discursillo de un político en el cierre de campaña, cuando en su resumen obvia aquello que no conviene y enfatiza los deméritos del contrincante. Demostrado queda en la Crónica cómo Jaime I faltó a su palabra al incumplir los acuerdos de capitulación de Valencia, que le obligaban a dar una tregua de siete años a los territorios al sur del río Júcar; y demostrado queda también en el capítulo 361 que fueron los cristianos quienes rompieron el Pacto del Pouet al tomar el castillo de Gallinera antes del plazo convenido. Puede que al-Azraq incitase a la ruptura, que conspirase con Alfonso X contra los intereses de la Corona de Aragón, que procurase la preservación de sus territorios por todos los medios a su alcance, pero si esto fuese así, se sirvió de la astucia, la estrategia y la diplomacia para defender aquello que le pertenecía.

Llibre dels FetsOtro intento por mancillar la imagen de al-Azraq lo constatamos en el pasaje 556, donde se cuenta su regreso, en 1276, tras dieciocho años de destierro: “I estant nós a Xàtiva, tinguérem notícia d’aquells cavallers genets que havien entrat a la terra, i decidírem de trametre-hi uns quaranta homes a cavall per reforçar la vila d’Alcoi, i de posar guarnició al castell de Cocentaina, per on aquells genets havien de passar. I, quan uns dos-cents cinquanta cavallers d’aquells gentes arribaren a Alcoi per combatre, en la lluita sofriren gran mal, i, a més, perderen el seu cap anomenat al-Azrac, que ja una altra vegada s’havia alçat amb alguns castells del dit regne, els quals hagué d’abandonar, i li calgué eixir de tot el país per sempre més (…)

Sobre las razones que motivaron el regreso de al-Azraq he encontrado, al menos, dos versiones: la que exalta el valor del Moro y la que, por contravenir su palabra, la denigra. Analicémoslas.

Desconocemos los orígenes de al-Azraq, la fecha y el lugar de su nacimiento. Sin embargo, estamos en disposición de asegurar que en 1276 el visir era, cuanto menos, sexagenario. Así, el hecho de presentarse en Alcoy tras cabalgar varias jornadas junto a 250 jinetes granadinos, en efecto, demuestra una aptitud física y un valor fuera de lo normal. Sin embargo, que el visir cayese muerto a las puertas de Alcoy, en la primera escaramuza, no viene sino a confirmar su avanzada edad. No, no parece verosímil que el Moro, como cuenta la Crónica, comandara la expedición granadina, ni tampoco, que las razones que lo llevaran de nuevo hasta allí fueran de índole bélica. Por lo poco que lo conozco, me extrañaría sobremanera que buscase venganza, más bien al contrario, que viniese en busca de paz: paz interior, espiritual. Al-Azraq tenía madera de líder y no me lo imagino regresando a sus territorios con la intención de secundar un alzamiento que llevaba cerca de un año produciéndose, si acaso hubiera venido antes, para liderarlo desde el principio. Sí me lo imagino aprovechando la coyuntura del alzamiento y el envío de refuerzos benimerines desde Granada para ofrecer su guía a cambio de que los jinetes lo escoltaran hasta los que fueran sus dominios. Por aquel entonces, sesenta años eran muchos (tantos como hoy ochenta) y es muy posible que al-Azraq sintiera la proximidad de su muerte. Recordemos que Jaime I tenía por entonces 68 años y que moriría aquel mismo año, tres meses después que el visir musulmán. Tampoco es de extrañar que, como sucede a menudo, el moribundo trate de encontrar la muerte donde su madre lo trajo al mundo. Así, es posible que al-Azraq considerase aquella expedición como la última oportunidad para reposar en su tierra. No, no tiene sentido que a su edad quisiera comandar un ejército, y si formaba parte de la avanzadilla que trataba de cruzar Alcoy, no fue para entablar combate con los cristianos del lugar, que bien fortificado se encontraba Alcoy por aquellas fechas, sino porque formaba parte del señuelo para la emboscada que estaba por llegar.

