29/06/2011 – Exposición fotográfica

Con motivo de la próxima edición de la Fira de Beniarrés que tendrá lugar este fin de semana, he cedido al Ayuntamiento un extracto de fotografías de la colección “Las lunas de Perputxent”. Serán 20 imágenes de lugares tan emblemáticos como la desembocadura del barranc de l’Encantà, la poza del Gorg del Salt, la atalaya de al-Marîyâyn, el castillo de Perputxent, el barranc de l’Infern, la Cova dels Nou Forats, los despoblados moriscos de Benillup y al-Kanesiyya y las sierras de la Albureca y Benicadell: un recorrido por territorios donde la Historia, el paisaje y la leyenda caminan de la mano.

Os dejo con “Aromas de pebrella”, una de las imágenes que podrán contemplarse durante la exposición. Las fotografías se montarán con un tamaño de 60x40 cm, unas dimensiones holgadas que permiten observar aquellos detalles que pasan desapercibidos en el blog, e irán acompañadas de un texto con algunos datos acerca de la toma y del enclave.

Aromas de pebrella

Las fotografías se expondrán en la primera planta del Centre Cultural Joan Fuster y podrán visitarse los días 1, 2 y 3 de julio. Estáis todos invitados. 

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27/06/2011 - La fotografía de paisaje: filtros vs horquillado

La diferencia de luminosidad entre el cielo y los motivos terrestres es un problema muy habitual que debemos resolver cuando fotografiamos un paisaje, sobre todo cuando el sol no se encuentra a nuestra espalda. Si medimos y exponemos para que las nubes tengan una textura real, la zona inferior quedará sensiblemente oscura o incluso empastada. Y al contrario, si medimos y exponemos para que la parte terrestre conserve un buen detalle, el cielo quedará lavado o se quemará en buena parte. Optar por una exposición intermedia quizá sea peor, porque las más de las veces ni las nubes ni la tierra reflejarán su aspecto real. Afortunadamente, disponemos de técnicas para afrontar este contratiempo: las que lo solventan in situ mediante el empleo de filtros degradados de densidad neutra, y las que lo hacen a posteriori, durante el post-proceso.

Barranc de l'Encantà (filtro degradado ND)

Filtro degradado de densidad neutra 0.9

Barranc de l'Encantà (HDR)

Horquillado de la exposición

La fotografía de la izquierda se tomó calando un filtro degradado de densidad neutra de tres pasos con el fin de equilibrar los contrastes de la escena sin afectar al color. El filtro permitió rebajar las altas luces presentes en las nubes, de modo que éstas no se quemaron al exponer para la zona inferior, donde el efecto del filtro no llegó a actuar. Esto permitió derechear el  histograma y, por tanto, obtener más información, aunque, como se verá, se llegó a una solución de compromiso que no resultó del todo satisfactoria.

Por contra, la imagen de la derecha se consiguió mediante el post-procesado de tres fotografías correlativas obtenidas mediante el horquillado de la exposición en ±4/3EV con el fin de abarcar todo el rango dinámico presente en la escena. En la toma sobreexpuesta las altas luces estaban totalmente quemadas, pero presentaba un buen detalle en las sombras que evitará la aparición de ruido en estas zonas durante el post-proceso; en la subexpuesta, las sombras estaban empastadas, sin detalle, pero ofrecía un cielo con la textura real; la intermedia presentaba unos medios tonos bastante acordes con la realidad, aunque las altas luces continuaban quemadas en buena parte. Tras el post-proceso, la imagen final sumó lo mejor de cada toma individual.

Barranc de l'Encantà (EV 1.33)EV +1.33 Barranc de l'Encantà (EV 0.0)EV +0.0 Barranc de l'Encantà (EV-1.33)EV –1.33

Ventajas e inconvenientes de la fotografía de paisaje con filtro degradado de densidad neutra

Varias y muy valiosas son las ventajas que presenta fotografiar un paisaje con un filtro degradado de densidad neutra. La más importante es que muchas veces resuelve nuestro problema durante el momento de la toma. De esta ventaja emana otra igualmente importante: si la tomamos adecuadamente, los ajustes de revelado serán casi inmediatos, ahorrándonos mucho tiempo delante del ordenador. Asimismo, el empleo de los filtros nos reportará mayores satisfacciones como fotógrafos pues obliga a resolver en campo, sobre la marcha, aspecto que a medio plazo redundará en nuestra mejor percepción del medio, creatividad y evolución.

El mayor inconveniente lo encontraremos en aquellas tomas donde la línea divisoria de contrastes no sea sensiblemente horizontal o rectilínea. Los filtros funcionan especialmente bien en paisajes marinos donde la línea de horizonte permite calarlos y/o moverlos con excelentes resultados. Sin embargo, los resultados dejan mucho que desear en aquellos casos donde las montañas -o cualquier motivo que se recorte contra las altas luces- presenten quiebros acusados. En estos casos, el efecto del filtro se dejará notar en zonas de la escena con una menor luminosidad, oscureciendo partes de la imagen que estaban bien expuestas, o lo que puede ser peor, no actuando en toda su intensidad en zonas de altas luces cuya luminosidad se desea reducir. Un buen ejemplo de esto podemos encontrarlo en la primera imagen que acompaña esta entrada, donde la zona comprendida entre el tercio intermedio y el superior presenta poca textura en las nubes y un notable oscurecimiento en la zona superior de las montañas que hace evidente el empleo del filtro. En este caso, tampoco se pudo exponer correctamente la zona inferior pues se llegó a una decisión de compromiso entre calar más el filtro para exponer convenientemente esta zona o no calarlo tanto para no oscurecer aún más algunas zonas de la parte superior.

