19/10/2010 – De nuevo en al-Marîyâyn

El castellet de La Barcella, castell de La Mola o al-Marîyâyn

Últimamente ando un tanto atascado, de modo que ayer decidí tomar aliento en algún lugar apartado y elegí Almaraién. Nada como una buena caminata por el monte para ordenar aquello que nos inquieta, para cargarse de energía, y estando en Almaraién sentí esa paz que tanto necesitaba. Después de muchos días de calor, por fin ha llegado el momento de patear a la fresca los caminos de La Montaña.

Siempre me sucede igual: cada vez que visito Almaraién me asaltan las dudas acerca de su función como atalaya. No es que el lugar no sea el idóneo para estos menesteres, pero quedando tan próximo al balcón de l’Ullastre me resulta un tanto extraño que el fortín de Alimarén se construyese con el único propósito de vigilar. Anoche, sin embargo, conocí un nuevo dato acerca de este enclave que, a falta de contrastar, podría ofrecer una novedosa hipótesis. A los pies de Almaraién aparecían sendos carteles de reciente instalación; uno explicaba los usos de la nevera del Castellet, construida en el siglo XVII; el otro hacía referencia al castellet de La Barcella, que es como se conoce el lugar actualmente. Decía así: El aspecto rocoso del castillo de la Barcella, la verticalidad del peñón de Benicadell, los rotundos acantilados del barranco de les Coves, las curvas y “la Ese” que forma la carretera… nos recuerdan los versos del poeta Salvador Jàfer, del Ràfol de Salem: “Mi valle, ibérico, morisco, es un castillo de lanzas”. El paisaje nos evoca un pretérito lejano, en el que los íberos y los moros se fortificaban en las montañas, en los sitios más inexpugnables e insólitos.

La muela del Castellet (755 m. de altitud) se llama también “la Barcella” por la figura que tiene de una barchilla (medida valenciana de capacidad para granos, con forma de cajón troncocónico) invertida. En la cima se observan los restos de muros y paramentos de un castillo andalusí, datado arqueológicamente en los siglos XII-XIII, que los musulmanes de las alquerías de la hoya —Rahlát ‘Abdu-s-Salám (actual Salem), Halqa (Elca) y Banû-l-Jarbín (Benigerví)— edificaron para tratar de resistir al avance de las tropas de Jaime I. La función principal de esta fortaleza, denominada por los árabes “Almaraién” (es decir, al-Marîyâyn, “las Dos Hogueras, los Dos Faros”) era la de dar aviso de noche y de día, en caso de peligro, a las medinas o centros urbanos de Xàtiva (N) y Cocentaina (S).

Cartell La Barcella

Abandonada tras la conquista feudal, en 1273 el rey Jaime I el Conquistador ordenó al alcaide real de los castillos de Penacadell, Joan de Montsó, que recogiera testimonios judiciales de los moros ancianos, para saber si el Castellet era término del castillo de Rugat (valle de Albaida) o del castillo y valle de Perputxent (l’Orxa, el Comtat), que entonces pertenecía a la orden militar de los Caballeros de San Juan del Hospital. Las indagaciones dejaron establecido que el castillo era hito de términos, pero en posteriores particiones entre señoríos feudales, quedaría adscrito a la baronía de la Foia de Salem: En el siglo XV, el fortín arruinado era conocido como el castillo “de la Mola”.

El Ullastre desde el castillo de Rugat De resultar cierto que el Almaraién de los textos cristianos puede asimilarse a al-Marîyâin con el significado de las Dos Hogueras, esto podría suponer dos cosas: que Almaraién, en realidad, fuera lo que actualmente se conoce por el Ullastre (dos cerros contiguos sobre la dorsal de Benicadell, muy próximos a La Barcella —1.020 m de distancia los separa— situados justo donde confluyen los términos de Castelló de Rugat, Aielo de Rugat (valle de Albaida) y l’Orxa (valle de Perputxent)); o que, dada la proximidad entre La Barcella y el Ullastre, el término de Almaraién englobara el sistema defensivo compuesto por sendas localizaciones. Ambas hipótesis explicarían la denominación Dos Hogueras, aunque me inclino por la segunda: que al-Marîyâin fuera un sofisticado sistema de transmisión de alertas fronterizas; no en vano su visibilidad alcanza los castillos de Játiva, de Cocentaina, de Benicadell y de al-Qal’a, entre otros.

La Barcella

A al-Marîyâyn marché con el propósito de orearme y, también, con la intención de fotografiar la Vía Láctea sobre el fortín una vez que durmiese la luna. No pudo ser, la Vía Láctea estaba demasiado alta y la toma requería un contrapicado imposible para esta localización, de modo que a falta de nebulosas me conformé con esta circumpolar a la luz de la luna.

Circumpolar Almaraién

Canon 50D + Canon 10-22mm: 60 tomas / 22 darkframes / 60 sg / f:4,0 / ISO 800 / 12 mm / 5350 ºK / luna al 70%

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03/10/2010 – Circumpolar en Perputxent

Llevaba un tiempo detrás de una fotografía como ésta y, finalmente, el pasado miércoles las condiciones ambientales y meteorológicas pusieron de su parte para decidirme ir a por ella. La noche era oscura, el cielo estaba limpio, despejado de nubes. La temperatura distaba ya de ese calor sofocante del verano y la humedad que genera el río Serpis a su paso por Perputxent parecía que iba a permitirme la toma. Monté la cámara sobre el trípode y encuadré la foto. Enfoqué a la hiperfocal, ajusté los parámetros de la cámara y del intervalómetro y puse a funcionar el equipo. Se trata de 60 tomas de 60 segundos de exposición cada una, unidas mediante el programa Startrails. Asimismo, tomé otras 20 fotos de 60 segundos en negro, con la tapa del objetivo puesta, con el fin de reducir el ruido cromático y lumínico generado por el empleo de un ISO elevado. Este es un resultado aproximado, pues la reducción de tamaño y la compresión desmejoran un tanto el enfoque y la nitidez del original.

Circumpolar Perputxent Canon 50D + Canon 10-22mm + Ultrafire 500: 60 tomas / 20 darkframes / 60 sg / f:4,0 / ISO 800 / 17 mm / 3350 ºK

Dedicada a Ximo Andrés, mi Norte literario.

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