Pese a la muerte de al-Azraq, los cristianos sufrieron una importante derrota, pues fueron víctimas de una emboscada en la partida de la Canal, cuando perseguían a los jinetes musulmanes en su retirada. Muchos cristianos murieron, y los que lograron sobrevivir, los llevaron cautivos hasta la Peña Foradada, en la vall de Gallinera, como se ha constado documentalmente. De este modo fue que al-Azraq, como el Cid, ganó su última batalla después de muerto. Es muy posible que los jinetes alcanzaran la vall de Gallinera por el camino de Benifallim y que, como era su voluntad, al-Azraq hallara sepultura en el mismo lugar que le viera nacer. Quién sabe…

Sea como fuere, esta teoría me parece más verosímil y humana que aquellas que, por traición o valentía, lo sitúan al frente de un destacamento al que, a la postre y por razones de edad, abandonaría a las primeras de cambio. Encontrar la muerte en el campo de batalla era un gran honor, la mejor de las recompensas («¿Qué esperáis para nosotros sino que obtengamos una u otra de las dos más hermosas recompensas: la victoria o la muerte?». El Coran. Sura 9, 52).

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25/12/2013 – Foto-blog (320): En el teatro de la noche

En el teatro de la noche, los miedos espolean la imaginación: las hojas crujían bajo mis pies, y sobre mi cabeza, los murciélagos pasaban…

320 - En el teatro de la noche

Título / Localización

En el teatro de la noche / Vall de Perputxent (l’Orxa)

Fecha / hora de la toma

16/12/2013 / 22:32 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Sigma AF 70-300/4.0-5.6 DG APO Macro

Tiempo de exposición

1/1 sg

Diafragma

F 5.6

ISO

200

Distancia focal

214 mm

Comentarios

En el teatro de la noche

Tonos azules sobresaturados en busca de un mayor contraste térmico


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23/12/2013 – Balbuceos (03): A vueltas con el traidor de al-Azraq

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Post publicado en el blog privado Las noches de Perputxent (diario de una leyenda) el 14/02/2009. Todo cuanto en él se expresa corresponde a los primeros balbuceos del proyecto literario La Montaña Azul y, por tanto, no tiene por qué corresponderse con el resultado final del mismo.

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Usted sabrá disculpar el poco orden que llevo en el relato,
que eso de seguir por la persona y no por el tiempo me hace andar saltando
del principio al fin y del fin a los principios como langosta vareada,
pero resulta que de manera alguna, que ésta no sea, podría llevarlo,
ya que lo suelto como me sale y a las mientes me viene,
sin pararme a construirlo como una novela, ya que,
a más de que probablemente no me saldría, siempre estaría a pique
del peligro que me daría el empezar a hablar y a hablar
para quedarme de pronto tan ahogado y tan parado que no supiera por dónde salir.

CJC. La familia de Pascual Duarte

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Con esta regresión quiso don Camilo que arrancara el capítulo IV de su magistral novela y, permitiéndome la licencia de compararme con aquello que Pascual Duarte vino a disculpar con don Joaquín Barrera López, así me dispongo a seguir saltando, de aquí para allá, en busca de los personajes y sus circunstancias. Pues bien, una vez esbozado el contexto histórico donde encuadraré el primer capítulo de mi novela, me dispongo a hacer lo propio con el final.

Al contrario de la estructura que seguí con “El llanto del petirrojo”, la novela que ahora me ocupa tendrá que adaptarse, inevitablemente, a los hitos temporales que marcaron los acontecimientos históricos. Estos hitos deben conocerse y establecerse previo a iniciar la escritura, puesto que son puntos de obligado paso en el devenir de la acción. Así, la improvisación no puede tener cabida más que en el espacio comprendido entre hitos y, aún así, la ficción tendrá que encajarse no sólo en el hito que esté por venir, sino también en los siguientes. Vamos, que debe establecerse una cronología de los hechos, lugares e individuos que estén constatados y, también, de las hipótesis más probables derivadas de informaciones indirectas con el fin de no llegar a un punto donde la improvisación dé lugar a un absurdo. Es decir, en una novela histórica que pretenda respetar los acontecimientos históricos hay muy poco margen para la improvisación. Será como una partida de ajedrez donde cada movimiento repercute en los siguientes. Esta claro, no es terreno propicio para dejarse llevar y tendré que planificar. Esto no quita para que la ficción tenga su espacio entre hitos, así como una tendencia general, pero en este caso no parece que sea recomendable que la trama se teja sin una cronología y planificación previas. Al respecto de la trama, mi buen amigo y consejero Ximo Andrés se preguntaba si no resultaría demasiado árida una novela monotemática, y me proponía utilizar la técnica del contrapunto (técnica narrativa que alterna diferentes planos al simultanear, sin advertirlo al lector, tiempos, lugares y personajes distintos) con fin de incluir un plano temporal contemporáneo en el devenir de la acción. Evidentemente, los diferentes planos confluyen en un personaje, una acción, un lugar o un tiempo. No anda desencaminado, pues esa es mi intención desde el principio, intención que no he abandonado y sobre la que tendré que volver.