Ventajas e inconvenientes de la fotografía de paisaje mediante el horquillado de la exposición

La principal ventaja de fotografiar un paisaje horquillando la exposición es, precisamente, que resulta una técnica apropiada en aquellos casos donde el empleo de un filtro no resulta recomendable. Buena parte de mis fotos diurnas las tomo mediante esta técnica precisamente porque vivo rodeado de montañas donde los filtros no siempre cumplen bien su cometido. Y ya me fastidia que así sea porque cada jornada fotográfica supone otra maratoniana jornada de post-proceso frente al ordenador. No obstante, y en aras de romper una lanza en favor del horquillado de la exposición diré que en mi caso la necesidad por conseguir unos resultados lo más verosímiles posibles me ha obligado a desarrollar un método y seguir un protocolo donde la percepción del medio juega su papel.

El horquillado de la exposición posee escasa reputación entre aquellos fotógrafos que defienden posturas más puristas; y no me extraña, porque la red está atestada de fotografías de alto rango dinámico que dejan mucho que desear. Confiar nuestras fotos al automatismo de un software es una opción cuanto menos arriesgada. Conviene controlar muy bien cómo procesan las imágenes este tipo de programas y en ningún caso hay que desechar la posibilidad de emplear otras opciones menos automatizadas, que las hay. También podría resultar interesante valorar la posibilidad de adquirir una cámara de la gama profesional; de ese modo conseguiríamos aumentar el rango dinámico de nuestras fotos aunque fuera a expensas de disminuir los dígitos de nuestra cuenta corriente.

Cuando el contraste resulta muy acusado (p.e. un paisaje desde el interior de una cueva), el horquillado de la exposición es la única técnica que nos permite resolver la toma. Muy posiblemente, en estos casos extremos el horquillado tendrá que efectuarse de modo manual, pues el modo automático que podemos programar en nuestra cámara no abarcará todo el rango dinámico presente en la escena.

160 - La ventana del Diablo

Su principal inconveniente es el consumo de tiempo y recursos que requiere el post-procesado y las incoherencias en las que podemos incurrir si no procedemos bien durante el momento de la toma y/o durante el post-proceso (cielos en exceso dramáticos, vegetación trepidada por el viento, colores desvirtuados, ruido…). Otra desventaja importante es que resulta muy complicado obtener una serie válida cuando algunos motivos presentes en la escena no están estáticos. En días ventosos resulta imposible practicar esta técnica con total libertad, a no ser que fotografiemos grandes paisajes con un gran angular y ausencia de primeros planos expuestos al viento.

Protocolo de actuación para el horquillado

El mejor resultado será aquel que ofrezca una visión lo más real posible de la escena en el momento de la toma. Para conseguirlo, resulta fundamental estudiar las condiciones lumínicas que disponemos en campo. Una correcta medición de luz en el tono más claro y más oscuro de la escena nos proporcionará un dato fundamental: el rango dinámico de la escena. Horquillar un valor fijo amplio sin más (p.e. EV±2, este dato se recomienda en el manual de algunos softwares) puede resultar rápido e incluso útil para reducir el ruido en las zonas oscuras, pero casi nunca nos permitirá obtener resultados fiables. La toma subexpuesta debe recoger el azul del cielo y la luz y la textura presente en las nubes lo más fidedignamente posible; la toma intermedia debe reflejar los tonos medios reales del motivo terrestre; la toma sobreexpuesta, en mi caso, la suelo fijar en función de la diferencia de pasos entre las dos anteriores y el rango dinámico presente en la escena, a veces programando el horquillado directamente desde la cámara, a veces fijándolo de manera individual.

Este es el protocolo que sigo cuando me enfrento a un paisaje con elevado contraste donde el empleo de un filtro no resuelve satisfactoriamente la toma.

  1. Resulta obvio decir que antes de salir al campo consulto la previsión meteorológica y que, en función de ésta, descarto alguna localización. Los días nublados e incluso lluviosos, resultan muy apropiados para practicar esta técnica en ausencia o escasez de viento. Si el viento sopla fuerte es mejor emplear otra técnica o buscar otros encuadres donde la acción del viento no afecte la estabilidad de los elementos presentes en la escena, a no ser que montemos un filtro de densidad neutra que alargue notablemente nuestro tiempo de exposición y nos permita recoger el movimiento de los elementos. Una vegetación agitada por el viento ofrece un dinamismo que puede favorecer nuestra composición: si el viento sopla, que sea evidente su acción!!!. Una buena recomendación es que cuando lleguemos al campo valoremos las condiciones atmosféricas y nos aliemos con ellas.
  2. Una vez resueltos los aspectos compositivos de la fotografía, resulta imprescindible realizar una medición puntual de luces en el tono más claro y más oscuro presentes en la escena para conocer el rango dinámico real. Conociendo esto, podremos valorar si necesitamos horquillar y, en su caso, si programamos un horquillado fijo en la cámara o si por contra realizamos la serie mediante exposiciones individuales.
  3. Nivelar la cámara sobre el trípode y conectar el cable disparador.
  4. Ajustes de la cámara: emplear un ISO lo más bajo posible para reducir al máximo el ruido; ajustar la apertura del diafragma en función de la distancia focal y los valores óptimos de rendimiento de la óptica para una mayor nitidez (utilizar lo más cerrado posible dentro del intervalo de rendimiento óptimo de la óptica ayudará a reducir posibles aberraciones cromáticas en las zonas de alto contraste)
  5. Fijar el WB en función de la luz presente en la escena: preferible un ajuste manual al programado; nunca automático. Disparar en formato RAW.
  6. Si decidimos programar el horquillado desde la cámara, tendremos que activar el modo de disparo en ráfaga para que las condiciones de luz y posición de los elementos presentes en las tomas sean idénticos. En presencia de viento suave y racheado, esta opción puede ser determinante.
  7. Tomar cuantas series sean necesarias hasta conseguir que el resultado se ajuste al máximo a la realidad. Tener en cuenta que los ajustes de previsualización en el display de la cámara pueden desvirtuar el tono de los colores, su saturación, el contraste…
  8. Cuando hayamos obtenido una serie que nos satisfaga, conectar el LiveWiev de la cámara (o activar el bloqueo del espejo) y repetirla, de ese modo evitaremos trepidaciones innecesarias, sobre todo si incluimos un primer plano o trabajamos con una focal larga. 

