31/01/2011 – Invierno en el barranco de l’Encantà

Después de un otoño seco, el barranco de la Encantada aparece calmo, perezoso, aguardando la ansiada lluvia que lo reviva.

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Mientras, las noches de Perputxent se presentan gélidas, tanto que las estrellas parecen tiritar de frío.

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Sí, tanta quietud inquieta…

Panorámica del toll de l'Encantà

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25/01/2011 – Ma’a: la curiosa supervivencia de una palabra

Ma'a

Existe una palabra que resuena en el vocabulario de mi infancia y que a fuerza de escuchar la tengo por familiar, cariñosa; tan cercana la he sentido desde siempre que ahora me doy cuenta que ha ido pasando de generación en generación, sigilosa, discretamente. Lo recuerdo como si fuera ayer: cuando mi madre me preguntaba si quería beber, siempre me decía: ¿vols ma? –¿quieres agua?-. Nunca me había planteado de dónde procedía esa palabra, sabía lo que significaba y me bastaba; hasta que el otro día la oí en boca de mi hermana. Mi hija tenía sed y mi hermana, alcanzándole un vaso de agua, le dijo: beu ma –bebe agua-. No sé por qué le di importancia en aquel momento, pero lo cierto es que me llamó la atención después de tanto tiempo sin escucharla.

Hice mis averiguaciones y, como sospechaba, ma’a (المياه) es una huella lingüística de nuestro pasado musulmán: significa agua en árabe. Los árabes la pronuncian alargando la vocal, pero nosotros la rematamos en seco, sin matices, de un solo golpe: ma.

Lo que me tiene fascinado de esta palabra es que todavía resuena con fuerza en Perputxent, siempre en boca de las mujeres, tradicionalmente las encargadas de educar a sus hijos, y puede que esto tenga su explicación.

Por las cartas pueblas otorgadas durante los siglos XIII y XIV sabemos que, tras la conquista feudal, en el valle de Perputxent se asentaron algunos pobladores cristianos; pero también, que la inmensa mayoría de los habitantes de las alquerías profesaban la religión musulmana. La mayoría de los musulmanes que aquí vivían no fueron expulsados; quedaron en la tierra como mera mano de obra, subyugados al feudalismo. Esto mismo sucedió en otros lugares donde el señor feudal permitía que los musulmanes profesaran su religión (mudéjares) con tal de que éstos no abandonaran sus tierras. Y era de entender: mientras las tierras del señor –o de la orden que las regentaba- permaneciesen cultivadas, este/a engrosaba su patrimonio a costa de los arriendos, rentas e impuestos que gravaba a los mudéjares, muy superiores a los que otros señores –en otros lugares- podían gravar a los pobladores cristianos. Tener mudéjares en sus tierras comportaba un gran beneficio para el señor y era preferible a poblarlas con cristianos. De hecho, fueron los propios señores quienes refrenaron los deseos de los sucesivos monarcas por expulsar a los moros de sus territorios. No, nadie cultivaba la tierra como los mudéjares, ni nadie rentaba tanto como ellos…

Esa desigualdad en el pago de impuestos, tasas y demás cargas tributarias entre cristianos y mudéjares provocó que muchos de éstos optaran por “convertirse” al cristianismo, como así sucedió en otros lugares. Es de suponer que los primeros “conversos” continuaron practicando la religión de sus antepasados en la clandestinidad y que el proceso de renegar de Alá no culminase hasta muchas generaciones después, quizá hasta que en 1525 los obligaron a bautizarse, convirtiéndose en cristianos nuevos (moriscos); quizá ni entonces.

Sabemos también que pese a la expulsión general de los moriscos del Reino en 1609, de la que Perputxent no fue ajena, muchos cristianos nuevos quedaron en la tierra fruto de una conversión temprana, e incluso verdadera con el paso de las generaciones. Si muchos de ellos consiguieron que no los expulsaran fue porque las autoridades eclesiásticas los consideraron verdaderamente conversos; y seguramente así fuera. Y supongo que fue así como la palabra ma’a quedó en el vocabulario infantil de aquellas gentes en su forma puramente árabe, como el inocente reducto de un pasado donde sus ancestros rendían culto a Allah.

El hecho de que esta palabra se trasmita por vía femenina no resulta baladí. En la sociedad musulmana, las mujeres juegan un papel decisivo en la educación de los hijos y, por tanto, después de la conversión al cristianismo su empleo debió quedar restringido al ámbito familiar. La palabra tiene una fuerte connotación infantil: es sencilla, breve, inofensiva, fácil de aprender y desaprender; y lo más importante, pasa desapercibida para aquellos que desconocemos su origen, pues no resulta extraña al oído de quienes por “mà” –mano- o “ma” –pronombre posesivo- la empleamos a diario en nuestras conversaciones.