Volviendo a la cuestión de esbozar el contexto histórico de lo que será el final de la novela, cabe preguntarse: ¿cuándo, dónde y cómo terminará la acción? He meditado las posibles respuestas a estas cuestiones y he advertido la conveniencia de situar al lector en el contexto histórico antes de iniciar el relato. Esto se haría a través de un preámbulo. Del mismo modo se procedería con el final, donde un breve epílogo contaría que, tras dieciocho años de destierro, al-Azraq murió a las puertas de Alcoy cuando, acompañado de doscientos cincuenta de jinetes granadinos, regresaba a los que antaño fueran sus dominios. El epílogo, además de apuntar el regreso de al-Azraq, referiría la muerte de Amira como parte de la leyenda que ha llegado hasta nuestros días. Esto último sucedió el 18 de junio de 1258, coincidiendo con el exilio de al-Azraq de estas tierras.

Respecto de dónde y cómo terminará la acción, debo recordar que este proyecto de novela echó a andar en mayo de 2008, a raíz de los hechos contados en la tercera entrada de este blog [plenilunio (2)]. Pero una novela tiene vida propia y lo que en principio se planteó como un relato breve y fantasioso con el fin de enlazar la leyenda de l'Encantà con los extraños sucesos que allí nos acontecieron, ha derivado en una historia dentro de otra, ampliando su propósito inicial, su extensión, su género y sus protagonistas. La leyenda de Amira, como analizaré en una próxima entrada, casa bien con el levantamiento de al-Azraq por diversos motivos, pero fundamentalmente por la traición que sufrió el visir por parte de uno de sus allegados. La traición se recoge en las entradas 373 a 377 del Llibre dels Fets. La teoría de la conspiración resulta verosímil porque la campaña que terminó con once años de resistencia se describe con todo lujo de detalles y, además, se resolvió con una rapidez extraordinaria.

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Noverint universi quod nos, Jacobus, … per nos et nostros damus et concedimus vobis Egidi Garces de Azagra et vestriis in perpetuum, per hereditatem propia, francha et liberam, in esmenta Castri et Ville de Planes que vobis dederamus cum omnibus alchereiis et terminis et pertenentiis suis, ratione bonorum et possessionum que Avinçalmo Sarracenus Regni Valentie habebat in Regno Valentie et que Patri vestro dare promiseramus, Castrum et Villam de Perpuxen que sunt in Regno Valentie, cum omnibus Alcheriis, terminis et pertinentiis suis et cum molendinis... cum omnibus hominibus et mulieribus ibi habitantibus et habitaturis, cuiuscumque legis legis et conditionis... Hoc tamen nobis et nostris retento imperpetuum quod predictum Castrum et Villam de Perpuxen, nec aliquid de predictis non vendatis nec aliter alienetis alcui persone extranee, nisi fueri de terra nostra et quod de dicto castro et villa vel terminis suis non exeat malum aliquod terre nostre.

Tirasone quintodecimo Kal. Aprilis, anno Domini millesimo, duocentesimo quinquagentesimo nono.

Signum Jacobi, Dei Gratia, Regis Aragorum…

Arch. Histórico Nacional. Órdenes Militares. Montesa. Pergaminos Reales. Carpeta 482, 116 R

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150 - El recodo fortificado (III)La Crónica de Jaime I no quiso que el nombre del traidor trascendiera a la Historia, pero siendo un hombre de la confianza de al-Azraq, bien podría tratarse de alguno de sus alcaides. El vacío documental tendrá que llenarlo la ficción para concluir que el traidor del visir -si no aparece algún dato que lo fuerce, imposibilite o contradiga- fuese el alcaide de Planes, quien, según cuenta la Crónica, capituló su castillo dos semanas antes del destierro de al-Azraq. El motivo de esta elección no es baladí: la recompensa que solicitó el traidor -trescientos besantes y cuatro jovadas de tierra en Benimassot, según se recoge en el capítulo 373 del Llibre dels Fets- estrecha el cerco geográfico alrededor de esta alquería, por lo que es de suponer que el traidor conociera bien este territorio que, casualmente, lindaba con los territorios adscritos al castillo de Planes. Asimismo, el lugar por donde Jaime I accedió a los territorios de al-Azraq fue, precisamente, Planes; además, el lugar donde los moros dejaron encantada a Amira (entiéndase que le dieron muerte) fue el ahora llamado molino de l’Encantà, perteneciente al castillo de Planes. De este modo, el encantamiento de Amira, hija del alcaide y esposa del molinero de Planes, obedeció al pago con que al-Azraq vengó su traición.