Respecto del post-proceso sólo comentar que existen varios programas y métodos que pueden ofrecernos buenos resultados. Estos dependerán en buena medida de dos factores: de la calidad de las tomas en origen, y del grado de conocimiento de los ajustes que intervienen durante el revelado y post-proceso de las imágenes. Un excelente trabajo de campo puede quedar deslucido si no gestionamos bien el tratamiento posterior de las imágenes.

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22/06/2011 - Foto-blog (009): El modelo

El peral de Benillup fue modelo donde experimenté con los geles y la temperatura de color durante buena parte del invierno. Ahora, el follaje le confiere un aspecto menos atractivo, pero a buen seguro que regresaré a él cuando vuelva a quedar desnudo.

El modelo (cálida)

Título / Localización

El modelo / Benillup de Perputxent (Beniarrés)

Fecha / hora de la toma

16/03/2011 / 21:27h

Cámara

Canon EOS 50D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5

Tiempo de exposición

181 sg

Diafragma

F 5.6

ISO

200

Distancia focal

17 mm

Tipología

Fotografía de larga exposición (nocturna)

Observaciones

Temperatura de color: 6800K
Linterna fría filtrada con CTB 1/4

Funda protectora contra la lluvia
Luna al 81% de luminosidad (cielo completamente cubierto)
Lluvia fina y persistente. Ausencia total de viento

Comentarios

El modelo (fría)

Sólo se iluminó el primer plano, cuidando que las gotas de lluvia sobre la hierba no se quemaran con la luz de la linterna. Se encuadró de modo que el motivo principal se recortara contra el cielo sin aporte de iluminación con el fin de dejarlo a contraluz. Esta toma formó parte de otras muchas con encuadres similares pero con diferentes esquemas de iluminación y/o configuraciones de la cámara.
El peral queda algo encajonado: una focal más amplia o un encuadre en horizontal le habría venido mejor.
La noche era fresquita, de modo que hubiera podido disparar a ISO 400 y haber cerrado el diafragma a F 8.0 para
conseguir un mejor rendimiento óptico del objetivo.

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20/06/2011 – Foto-blog (008): Catalina, diamantina

El pasado miércoles hubo eclipse de luna y no me lo quise perder. Sabía que el plenilunio de junio asomaba por detrás del algarrobo que corona uno de los megalitos de l’Encantà, de modo que me dirigí al paraje con la intención de fotografiar el eclipse con un paisaje enriscado en primer plano. Sabía también que resultaría muy complicado lograr una foto del eclipse con un mínimo de calidad, pues para conseguir detener la luna con un teleobjetivo (300mm), y obtener un mínimo de detalle, el tiempo de exposición no puede sobrepasar 1 segundo. Asimismo, para conseguir que la luna eclipsada estuviera bien expuesta debía compensar la mengua de luminosidad elevando la sensibilidad (ISO 800 y f:5.6, o una combinación equivalente según la ley de la reciprocidad), con el consiguiente aumento del ruido cromático y lumínico. No, no sería fácil.

Aún con un ISO 800, pronto comprendí que con un tiempo de exposición tan exiguo la única posibilidad de obtener un resultado medio decente pasaba por tener un poco de suerte y que la luna apuntase justo por detrás del algarrobo, de manera que éste quedara a contraluz; el resto de la foto quedaría apenas sin exposición, pero si lograba captar ese instante todo habría valido la pena. Sí, si la luna amanecía eclipsada tras el algarrobo de l’Encantà el momento sería sublime, aunque con un 300mm la luna apenas llenaría un 10% del plano de la foto y no me quedaría otra que recortar y reencuadrar buena parte de la imagen durante el post-proceso.

_MG_1362-1Llegué al lugar una hora antes de que luna apuntase por el Mediterráneo y situé el trípode en el mismo emplazamiento donde tres años atrás me estrené con la fotografía nocturna. Iba a ser la primera vez que tomase una foto nocturna con un teleobjetivo, así que realicé alguna prueba para testar el enfoque, el comportamiento del objetivo y las condiciones de luz ambiental. Una cosa saqué en claro con las pruebas: con una focal tan larga, la más mínima brisa trepidaría la foto y, para evitarlo, tenía que bloquear el espejo justo antes del disparo. Realizadas las pruebas pertinentes, ajusté los parámetros según 1 segundo de exposición, ISO 1600 y f:8.0, dado que el teleobjetivo que monté en la cámara ofrece un mejor rendimiento óptico con un diafragma más cerrado que, por contra, me obligaba a subir el ISO. Con todos los parámetros ajustados, marché monte arriba para encontrarme con Catalina. Tuve que esperarla un buen rato –así de coquetas son las mujeres-, pero cuando asomó sobre la sierra de la Albureca me deslumbró su hermosura. Venía vestida de púrpura, oscura, con una gema engastada en un collar de plata, un diamante  que conforme pasaba el tiempo refulgía con mayor intensidad: el eclipse se desvanecía. Tomé a Catalina de la mano y la acompañé ladera abajo, de modo que todo cuanto ella ascendía en el cielo lo compensaba yo en mi terrenal descenso. Antes de llegar adonde había situado el trípode ya sabía que la suerte no me iba a acompañar, así que tomé el equipo y corrí camino abajo para situarme en un emplazamiento alternativo que tenía controlado por si fallaba el primero. Ni por esas; la luna clareaba por encima del monolito y me era imposible descender a otro lugar sin perder por completo la perspectiva: tenía que arreglármelas en aquella localización. Abrí el plano y reencuadré la escena según el plan B: dejaría dos riscos a contraluz y sacrificaría el detalle lunar en aras de exponer correctamente el cielo. Catalina volvió a asomar. Apareció desnuda, alba, y yo la dejé correr en el firmamento aguardando el momento triangular, de fuerza, que me pedía la composición: Catalina, la noche y yo. Desprendida ya de su purpúrea vestimenta, su collar resplandecía con el fulgor del diamante y, al deslumbrarme, no me quedó otra que cerrar más el diafragma por recoger su destello en la imagen.

