28/09/2010 – A vueltas con “lo feyt de Rogat”: el artículo

...Y respondimos al rey de Castilla que nos extrañaba mucho
que él nos pidiera una cosa que iba en perjuicio nuestro,
que bien sabía que al
Azraq nos había hecho mucho mal y daño en nuestra tierra
y que había venido a Nos y nos había dicho que quería hacerse cristiano
y tomar una parienta de Don Carroz por mujer;
y yendo Nos cabalgando, por la noche, a un castillo de moros que él tenía, llamado Rugat,
intentó traicionarnos porque nosotros sólo éramos treinta y cinco caballeros,
y él nos intentó sorprender con siete emboscadas de moros,
con gran rumor de cuernos y añafiles, y con muchos ballesteros que tenía, y con adargas.
Y, si no hubiera sido porque nuestro Señor nos ayudó contra él, nos habría muerto y confundido,
y aún así capturó y retuvo dieciocho cristianos que habíamos enviado
para que establecieran una torre más allá del castillo…

(Llibre dels Fets o Crónica de Jaime I, 375)

Si existe un acontecimiento oscuro que El Llibre dels Fets encubre, éste es, sin duda, lo feyt de Rogat [1]. Jaime I lo menciona en el capítulo 375 de su Crónica a colación de la tregua que, a principios de 1258, Alfonso X de Castilla le solicita en favor del wazîr al-Azraq [2], el mismo que desde el otoño de 1247 acaudillaba una revuelta andalusí en los valles más septentrionales de la actual montaña alicantina. Sin embargo, pocos datos ofrece el rey que permitan fechar el intento de regicidio que, de prosperar, hubiera cambiado el curso de los acontecimientos, y las dos veces que lo refiere en su Crónica lo hace de modo indirecto, con el único propósito de destacar la condición traidora de quien lo urdió.

Este oscurantismo dificulta su datación, de modo que el suceso suele recogerse bajo dos hipótesis cronológicas distintas según se suponga que tuviera lugar antes del pacto que al-Azraq y el primogénito de Jaime I suscribieron el 15 de abril de 1245, o después de su ruptura, acaecida en noviembre de 1247. Sobre el Pacte del Pouet [3] mucho se ha escrito y especulado, pero en aras de argumentar lo que aquí interesa, baste decir que el texto que recoge lo convenido precisa los castillos y términos que al-Azraq poseía en el momento de su firma, permitiéndonos conocer cuáles eran por entonces sus dominios [4]. La ruptura de este Pacto parece marcar un punto de inflexión en las relaciones entre Jaime I y el wazîr y, por tanto, este es el hito que suele atenderse para disociar los dos escenarios cronológicos donde pudo acontecer lo feyt de Rogat.

Castell de Rugat

Aparentemente, el intento de regicidio encaja mejor en el contexto bélico que se vivió tras la ruptura del Pacte del Pouet y en favor de esta hipótesis existen algunos autores que esgrimen que Jaime I jamás hubiera pactado con quien había tratado de matarle. Esto último resultaría de lo más sensato de no ser porque, a menudo, los intereses que surgen en una contienda empujan a los más inverosímiles acuerdos y alianzas. De todos modos, conviene destacar que el Pacte del Pouet no lo refrendó el propio Jaime I, sino el infante Alfonso de Aragón, circunstancia que, como se verá, podría tener su justificación.