El alcaide que rindió el castillo de Planes no sería Almudino (al-Mu'adhidhin) -por aquel entonces propietario de la torre de Almudaina-, como así han deducido algunos historiadores. Esta deducción la fundamentan al interrelacionar dos hechos: 1) la entrada 376 del Llibre dels Fets, que asegura que el alcaide de Planes acordó con Jaime la capitulación del castillo el 30 de mayo de 1258, y 2) sendas cartas fechadas en Montpellier los días 4 y 5 de abril de 1259, por las que el rey Jaime I intercedía en el litigio que Almudino, alcaide de Planes por esas fechas, mantenía con Ponç Guillem de Vilafranca -señor de Travadell- al respecto del impago de una deuda en la que Beniarrés, alquería del castillo de Planes, figuraba como fianza. El hecho que Almudino, un año después del destierro del visir, figure como alcaide de Planes en un documento oficial induce a pensar que lo fuera en tiempos del exilio de al-Azraq, puesto que era normal que entre las condiciones de capitulación del castillo estuviera la de mantener el status. Por tanto, resulta lógico que algunos historiadores hayan llegado a esta conclusión. Sin embargo, hay que sopesar dos hechos: 1º- Según se deduce del testamento de Jaime I (ARV, Real 613, fol. 187 r.), otorgado en Montpellier el 25 de agosto de 1272, Almudino se había convertido al cristianismo: ...in castris et villis de Planis et de Travadello et in Almudayna quan tenebar Almudinus sarracenus quondam (antiguo sarraceno)..., y 2º- Es posible que Almudino ya fuese cristiano cuando, en 1259, Jaime I intercedió para que Ponç Guillem de Vilafranca le devolviera la alquería de Beniarrés: ...Intelleximus quod vos emparavistis Almudino, alcaido sarracenorum de Planes (alcaide de los sarracenos de Planes) alcheriam de Benafarrez... Así, es posible que Almudino fuese, en realidad, el mensajero cristiano que el traidor de al-Azraq envió a Jaime I -capítulo 373 de la Crónica- con la finalidad de proponerle su conspiración (E quan uench a entrada de quaresma ·I· sarray enuians son messatge, lo qual sarray era molt priuat Dalaçrach, e anaua ab ell, e faya molt per son conseyl. El missatge fo ·I· chrestia quens enuia ab qui ell parla en gran secret...) De este modo, la complicidad de Almudino en la conspiración contra al-Azraq le sirvió para ganarse la confianza del rey y, tras el destierro del moro, su nombramiento como alcaide de Planes. Esto explicaría que, un año después, el propio Jaime I intercediera en favor de él en su litigio con Ponç Guillem de Vilafranca cuando lo normal hubiese sido que el asunto quedara en manos de la Justicia.

Pero, ¿quién fue el verdadero conspirador? Resulta poco probable que al-Azraq tuviera como alcaide de Planes a un renegado del Islam, y, menos aún, que éste fuera su consejero, de ahí mi temprano descarte de Almudino. La única posibilidad verosímil que he encontrado pasa porque fuera Avinzalmo. Avinzalmo fue un musulmán hacendado; en enero de 1239, tras la conquista de Valencia, todas las casas, huertos y posesiones que tenía en la capital y en el resto del Reino -entre las que se encontraba el castillo y la villa de Planes- fueron donados por el Conquistador a Gil Garcés de Azagra, uno de los barones de la cruzada jaimina y miembro de la alta nobleza. Por razones obvias, Gil Garcés no podía tomar posesión del castillo y la villa de Planes hasta que éste fuera conquistado por los cristianos, y, cuando lo fue, Jaime I se lo cambió por el castillo y la villa de Perputxent, según reza el documento de 1259 que encabeza este post, donde aparece el nombre de Avinzalmo. Es de suponer que tras la conquista de Valencia, Avinzalmo abandonara la capital y marchara hacia el sur, a Planes. Algunos historiadores sostienen que el castillo de Planes pudo capitular cuando la caída de Cocentaina; sin embargo, de haber sido así, Gil Garcés de Azagra lo habría tomado en posesión, circunstancia que sabemos que no ocurrió en virtud del documento de 1259 que permuta el castillo y villa de Planes por el castillo y villa de Perputxent. Por otra parte, pese a su proximidad geográfica a los castillos de Perputxent y Alcalà, el castillo de Planes no aparece entre los que poseía al-Azraq en el momento de la firma del Pacto de Alcalà, lo que implica la posibilidad de que Avinzalmo continuara siendo su legítimo propietario. Así, faltará por ver qué relación unía a Avinzalmo con al-Azraq y, sobre todo, cuál fue el motivo de su traición. A este respecto, el hecho de que el traidor de al-Azraq solicitara tan ridícula recompensa a cambio de su traición nos lleva a pensar que se tratase de un ajuste de cuentas (llámese venganza), pues el montante de la recompensa parece ajustarse mejor al propósito de procurarse un retiro espiritual que al ánimo de lucrarse (esto nos muestra al alcaide como un hombre de avanzada edad). Puede que la venganza de Avinzalmo obedeciese al hecho de que al-Azraq lo desposeyera de sus propiedades y lo rebajara a un simple alcaide, pero resulta mucha más atractiva la opción de un amorío con Amira, su hija. Dejo este aspecto para más adelante.