Catalina, diamantina

Título / Motivo

Catalina, diamantina / Barranc de l’Encantà (Beniarrés)

Fecha / hora de la toma

15/06/2011 / 23:51h

Cámara

Canon EOS 550D

Objetivo

Sigma AF 70-300/4.0-5.6 DG APO Macro

Tiempo de exposición

9 sg

Diafragma

F 10.0

ISO

800

Distancia focal

86 mm

Tipología

Fotografía nocturna

Observaciones

Temperatura de color 3200K

Comentarios

A destacar el enfoque conseguido en la vegetación a contraluz sobre el perfil de la montaña. Especialmente satisfecho con la capacidad de reacción e improvisación y el resultado obtenido con una toma que era alternativa.
A mejorar: aunque el ruido presente en la toma se ha conseguido minimizar durante el post-proceso sin afectar el enfoque, debí activar la opción de reducción de ruido cromático y lumínico de la cámara en vez de dejarlo en automático. Asimismo, sabiendo que la toma se realizaría con un ISO elevado, debí llevar una neverita con un poco de hielo para enfriar unas cervecitas y, de paso, refrigerar la zona del sensor justo antes de la toma definitiva: un truco a tener en cuenta durante el verano.

Cuando observé la foto en el display de la cámara, los versos de Miquelet d’Elena percutieron en mi memoria por traerme la oda que el poeta de Planes dedicó a la leyenda de la mora Encantada:

«Segons el conte relata, i la veritat pot ser,
una dona molt guapa li aparegué a un llenyater.
Li ensenyà un collar de plata, amb diamants i rubís:
"¿què és el que vols, la joia, o t'estimes més a mi?" (…)»

Si la mora fuera luna, y yo, leñador, elegiría a Catalina: la diamantina.

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16/06/2011 - Foto-blog (007): Al-jūbb

El castillo de Perputxent conserva un generoso aljibe (del árabe clásico al-jūbb) en la parte baja de su recinto murado. Del brocal sólo queda el hueco que daba acceso al agua, sin embargo, la cisterna se encuentra en muy buen estado: sus paredes mantienen el enlucido original e incluso en su bóveda se distingue esa coloración rojiza tan característica en otros aljibes de la zona y que, supongo, se debe al empleo de algún producto impermeabilizante.

El interior estaba oscuro, pero no pude reprimir la curiosidad de explorar tan fabulosa construcción. En cuanto accedí, pasé mis manos por las paredes y consentí que me hablaran de otros tiempos, cuando Perputxent pertenecía al Sharq al-Ándalus. Ciertamente, el lugar tenía su misterio y, poco a poco, la llamada de la oscuridad me fue llevando hacia la pared del fondo… hasta que algo crujió bajo mis pies.

Aquelarre en el al-jubb

Título / Motivo

Al-jūbb / Castillo de Perputxent (l’Orxa)

Fecha / hora de la toma

02/02/2011 / 17:18h

Cámara

Canon EOS 50D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5

Tiempo de exposición

3 tomas de 1/4/20 sg

Diafragma

F 8.0

ISO

100

Distancia focal

12 mm

Tipología

Fotografía de larga exposición y alto rango dinámico

Observaciones

Trípode y cable disparador
Balance de blancos: 5100K

Toque de linterna fría sobre los huesos
(filtrado con gel 1/4 CTO)

Comentarios

A destacar el ambiente y las texturas que crea la luz del
ocaso y el verdor del musgo sobre las paredes del aljibe.
La toma se habría podido mejorar de haber alejado un
poco el haz de luz de la linterna respecto
del borde
inferior de la foto; también, si el cráneo del animal (posiblemente un jabalí) hubiera estado presente.
 

Al principio, aquel cúmulo de huesos dispuestos en círculo me sobresaltó; después, cuando lo hube analizado, supe que tenía ante mí la oportunidad de tomar una magnífica foto. Disponía del espacio justo para montar el trípode y situar el osario a contraluz, y eso fue lo que hice. La luz que entraba en el aljibe era una luz mortecina, de ocaso, pero era precisamente esa luz tan dramática la que confería tenebrosidad a la escena. La encuadré en vertical, de modo que la perspectiva jugara su papel y el círculo de huesos tuviera su protagonismo. Luego, probé varios tiempos de exposición hasta captar el grado de luminosidad exacto que tenía la escena en el primer plano: 20 segundos. Repetí la toma proporcionando un ligero golpe de luz vertical sobre el osario (linterna fría filtrada con gel 1/4 CTO), cuidándome de no matar las texturas que ofrecían las sombras del contraluz. El contraste de luces con la pared del fondo era muy acusado, así que tomé dos fotos más con la finalidad de recoger toda la gama lumínica existente en la escena y así poderla recuperar durante el post-proceso.

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14/06/2011 - Corralets de l’Encantà: un enclave excepcional

Un total de cuatro covachuelas se ocultan entre la maleza a los pies del farallón rocoso de l’Alt de Senabre, en un lugar donde la vista abarca buena parte de la fértil vega de Perputxent. Cuentan que fue escondrijo durante la guerra civil, y no sería de extrañar que en otras épocas de fuerte agitación social sirvieran de refugio donde pasar desapercibido. Sea como fuere, el único uso que resulta evidente hoy en día es el de corral de ganado, pues aún quedan en pie buena parte de los muros que con este fin se levantaron. Seguramente, este uso no sea exclusivo de épocas recientes, sino que esa misma utilidad se diera en tiempos de al-Ándalus e incluso en épocas anteriores.