Estoy convencido de que si rebuscáramos en nuestro vocabulario más primitivo encontraríamos alguna palabra más. ¿Sabes tú de alguna?

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11/01/2011 - Bienvenidos a La Montaña, bienvenidos a Las lunas de Perputxent

Al-MarîyâynTras dos años de silenciosa andanza, se presenta Las lunas de Perputxent: la versión accesible del blog privado Las noches de Perputxent (diario de una leyenda). Durante todo este tiempo, el blog ha funcionado a modo de libreta de campo de un proyecto literario en fase de documentación, donde he ido volcando toda la información escrita y experiencias que he vivido en mis incursiones por los que fueran dominios del wazir al-Azraq. Las lunas de Perputxent recoge el paisaje de un valle que mediado el siglo XIII fue tierra de frontera, hostil y emboscadiza; un territorio declarado en permanente rebeldía donde, muy a menudo, el pacto y la tregua derivaron en acechanza, traición, destierro y muerte. Perputxent fue tierra de atalayas, torres, alquerías y castillos, y –aún hoy– sus ruinas expelen la memoria de una época convulsa donde feudales y andalusíes dirimieron sus disputas. Perputxent es tierra agreste, espinosa en los altos, agradecida en los llanos, tierra de cuevas y barrancos, de mitos, trovadores y leyendas. En este blog descubrirás los paisajes naturales de Perputxent, sus más afectos poetas, el patrimonio arquitectónico que legó al-Andalus, y conocerás una parte de los acontecimientos históricos acaecidos en las décadas centrales del siglo XIII: años de pactos rotos, de castillos tomados y librados por la fuerza, de treguas, capitulaciones y escaramuzas entre las huestes de Jaime I y los partidarios del wazir al-Azraq, el Azul.

Barranc de l'Encantà

Las lunas de Perputxent forma parte de un proyecto de ficción donde la historia se confunde con la leyenda. Retrotraerse hasta el siglo XIII constituyó una necesidad desde el principio, y en esos menesteres la sugestión y el paisaje nocturno jugaron un papel destacado. La sugestión es poderosa herramienta que permite infiltrarnos en la piel de otro, comunicarnos con él, viajar a otros lugares, a otros tiempos: experimentar sensaciones que traspasan el umbral de la realidad. La noche, sin embargo, ofrece una oportunidad inmejorable para atreverse con esta experiencia deAl-Kanesiya búsqueda y regresión temporal. Es justo cuando la oscuridad se adueña del día, cuando el mundo se detiene, cuando el cárabo llora y los astros aparecen en el firmamento, es justo en ese momento cuando, apoyados contra el lienzo de una muralla, o sentados en la boca de una cueva, o plantados frente a la recortada silueta de una torre, podemos reconocer el pálpito de la emoción. Si nos adentramos en un territorio inhóspito y logramos abstraernos de la contaminación lumínica y el constante pasar de los aviones, uno alcanza a sentirse un Homo sapiens sentado en la boca de su caverna, un correo romano al que la oscuridad sorprendió en su cabalgada, un visir musulmán asomado al balcón de la noche, fascinado por la redondez de la luna, por el vívido tembletear de las estrellas. Ha sido al abrigo de la oscuridad, en los recónditos valles de al-Azraq, donde he sentido bullir las aguas de la intuición, donde, con un poco de imaginación, he alcanzado a escuchar –todavía– el lastimero aullido del lobo y los afinados acordes del laúd, la fídula y el rabel. Sí, busqué a mis personajes en la oscuridad de la noche y en su sigilo que los encontré, agazapados en la memoria de los tiempos. Unos moraban castillos desolados, alquerías desiertas, decrépitas torres; otros erraban por los caminos, o acechaban en las cuevas, o celaban en el monte. No fue una búsqueda sencilla, ni exenta de calamidades, pero la experiencia resultó trascendental, emocionante. No, sin emoción no hay historia: no hay historia sin emoción.

Castillo de Perputxent

Las noches de Perputxent (diario de una leyenda) cuenta actualmente con 126 entradas, de las que aquí se irán mostrando las referentes al valle de Perputxent. Las relativas al resto de valles, territorios y localizaciones que en su día constituyeron la yibal Balansiya musulmana (Planes, Gallinera, Ebo, Alcalà, Seta, Travadell, Laguar, Pop, Tárbena, Castell, Guadalest…) no estarán disponibles hasta que este proyecto de ficción haya concluido. Espero que no alargue demasiado y poder compartir su contenido con todos aquellos que vivimos y amamos esta tierra nuestra.

Bienvenidos a La Montaña, bienvenidos al valle de Perputxent.

Benicadell - al-Marîyâyn

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