208 - La voz acuáticaNo obstante, existe otra hipótesis con más posibilidades de ficción que la apuntada anteriormente para la muerte de Amira: que consumada la traición, los cristianos dieran muerte a Avinzalmo y a su hija, movidos por el desprecio hacia la estirpe de quien traiciona la lealtad a su Señor. Aquí comienza la leyenda: cuentan que Avinzalmo se ahorcó poco después que al-Azraq capitulara sus castillos. Dicen que se inmoló por deshonor, el segundo martes -catorceavo día- de la segunda jumada del 656 de la Hégira, el mismo día que el visir pasó a los pies de su castillo camino del destierro. Cuentan, también, que Amira conoció la muerte de su padre mientras peinaba sus cabellos junto al río, y que aquella misma noche unas voces la sacaron del molino y la llevaron hasta el abismo. Dicen que aquella fue noche de plenilunio -y lo fue- y que fue allí, donde el agua se precipita en el congosto, donde la doncella encontró alivio. Unos aseguran que se lanzó al vacío; otros, que fue objeto de encantamiento, y que, cuando la efeméride coincide con la luna llena, Amira peina sus cabellos junto al río, en el mismo lugar donde terminó sus días.

Casualmente, la noche del 18 de junio de 2008, al igual que en la misma fecha de 1258 (segundo martes de la segunda jumada del 656 de la Hégira), hubo plenilunio; lo de casualmente no lo digo por esta coincidencia lunar, sino porque aquella misma noche, sin saber de esta coincidencia, yo estuve allí y puedo asegurar que nos sucedieron cosas tan extrañas que me movieron a escribir esta novela. Esto todavía no lo he contado, pero lo haré... Ahora sé que, casualmente, aquella noche se cumplían 750 años de la muerte de Amira y que, una noche de plenilunio como aquella, al-Azraq marchaba camino del destierro.

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20/12/2013 – Foto-blog (319): Las dos torres

Amaina el temporal de lluvia y viento en la vall de Gallinera…

319 -

Título / Localización

Las dos torres / Alt del Xarpolar (Vall de Gallinera)

Fecha / hora de la toma

01/12/2013 / 14:11 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Sigma AF 70-300/4.0-5.6 DG APO Macro

Tiempo de exposición

1/13 sg

Diafragma

F 8.0

ISO

100

Distancia focal

70 mm

Comentarios

Filtro Hitech ND 0.6 Grad Soft
Paraguas y funda protectora


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18/12/2013 – Balbuceos (02): El naixement d'una colònia: dominació i resistència a la frontera valenciana (1238-1276), de Josep Torró

Post publicado en el blog privado Las noches de Perputxent (diario de una leyenda) el 07/02/2009. Todo cuanto en él se expresa corresponde a los primeros balbuceos del proyecto literario La Montaña Azul y, por tanto, no tiene por qué corresponderse con el resultado final del mismo.

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El naixement d'una colòniaAyer tuve ocasión de leer los dos primeros capítulos de la obra de Josep Torró titulada: “El naixement d'una colònia: dominació i resistència a la frontera valenciana (1238-1276)”. He dejado para más adelante la lectura y el análisis de los otros dos, que tratan aspectos de las sociedades colonizadas y colonizadoras, como el autor gusta llamarlas. Es precisamente esta puntualización a la hora de llamar a las cosas por su nombre lo que más me ha gustado. Torró plantea una reestructuración del léxico con el fin de adecuarlo a una realidad que él declara desde un principio, al enfrentar los conceptos que denomina idealistas (repoblación, cruzada, mudéjar, tolerancia…) emanados, fundamentalmente, de la visión sacralizadora de la obra de Robert I. Burns, con otros que él entiende más realistas o, al menos, más asépticos (colonización, conquista, andalusí, segregación…), derivados de la línea investigadora de Pierre Guichard. No sólo comparto las tesis que plantea Torró de unas relaciones sociales convulsas basadas en el trato discriminatorio y vejatorio que los vencedores dispensan siempre a los sometidos, sino que éstas, además, me vienen como anillo al dedo. A poco que se estudien los documentos que nos han llegado de la época (Llibre dels Fets y, fundamentalmente, el Llibre del Repartiment y los documentos del rey registrados en el Archivo de la Corona de Aragón) se puede deducir que los motivos que movieron a la conquista del reino de Valencia fueron económicos, de expansión territorial, aunque, evidentemente, el pretexto elegido para justificarla fuera de índole religiosa, de cruzada.