Recientemente, los corrales han sido lugar de ceremonia y plató de una importante producción cinematográfica; ahora, forman parte de la Microrreserva de Flora del Alt de Senabre, constituyendo el hábitat natural de especies botánicas singulares y madriguera de inofensivos murciélagos que aguardan bocabajo la llegada del ocaso. Pero los corrales de l’Encantà han sido mucho más que un mero refugio de fugitivos, rebaños y especies endémicas.

Corral de baix

En el marco de actuación del proyecto "Land Use Dynamics in the Western Mediterranean: A regional Approach to the Transition to Domestication Economies" (2000-01), un equipo multidisciplinar de antropólogos y arqueólogos españoles y estadounidenses llevó a cabo un programa de intervención arqueológica en el área inmediata a los corrales de l’Encantà. La actuación contaba con los resultados de una prospección previa realizada por el equipo de excavación del yacimiento neolítico de la Cova de l'Or, donde se constató la fuerte presencia de materiales prehistóricos, principalmente líticos. Estos antecedentes, unidos al interés biogeográfico del lugar, con una diversidad de biotopos asociada a un área donde coincide el interés estratégico de su geografía -confluencia de dos barrancos, visibilidad de una amplia área de explotación-, la abundancia de agua y por consiguiente de los recursos asociados a este medio, e incluso la cercanía de importantes enclaves prehistóricos como sería el caso de la Cova de l'Or, confieren al lugar una especial atracción desde el punto de vista de la investigación arqueológica.

Corral de baix Corral de baix

Los materiales encontrados durante las prospecciones de 2001 aparecieron en el área situada entre los bancales próximos a los corrales y los restos de una antigua terraza excavada por el discurrir del barranc de l'Encantà. En uno de los casos, los materiales aparecían distribuidos por la superficie de un bancal de olivos cercano a la pared rocosa, cuya dispersión auguraba la alteración del depósito arqueológico, al menos en su parte superior. Igualmente factible resultaba la hipótesis de unos materiales situados en una posición secundaria, fruto por lo tanto del desmonte o desplazamiento natural de niveles cercanos, o incluso al amparo del farallón calizo. En el otro ejemplo, los restos fueron recuperados en un área que corresponde a una antigua terraza, actualmente de dimensiones muy reducidas, donde la densidad de materiales era especialmente importante. De este pequeño espacio, ubicado entre el barranco y la zona cultivada, procedían buena parte de los restos depositados en los fondos del Museu de Prehistòria de València encontrados por el equipo de excavación de la Cova de l'Or.

Corral d'enmig Corral d'enmig

Pequeña muestra de restos líticosMás de tres mil restos líticos fueron recuperados en el transcurso de los trabajos de campo: raederas, muescas, denticulados, puntas musterienses, raspadores, buriles, perforadores, truncaduras, láminas con borde abatido, puntas de dorso, taladros, puntas de flecha, lascas retocadas… Los materiales se asocian a un paraje que ofrece una extensa gama de recursos, que contempla tanto la explotación de especies animales, como el control de una zona de humedal que existía hasta no hace muchos años en la confluencia del barranc de l’Encantà i el río Alcoi o Serpis, si nos atenemos a las noticias orales.

Los trabajos llevados a cabo han proporcionado un conjunto de datos de especial relevancia que ponen de manifiesto la presencia de materiales que cubren una extensa cronología, que con los elementos actuales podría arrancar en algún momento del Paleolítico superior y aportaría igualmente objetos relacionados con el Epipaleolítico microlaminar (10.500–10.000) y el Mesolítico geométrico (7.700-7.000) además de incorporar materiales más recientes que podríamos situar entre el Neolítico (6.700-3.800) grosso modo y la Edad del Bronce (ca. 3.800).

Corral de d'alt

A modo de conclusión y a la vista de los resultados preliminares ofrecidos tras la intervención sistemática en el área, cabe señalar la notabilidad del conjunto lítico recuperado. A la riqueza de materiales y la amplitud cronológica abarcada, hay que sumar la aportación de elementos en relación con algunos de los períodos con una escasez de datos marcada en el área del estudio (Mesolítico geométrico). En definitiva, las intervenciones efectuadas hasta la fecha corroboran el interés arqueológico del lugar, que a falta de una identificación estratigráfica precisa, requiere de la puesta en práctica de nuevos trabajos capaces de aportar una información concluyente.

Corral de d'alt

Cada vez que visito el paraje de l’Encantà, el barranco me ofrece una cara diferente. No, el barranc de l’Encantà y su entorno nunca dejan de sorprenderme.

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BIBLIOGRAFÍA

  • Las ocupaciones prehistóricas del Barranc de l'Encantada (Beniarrés, Alacant). Un primer balance de la intervención arqueológica en el área a través del análisis del registro lítico, por Oreto García Puchol, C. Michael Barton, Joan Bernabeu Aubán y J. Emili Aura Tortosa. Recerques del Museu d’Alcoi, nº10. Alicante (2001)

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10/06/2011 - Foto-blog (006): Los dragones del Edén

El calendario cósmico es un artificio matemático que, en esencia, asimila la edad del Universo al periodo de un año. En esta escala de tiempo, el Big Bang ocurrió en la medianoche del 1 de enero y el Sistema Solar se comenzó a formar mediado septiembre. Los primeros estadios de vida sobre el planeta surgieron iniciado el otoño, pero el primer dinosaurio no se dejaría ver hasta el día de Navidad, y los primates hasta la víspera de Nochevieja. El Homo sapiens llegó diez minutos antes de las campanadas y la Humanidad no comenzó a escribir su historia hasta los últimos 20 segundos del año, con el carrillón del campanario anunciando los cuartos.

Quizá lo más impresionante de esta simplificación aritmética sea saber que, en el rango de esta extrapolación temporal universal, nacemos 15 centésimas de segundo antes de morir: nuestra vida no vale el aire que exhala un suspiro y, sin embargo, nos creemos el motivo de la Creación, el ombligo del Universo, el eje sobre el que gira el planeta.