La lectura del capítulo 375 de la Crónica sugiere que el rey había creído la promesa de al-Azraq de apostatar del Islam y desposarse con una parienta de Carroz [5], incluso podemos imaginar que la emboscada tuvo lugar mientras el monarca viajaba a Rugat para cerrar el trato. Así lo cree también Josep Torró: (…) quan el rei, amb 35 cavallers, va acudir a tancar el tracte a les proximitats del castell de Rugat –el qual tenien els andalussins– al-Azraq li va parar una emboscada nocturna (…) [6]. Este mismo autor, al respecto de una carta que al-Azraq escribió a la reina Violante en 1250, estrecha el cerco cronológico al conside-rar que “El to, extremadament cordial, de la lletra no ens ha de fer perdre de vista, però, que contactes com aquest –si no aquest mateix– precediren l’execució del parany conegut com a fet de Rugat: aquest tipus d’acció té més sentit en un moment posterior als èxits militars anteriors a la desfeta de Benicadell. En endavant les negociacions d’al-Azraq amb Jaume I no pogueren realitzar-se més que a través  dels valedors diplomàtics d’aquell: l’infant don Manuel, i Alfons X de Castella a partir de la seua entronització en 1252[7]. Ni a Torró ni a cuantos hemos suscrito su parecer nos faltan motivos para sostener la lógica de esta hipótesis; sin embargo, algunos autores se postulan por la hipótesis contraria. Momblanch [8], por ejemplo, supone que el intento de regicidio pudo producirse allá por 1242-43, aunque –extraño en él– no aporta ningún argumento que avale su parecer. Marco Antonio Palau [9], que sigue a Pere Antoni Beuter [10], sitúa el hecho durante el cerco de Denia por Carrós, y en el relato de lo acontecido dice que Valióse tam-bién el Moro del medio de la Reyna, y fueron tales las instancias y los ruegos suyos, que el Rey vino en ello, y se resolvió de hir en persona al exército que estaba sobre Denia, a tratar con Carrós el dicho casamiento (…) Quiso también la Reyna acompañar al Rey para facilitar con Carrós el casamiento, y partiendo con el Rey desde Xátiva a la ligera con sólos 25 cavalleros a mula (…) Así, Palau considera que el escenario propicio para lo feyt de Rogat es el del año 1244, con las fortalezas de Játiva y Denia sitiadas, y aunque bebe de una fuente refutable en muchos de los datos que ofrece, puede que esté en lo cierto.

Castell de Rugat

Un dato significativo para intentar desenredar esta maraña lo encontramos en el capítulo 356 de la Crónica de Jaime I, donde el rey menciona lo feyt de Rogat a colación del engaño sufrido en Biar mediado el mes de septiembre de 1244: Y Nos fuimos (a Biar) confiados en estas palabras, que nunca ningún sarraceno había dejado de cumplir la palabra que nos hubiera dado por ningún castillo que hubiera prometido librarnos, a excepción de alAzraq en el hecho de Rugat. Resulta muy probable que Jaime I relacione ambos sucesos por considerarlos sendos embustes, pero si desmenuzamos la sintaxis de la oración podemos constatar que el engaño de Rugat parece anterior al de Biar y que la memoria real los pudo unir, también, por su proximidad en el tiempo. A este respecto, Miquel Coll i Alentorn y otros autores sugieren que la Crónica de Jaime I se elaboró en dos etapas, y que la primera de ellas comprende los 360 primeros capítulos, prepa-rándose alrededor de abril de 1244, durante el asedio de Játiva; de estar en lo cierto, lo feyt de Rogat sólo tendría cabida antes de 1245. Por otra parte, de todo cuanto el rey expresa en los capítulos 356 y 375 de su Crónica podemos deducir que, antes del intento de regicidio, al-Azraq le había prometido apostatar del Islam, desposarse con una cristiana y librarle el castillo de Rugat. Sin embargo, que Rugat no aparezca en el listado de castillos que recoge el texto del Pacte del Pouet sólo puede tener una lectura: Rugat se encontraba bajo dominio feudal en abril de 1245. Esto puede inducir a pensar que este castillo, como tantos otros, lo obtuvo el wazîr tras el levantamiento de noviembre de 1247 y, por tanto, que lo feyt de Rogat se produjo tras la ruptura del Pacte del Pouet. No obstante, aunque resulta muy posible que Rugat cayera en manos de al-Azraq tras el levantamiento, la hipótesis post-pacto encaja mal en este puzle, pues poco sentido tendría que alguien que pretende convertirse al cristianismo intentara granjearse la confianza de quien en adelante sería su rey librándole uno sólo de los muchos castillos que le había tomado por la fuerza y –según Jaime I– a traición, tras la ruptura de un pacto [11]. Así, que al-Azraq hubiera prometido librar el castillo de Rugat al rey y, sobre todo, que éste así lo creyera, no tiene sentido en el contexto posterior a la ruptura del Pacte del Pouet, dado que al-Azraq ya le habría dado motivos para desconfiar de él y difícilmente Jaime I habría caído en otro engaño.