En el primer capítulo, titulado: “la conquesta interminable”, Torró analiza las capacidades militares de ambos bandos, el armamento y las estrategias que empleaban con el fin de conseguir sus objetivos, debidamente condimentado con la aportación de numerosos ejemplos y referencias bibliográficas. Repasa también los hechos más destacables acontecidos durante los años que duró la conquista, prestando especial atención, cómo no, a la fabulosa resistencia que presentó al-Azraq en su zona de influencia. Expone las particularidades de las sociedades feudal y andalusí, concluyendo que las diferencias bélicas entre ambos contendientes, además de técnicas, tenían una importante componente social. Finalmente, considera el proceso de colonización como un arma intimidatoria que se mostró eficaz en la consolidación de los terrenos conquistados y, por ende, en la determinación del destino final de la población indígena: expulsión, esclavitud, desarraigo, sometimiento...

Especial atención merece la parte que trata de la resistencia ofrecida por al-Azraq, dado que la analiza con tal erudición y ofrece tantos datos que me parece fundamental tratar de reconstruir cronológica y geográficamente los hechos que allí se exponen como base de partida para el posterior planteamiento de mis hipótesis de trabajo. Así, a la lectura analítica realizada, seguirá otra con la finalidad de reconstruir los hechos en los lugares y en las fechas en que acontecieron, profundizando en la bibliografía ofrecida cuando necesite una mayor concreción.

Por otra parte, me complacen dos cuestiones: los datos que demuestran que los cristianos incumplieron numerosos de los acuerdos alcanzados y que, al menos, equiparan al rey Jaime con al-Azraq en su condición de traidor, y el hecho de coincidir con Torró en la sospecha de que, con la firma del tratado del Pouet, al-Azraq trataba de ganar tiempo, dado que el moro sabía perfectamente que las técnicas de combate cristianas no servían en aquellos territorios y que podía plantarles cara con muchas posibilidades de éxito. Esto, evidentemente, se confirmó a posteriori, cuando al-Azraq mostró su astucia, diplomacia y beligerancia durante el periodo de resistencia.

CantigaEn el capítulo segundo, titulado: “ad lucrandum contra sarracenos”, Torró habla de las cabalgadas cristianas, cuya finalidad, además de tomar el botín, era la captura de sarracenos y su posterior venta como esclavos. Esta forma de violencia y los continuos fenómenos de intimidación provocó la dispersión de la población andalusí, que de esta manera perdieron su patrimonio y se convirtieron en exáricos. Habla también de las expulsiones masivas de indígenas, del fenómeno de la conversión al cristianismo como medio para evitar la esclavitud y mantener sus bienes, y de la persecución y segregación social que sufrió la población musulmana. No es de extrañar, pues, que Torró se empeñe en reconducir el léxico que emplean los historiadores a la hora de contar este periodo de la Historia: ni cruzada, ni sociedad en simbiosis, sino conquista y xenofobia, aspectos que, por otra parte, resultan lógicos en un contexto de guerra. Estoy completamente de acuerdo con las tesis de Torró y me adhiero a cada una de sus reivindicaciones.

Por último, cabe decir que la lectura de este libro confirma la existencia de dos corrientes diferentes a la hora de interpretar este pequeño periodo de la Historia, por lo que ya sé que mi versión de los hechos contará, al menos, con un nutrido grupo de historiadores críticos. Espero contar con aliados en el otro bando... Seguiré los consejos de Torró e intentaré rescatar todo lo que Burns tiene de aprovechable, que no es poco.