Esta suerte de elucubraciones asoman en la soledad de la noche, mientras esperas que el temporizador finalice una serie circumpolar. El cálculo resulta sencillo si dispones de tiempo; basta saber que la edad del Universo se estima en ¡¡¡13.700 millones de años!!!

Esta fotografía es un homenaje a Carl Sagan, a Los dragones del Edén, la obra que metió éstos y otros pájaros en mi cabeza.

Los dragones del Edén

Título / Motivo

Los dragones del Edén / Barranc de l’Encantà (Beniarrés)

Fecha / hora de la toma

13/01/2011 / 00:55h

Cámara

Canon EOS 50D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5

Tiempo de exposición

2400 sg (40 tomas de 60 sg)

Diafragma

F 5.6

ISO

1600

Distancia focal

12 mm

Tipología

Fotomontaje de 40 fotografías de larga exposición (nocturnas)

Observaciones

Temperatura de color: 4200K
Luna al 46% de luminosidad

20 tomas dark de 60 sg para reducción de ruido
Serie montada con Startrails v1.1

Comentarios

006 - Los dragones del Edén

Reprocesada para levantar
sombras y añadir efecto
meteorito (11/06/2012)

La temperatura de color se fijó en 4200 K puesto que decidí tomarla al natural, tenebrosa, sin aporte artificial de luz. Esto propició que las estrellas tomaran protagonismo y conservaran sus tonalidades, que es una de las cualidades que destacaría de esta foto; el color de las estrellas también depende, y mucho, de su correcta exposición, porque si las sobreexponemos terminaremos por quemar su color.
Dada la baja temperatura ambiental, la fotografía se hubiera podido tomar de una sola tacada. Para conseguir la misma luminosidad y estelas que la foto montada por partes hubiera tenido que realizar los siguientes ajustes (según la ley de reciprocidad): ISO 100; f 4.5; 2400 sg.

La previsión meteorológica anunciaba una mínima de -2ºC, de modo que tomé el equipo fotográfico y marché al barranco de l’Encantà: mi Edén particular. El cielo estaba despejado, tan arrasado que estudié un encuadre junto al charco y me dispuse a tomar una circumpolar. La osa mayor me llevó al Norte, hasta la estrella polar, que situé en la prolongación de la rama desnuda de un salce; luego abrí la focal para abarcar el estanque y el túnel de vegetación por el que se accede al paraje. Después de accionar el temporizador me abandoné al cálculo y el Universo me mostró cuán lejano quedaba el día en que Dios separó la luz de las tinieblas.

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08/06/2011 – Foto-blog (005): Abril

Así de florido encontré el bancal donde tomo las series del proyecto time-lapse “Un año de l’Encantà”. La fotografía no corresponde con el encuadre exacto de las series, pero el momento invitaba a despatarrar el trípode y recoger un detalle del primaveral atuendo que l’Encantà lucía aquella tarde.

Abril

Título / Motivo

Abril / Barranc de l’Encantà (Beniarrés)

Fecha / hora de la toma

11/04/2011 / 15:07h

Cámara

Canon EOS 50D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5

Tiempo de exposición

1/250 sg

Diafragma

F 9.0

ISO

100

Distancia focal

16 mm

Tipología

Fotografía de paisaje

Observaciones

Filtro degradado de densidad neutra Hitech 0.6 soft
Trípode y cable disparador

Comentarios

Abril (ARD)

Abril

Reprocesada y formato
panorámico (11/06/2012)

Resulta inevitable comparar una imagen tomada con un filtro
degradado de densidad neutra con otra obtenida mediante el ahorquillado de otras tres para post-procesarlas en alto rango dinámico. La fotografía de alto rango dinámico tiene un problema: si te emocionas durante el post-procesado consigues unas texturas
y una saturación de color que resultan demasiado dramáticas. En este caso me quedo con la naturalidad de la tomada con filtro.

La fotografía no tiene más aliciente que el de inmortalizar un momento que apenas dura tres días: los que tardan las primeras amapolas en comenzar a declinar su color y tornarse marchitas. En adelante florecerán otras muchas, pero la vivacidad de esa temprana floración tardará un año en repetirse. La foto no presenta dificultad técnica alguna, ni posee gran valor compositivo, se trata tan solo de recoger un momento: esa salpicadura de color que anuncia la primavera.

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06/06/2011 – Benillup de Perputxent: alquería, necrópolis y ritos funerarios

Benillup de Perputxent

La alquería de Benillup se emplazaba en la margen izquierda del río que venía de Cocentaina, elevada sobre su cauce. Los primeros documentos que la citan (Binalup, Benilop, Benilup) se remontan a finales del siglo XIII, evidenciando su origen andalusí. Las cartas pueblas emitidas por aquel entonces muestran una alquería rodeada de campos de cultivo, dotada de un profuso sistema de acequias que ponía en producción sus fértiles huertas; sin embargo, según se desprende de la documentación medieval, el trigo, la viña, los frutales y los olivos eran los cultivos mayoritarios, por lo que las huertas debían concentrarse en la parte baja del término, junto a la alquería, en las proximidades del río.

Tras la conquista feudal, la alquería fue poblada con cristianos, sin embargo éstos debieron abandonarla pronto dado que la carta de población emitida en 1316 muestra un lugar habitado exclusivamente por mudéjares. Tres siglos después, tras la expulsión de los moriscos, Benillup volvió a ser poblada con cristianos, quedando totalmente deshabitada a principios del siglo XIX.

Hace un par de años visité las ruinas de lo que mis padres llamaban la “iglesieta de Benillup”. Poco quedaba de ella, apenas los restos de un muro perimetral cuya fábrica se antoja posterior a la expulsión de los moriscos. Mi madre me habló del aljibe que existía en su interior, incluso me señaló el lugar exacto donde se encontraba, pero me fue imposible constatar su existencia debido  al estado ruinoso del edificio y a la maraña vegetal que lo envolvía. A unos 50 metros de “la iglesieta” se levantan seis casetas de aperos que aparecen remozadas y reconstruidas con materiales actuales, borrando -u ocultando en sus basamentos- cualquier vestigio arquitectónico de la antigua alquería andalusí, mudéjar y, posteriormente, morisca.

Benillup de Perputxent

La antigua alquería queda a 400 metros de unos terrenos propiedad de mi familia; lo digo porque me consta que era allí donde los musulmanes enterraban a sus muertos. A mi abuelo le escuché contar que un día, al arar en profundidad la zona del bancal donde había instalado una era, encontraron restos humanos. También, que tres cráneos de los que allí aparecieron los donó a un médico y dos sacerdotes amigos de la familia. Los restos aparecieron cubiertos con tejas; sin embargo, nada me supo decir acerca de la posición de los cuerpos, aunque supongo que el dato de las tejas es lo suficientemente revelador como para atestiguar que se trataba de un cementerio musulmán. Conozco el lugar exacto del bancal donde se encontraron los restos, localización que me reservo en aras de preservar el descanso eterno que mis antepasados no supieron respetar, seguramente, por tratarse de moros.

Un acto similar de “morofobia” ocurrió en el cementerio de la vecina alquería andalusí de Benitariq (Benitàixer, Benicazis). Fuentes fidedignas me contaron que el propietario de unos bancales sitos en la partida de Benitàixer descubrió numerosos restos humanos mientras realizaba labores de labranza, y que al constatar que se trataba de enterramientos islámicos pulverizó cuantos cráneos y esqueletos quedaron a tiro de su azada: un acto del todo reprobable, sólo justificable desde la intolerancia, el fanatismo religioso y la ignorancia de otras épocas.

Ritos funerarios en al-Andalus. La sepultura en el ámbito rural

A raíz de conocer la ubicación del cementerio musulmán de Benillup me interesé por leer acerca de los ritos funerarios practicados en al-Ándalus. Para ello consulté varias publicaciones, entre ellas un artículo del arqueólogo Josep S. Castelló i Marí titulado Les necròpolis islàmiques i els ritus d’enterrament a la Marina Alta, donde se describen los rituales en los enterramientos islámicos así como los tipos de sepulturas encontradas en un ámbito geográfico próximo. A este respecto debo advertir que las informaciones acerca de los ritos funerarios varían ligeramente según la fuente consultada, en buena parte porque –supongo- éstas emanan de trabajos de excavación e investigación acometidos en diferentes lugares, que afectan a diferentes cronologías y que se prestan a diferentes interpretaciones.

Enterramiento islámico

El Islam defiende la igualdad de sus fieles en el momento de la muerte, suprimiendo los privilegios mundanos; por tanto, el ritual de enterramiento en al-Ándalus resultaba homogéneo y, aunque existían algunas variantes ceremoniales dependiendo de las diferentes escuelas coránicas, los ritos de preparación del cuerpo, amortajamiento y enterramiento, en lo esencial, resultaban iguales.

El ritual seguido en al-Ándalus propugnaba la inhumación individual. El cuerpo del difunto se lavaba y purificaba con agua (dicen que frotándolo con hojas de parra o níspero remojadas); seguidamente se perfumaba y amortajaba, envolviéndolo en un sudario de algodón (hacerlo con seda estaba prohibido) preferiblemente de color blanco. Antes de trasladarlo al cementerio, si era posible, se llevaba al difunto a la mezquita y se le rezaba una oración. Después, se llevaba al cementerio en procesión de modo que el momento del entierro se hiciera coincidir con la oración del mediodía, de la tarde o del ocaso. Antes de darle sepultura se rezaba la oración del difunto junto a la fosa, que debía excavarse en tierra virgen, hasta una profundidad equivalente a la mitad de la altura de un hombre. El cadáver se disponía sobre su costado derecho, con las piernas y los brazos ligeramente flexionados, las manos recogidas sobre el pubis y el cuerpo colocado de manera que el rostro quedara orientado hacia La Meca. Antes de consumar el cerramiento de la fosa se depositaba junto al difunto la carta de la muerte: un pergamino o papel donde se escribía –dicen que con tinta de azafrán- la profesión de fe y la súplica para el perdón de los pecados. Esta solía colocarse debajo de la cabeza o en el costado derecho, y era de gran provecho durante el juicio final.

Cubierta de sepultura

Según se ha podido constatar en excavaciones arqueológicas realizadas en algunas necrópolis musulmanas próximas, los enterramientos en el ámbito rural se producían sin superponer las fosas, al contrario de lo que solía ocurrir en las medinas, donde el número de habitantes y la falta de espacio a menudo obligaba a sobreponerlas. Las fosas eran simples, sin revestimiento alguno de los paramentos interiores. Las sepulturas, por tanto, se excavaban en el suelo y el cadáver descansaba directamente sobre la tierra. Tras el enterramiento, el cuerpo del difunto se cubría con piedras, losas y/o tejas, sobre las que se vertía el producto resultante de la excavación formando un túmulo de tierra que servía de señalización externa. A menudo, este túmulo de tierra se cubría con piedras (sueltas o trabadas con mortero), o simplemente se disponía una piedra en vertical sobre la cabecera y otra sobre los pies con el fin de señalar la localización exacta de la tumba. Ni los túmulos de tierra ni las señalizaciones externas suelen conservarse. Tampoco suelen encontrarse ajuares en el interior de la tumba más allá de algunos objetos cerámicos domésticos (el Corán prohíbe los enterramientos con objetos suntuosos), aspecto este que dificulta su datación.

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03/06/2011 - Foto-blog (004): Fluir y cantar

Siempre resulta un placer transitar el barranc de l’Infern sobre la plataforma de la antigua vía férrea que lo acompaña. El caminar se vuelve tranquilo asomados al precipicio y, cada tanto, el fluir de las aguas invita a descansar junto a ellas, cerrar los ojos y escuchar su murmullo.