Definitivamente, me alío con los moros…
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16/12/2013 – Foto-blog (318): Al-Azraq, in memoriam (II)

I estant nós a Xativa, tinguèrem notícia d’aquells cavallers genets que havien entrat a la terra, i decidírem de trametre-hi uns quaranta homes a cavall per reforçar la vila d’Alcoi, i de posar guarnició al castell de Cocentaina, per on aquells genets havien de passar. I, quan uns dos-cents cinquanta cavallers d’aquells genets arribaren a Alcoi per combatre, en la lluita sofriren gran dany, i, a més, hi perderen el seu cap, anomenat al-Azrac, que ja una altra vegada s’havia alçat amb alguns castells del dit regne, els quals hagué d’abandonar, i li calgué eixir de tot el país per sempre més. I, després, els damunt dits quaranta homes a cavall, sense posar-se d’acord els uns amb els altres, anaren a perseguir els mencionats genets, i caigueren en l’emboscada que aquests havien parat, i la major part d’aquells cristians foren morts o presos.

Crònica de Jaume I (Cap. 556)

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318 - In memoriam al-Azraq (II)

Título / Localización

In memoriam al-Azraq / Barranc de la Batalla (Alcoi)

Fecha / hora de la toma

02/12/2013 / 12:27 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5 USM

Tiempo de exposición

1/160 sg

Diafragma

F 8.0

ISO

100

Distancia focal

17 mm


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Enlace relacionado:
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13/12/2013 – Balbuceos (01): Acerca de la documentación escrita

Post publicado en el blog privado Las noches de Perputxent (diario de una leyenda) el 23/01/2009. Todo cuanto en él se expresa corresponde a los primeros balbuceos del proyecto literario La Montaña Azul y, por tanto, no tiene por qué corresponderse con el resultado final del mismo.

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El género de la novela histórica, si trata con rigor los acontecimientos que dan pie y/o determinan la acción, combina las particularidades de un trabajo de divulgación/investigación con la labor, siempre complicada, de tramar una ficción. En mi opinión, cualquier intento de novelar sin atender a la realidad de los hechos históricos y al contexto en que estos se produjeron, aunque alcance el éxito editorial, constituye un fraude. La novela histórica por tanto, además de entretener, debe educar. Así, el primer paso que debe darse en este sentido es documentar con rigor los acontecimientos que se pretenden novelar.

A día de hoy, Internet resulta una herramienta fundamental a la hora de obtener información; sin embargo, no debe uno dejarse arrastrar por la pereza y la credulidad, y a una conveniente elección de las fuentes de información debe siempre acompañarle el consabido contraste sobre el papel y, también, sobre el terreno. Leer y patear; oler, ver, tocar, escuchar: sentir.

Una vez reconocidas las fuentes que ofrecen confianza, uno puede probar a saciar su sed. Despacio, saboreando cada matiz, intentando encajarlo, sin forzar, en la trama.

bibliotecaDe toda la información que he conseguido recopilar hasta la fecha, la que ofrece mayor nivel de confianza en cuanto a la veracidad de los hechos que recoge son los tratados de paz (de Almizra y del Pouet) y los libros venidos del tiempo y lugar donde realmente sucedieron los hechos (Llibre dels Fets, Kitab Tarih Mayurca, Llibre del Repartiment del Regne de València y Furs de València). Allí se muestran los actores, sus nombres, sus necesidades, sus costumbres. El resto de la documentación (incluidas la mayoría de las crónicas) responde a una trascripción y/o interpretación de los acontecimientos que, en alguno de sus aspectos, podría no ajustarse a la realidad. No obstante, la formación y el prestigio de quienes la suscriben ofrece, cuanto menos, la seguridad de un trabajo riguroso y, por tanto, la tranquilidad de saber que, aunque puedan equivocarse en algún matiz o hipótesis, sus conocimientos en la materia superan holgadamente los que un servidor se ha procurado a golpe de entusiasmo y, en consecuencia, lo que a ellos les pasó de largo, de largo pasará también al lector.

Así pues, no es mi cometido elucubrar más allá de aquellas materias que se necesitan para urdir con cierto fundamento la historia que se pretende contar, sino tratar de encajar una ficción en el contexto de unos hechos históricos sin que los eruditos le tengan que llamar a uno la atención. No se trata de teorizar sobre el posible emplazamiento del castillo de Benicadell, sino de imaginar con fundamento, si se tercia, lo que desde él se alcanzaba a ver. La línea que separa la realidad de la ficción debe trazarse de modo que en cada momento uno sepa en qué lado de la divisoria se encuentra, sólo de ese modo la nave mantendrá siempre su rumbo.

Afortunadamente, de la época y el lugar que pretendo novelar, aunque muy escasa, ha llegado la suficiente información como para hacerse una composición de fechas y de lugar. Esto ofrece un generoso margen para la ficción.