Barranc de l'Infern

Cuando acometí esta toma, el sol comenzaba a declinar sobre las estribaciones orientales de Benicadell, pero el cielo permanecía arrasado, monótono, y la ausencia de nubes me obligó a humillar la cámara para retirarlo del encuadre, centrando toda la atención en el fluir de la corriente. Coloqué un filtro de densidad neutra que incrementase considerablemente el tiempo de exposición con la finalidad de sedar el discurrir de las aguas, y ajusté el balance de blancos para compensar la dominante magenta del filtro; después, busqué un primer plano donde el agua fuera la protagonista, donde el musgo ofreciera una nota de color, y encuadré de manera que la corriente fluyera en diagonal y escapara libremente por una esquina. La luz resultaba muy dura, de modo que decidí aumentar -ligera y manualmente- el rango dinámico de la toma (-4/3, 0, +2/3) con el fin de suavizar el contraste de la escena durante el post-proceso y conseguir una paleta de colores más acorde con la realidad.

Título / Motivo

Fluir y cantar / Barranc de l’Infern (l’Orxa)

Fecha / hora de la toma

13/04/2011 / 16:54h

Cámara

Canon EOS 50D

Objetivo

Canon EF-S 10-22/3.5-4.5

Tiempo de exposición

3 tomas de 8/20/30 sg

Diafragma

F 5.0

ISO

100

Distancia focal

17 mm

Tipología

Fotografía de alto rango dinámico y larga exposición diurna

Observaciones

Balance de blancos: 4400K
Filtro 3.0 de densidad neutra B+W F-Pro

Comentarios

Quizá la imagen podría funcionar mejor en un formato cuadrado, eliminando el arbusto que asoma por la esquina superior izquierda y re-encuadrando por la derecha para potenciar la diagonal que forma la corriente; sin embargo, después de probar preferí dejarla tal cual, pues considero que el arbusto agitado por el viento favorece el dinamismo.

El Serpis musitaba sus aguas en el desfiladero y allí quedé escuchándolas durante toda la noche, al raso, a la vera de la corriente que canta.

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01/06/2011 – Foto-blog (003): Camino de silencio

Los senderos de Benicadell son una caja de sorpresas; cada paso que los recorre se anda con expectación, a sabiendas de que los ecos de la Historia –aunque silenciosos- todavía resuenan por aquellas cumbres. El camino que nos acerca hasta el corral de Poldo es un buen ejemplo de ello; en apenas cuatro kilómetros encontramos el yacimiento neolítico de la Cova de l’Or, las cavas de hielo del Paller y el Castellet, la atalaya andalusí de al-Marîyâyn: un patrimonio arqueológico y arquitectónico que resalta la importancia histórica de Benicadell oriental.

Pero los pedregosos senderos de Benicadell son mucho más; sus panorámicas son un regalo para la vista y, cada tanto, los aromas a pebrella y tomillo, a santolina y romero, afloran junto al camino y nos acompañan un trecho.

Camino de silencio

Título / Motivo

Camino de silencio / Atalaya de al-Marîyâyn (l’Orxa-Salem)

Fecha / hora de la toma

12/04/2011 / 23:48h

Cámara

Canon EOS 50D

Objetivo

Tamron SP AF 17-50/2.8 XR Di II

Tiempo de exposición

966 sg

Diafragma

F 5.6

ISO

100

Distancia focal

23 mm

Tipología

Fotografía de larga exposición (nocturna)

Observaciones

Balance de blancos: 4200K
Luna al 56%
Ligera brisa

Comentarios
_MG_8133-1

Aunque los pesos quedan equilibrados, la intersección de los perfiles de las montañas desluce la composición; una focal más larga hubiera resuelto este inconveniente, aunque a expensas de un trecho de camino. Estas cuestiones compositivas deben resolverse in situ.
La ausencia de sombras le confiere un aspecto diurno; quizá una luna menos cenital y 2 minutos menos de exposición le hubiese venido bien. 

La mayor dificultad que entrañó la toma fue encontrar la localización que permitiera componerla adecuadamente. Decidí que fuera el camino quien guiara directamente al espectador hasta el motivo principal: la atalaya de al-Marîyâyn. Después de recorrer el sendero de arriba a abajo estudiando la perspectiva y las proporciones que ofrecían diversos encuadres y tratando de sacar de la escena cualquier elemento que distrajera la atención, me decidí por elevar el punto de vista con la finalidad de evitar solapes innecesarios, resaltar el camino y situar el motivo en la intersección de dos líneas de fuerza: las que delimitan los tercios superior e izquierdo de la fotografía. Asimismo, se optó por un formato vertical para conferirle mayor profundidad a la foto. De este modo, la imagen se recorre en diagonal sin pausas ni distracciones, y la traza del camino acompaña la mirada hasta dejarnos junto a la silueta de una atalaya que se recorta altiva contra el cielo. Las estrellas se dejaron correr para que adquirieran presencia, pues la fase lunar y la contaminación lumínica las apagaba. De haber pretendido congelarlas (30 sg; f 4.0; ISO 1600), la toma hubiera adquirido un considerable ruido y el cielo habría quedado bastante deslucido.

Sin embargo, no es ésta la imagen que ansío tomar en al-Marîyâyn. La atalaya murmura de fogatas y humaredas que alertan las intenciones del enemigo, de cuernos, añafiles y timbales que resuenan frenéticos en la madrugada. Pero aquella noche de abril resultaba apacible, perfumada, amansada por la calidez de una luna que crecía, y nada podía hacer por cambiar su naturaleza. No me quedó otra que rendirme ante la evidencia, aunque no me resigno: pronto llegará el día en que las nubes se tiñan de fuego, que la humareda se recorte dramática contra el cielo, que al-Marîyâyn despierte sus demonios junto al camino que guarda silencio.

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