Esta es la documentación escrita que a día de hoy obra en mi poder (ver bibliografía). Aunque a buen seguro que más adelante necesitaré profundizar en alguna materia concreta, la atenta lectura de estos documentos me proporcionará una visión general de lo que necesito. A la vez que la estudio, iré contrastándola sobre el terreno, no sólo para verificar algún aspecto de interés, sino, fundamentalmente, para tratar de experimentar las emociones que, más tarde, habrán de volcarse sobre el papel.

11/12/2013 – La vista atrás, la mente al frente

Normalmente, cuando uno cree haber llegado al final de un proyecto le gusta echar la vista atrás por recordar las vicisitudes que vivió en el camino. Así me ha ocurrido hoy cuando, después de tres años sin hacerlo, he vuelto a abrir el blog privado Las noches de Perputxent (diario de una leyenda), antecesor de este. El blog Las noches de Perputxent nació el 2 de enero de 2009 con la intención de que funcionase como libreta de campo digital donde volcar toda la información que recabara acerca de la leyenda de la Encantada: la que estaba llamada a ser mi segunda novela.

Recuerdo que por aquel entonces acababa de corregir El llanto del petirrojo, mi primera obra, y que lo último que me apetecía era meterme a escribir otra. Sí, escribir una novela es una tarea muy exigente, que requiere de mucha constancia y dedicación. Sin embargo, la escritura engancha, de modo que decidí escribir algo más liviano como una narración breve para matar el gusanillo. Dicho y hecho. La leyenda de la Encantada me pareció un buen tema: conocía bien la geografía y me apetecía indagar en la cuestión. Pronto me puse con ello, y al poco de tirar del hilo del asunto, el visir al-Azraq emergió de la noche de los tiempos y me llevó a su terreno. Así fue cómo el breve cuento que tenía que escribir derivó en La Montaña Azul, una crónica histórica que se ha llevado cinco años de mi vida.

Ahora que el proyecto literario de La Montaña Azul ha concluido, volver la vista atrás ha supuesto rememorar aquellos primeros pasos, inciertos pero decididos, cuando buscaba a mis personajes en la oscuridad de la noche, casi a tientas. Muy poco de aquellos primerísimos pasos ha trascendido de aquel blog privado a este público; sin embargo, eso va a cambiar. En sucesivas entradas iré publicando aquellos primeros balbuceos literarios, cuando nada sabía de mi narrador, ni de los personajes, ni de fotografía, ni de la montaña de problemas que se venía encima; de ese modo, los futuros lectores de La Montaña Azul podrán conocer de primera mano cómo se gestó la crónica del visir al-Azraq.

La bella Amira

Cuando un proyecto literario termina, otro comienza a andar. Será la misma época, el mismo escenario, pero una historia totalmente diferente, donde la bella Amira está llamada a ser la protagonista.

09/12/2013 – Foto-blog (317): El águila cervívora

—¡Mira papá, un águila!
—Sí, hija, atacando a un cervatillo…

317 - El águila cervívora

Título

El águila cervívora

Fecha / hora de la toma

02/11/2013 / 18:17 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Tamron SP AF 17-50/2.8 XR Di II

Tiempo de exposición

1/60 sg

Diafragma

F 8.0

ISO

200

Distancia focal

36 mm

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06/12/2013 – Foto-blog (316): Benicadell, sempre Benicadell

Res, res escapa a la Providència, i l'esvelta figura de Benicadell que antany emergia del paisatge per encaminar els nostres passos en la llunyania, esdevingué un far sense llum, estèril, l'ombra d'un amarg record que arrossegava encadenat al nostres turmells.

Al-Azraq, el Blau. Crònica de la conquesta de La Muntanya
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316 - Benicadell, sempre Benicadell

Título / Localización

Benicadell, sempre Benicadell / Serra de l’Albureca (Beniarrés)

Fecha / hora de la toma

28/05/2013 / 16:41 h

Cámara

Canon EOS 60D

Objetivo

Tamron SP AF 17-50/2.8 XR Di II

Tiempo de exposición

1/60 sg

Diafragma

F 8.0

ISO

100

Distancia focal

30 mm

Observaciones

Filtro Hitech ND 0.9 Grad Soft
Formato 1:2

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04/12/2013 – Al-Azraq, el Blau. Crònica de la conquesta de La Muntanya

Era una espineta que tenia clavada al cor i que per fi he pogut arrancar. Ací està el Blau, la crònica d’aquell que estimà La Muntanya com mai l’ha estimada ningú.

Al-Azraq, el Blau

Sols hi ha un problema: hauràs d’esperar fins el mes d’abril per a poder-la llegir.
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