Castell de Rugat

Sin embargo, que el castillo de Rugat estuviera bajo el control de al-Azraq encaja a la perfección en el contexto previo a la firma del Pacto por varios motivos. En primer lugar, por su proximidad geográfica al vecino valle de Perputxent, dado que, como el propio texto del Pacto desvela, éste pertenecía a los dominios del wazîr. Obviamente, para que las piezas del puzle ensamblen, al-Azraq tenía que haber perdido el castillo previo a la firma del Pacte del Pouet, posibilidad que, como veremos, pudo suceder. En segundo lugar, porque el hecho de que al-Azraq capturase y retuviese a dieciocho cristianos que habíamos enviado para que establecieran una torre más allá del castillo se ajusta al contexto de 1244 dado que, desde 1239-40, los castillos del valle de Bayrén estaban bajo el dominio feudal: Y entramos en el valle de Bayrén, y hablamos con el alcaide que tenía el castillo y con los de Villalonga, Borró, Vilella y Palma, que eran castillos de roca, grandes y fuertes. Y nos dijeron que, cuando el alcaide de Bayrén hubiera convenido con nosotros, todos los castillos del valle se rendirían [12]. Estos cuatro castillos se encuentran a una distancia de entre 8 y 11 kilómetros del de Rugat, por lo que es de suponer que ya en 1239, ante el avance feudal sobre el vecino valle de Bayrén, al-Azraq considerase la posibilidad de perderlo. Si no lo perdió entonces fue porque las huestes cristianas centraron sus esfuerzos en la toma de los castillos de Denia y Játiva, pues tomando los principales castillos se les rendían el resto de fortificaciones que pertene-cían a su jurisdicción. En cierto modo, este escenario podría explicar que fuera Rugat, y no otro, el castillo que al-Azraq decidiera librar al rey, y de haber prosperado en sus intenciones regicidas hubiera sido una manera muy honrosa de perderlo, o –si se quiere– la única forma de conservarlo. Asimismo, ya en 1242 se registran los primeros repartos de propiedades andalusíes en Bayrén y el primer asentamiento cristiano en el valle, circunstancia que concuerda con el estable-cimiento de la torre a tenor que el poblamiento de Bayrén todavía no estaba consolidado. Sobre el establecimiento de esta torre regresaremos más adelante, cuando estrechemos el cerco cronológico en torno a lo feyt de Rogat.

Castell de Rugat

Si atendemos el escenario de 1244 y conside-ramos los movimientos de Jaime I recogidos en el Itinerari del Rei en Jacme lo Conqueridor de Joaquim Miret i Sans para este año, podremos encontrar más indicios. Respecto del contexto histórico, quizá lo más destacable del periodo 1239-44 sea el empecinamiento que Jaime I demuestra por conquistar la medina de Játiva, sabedor de las ventajas que le reportaría su caída. A esto dedicará buena parte de sus esfuerzos militares y los capítulos 316 a 354 de su Crónica. Si seguimos la Crónica y el rastro documental que deja el rey en el año 1244, podemos asegurar que Jaime I permaneció en el sitio de Játiva desde principios de enero hasta –como mínimo– el día 22 de mayo, abandonándolo tan solo unas pocas jornadas por entrevistarse con el infante Alfonso de Castilla en Almizra y dirimir las diferencias surgidas acerca de la conquista de Játiva, que ambos ansiaban para sus reinos. Solventado este asunto, Don Jaime regresó al asedio de Játiva, donde la segunda quincena de mayo llegó a un acuerdo con el qa’îd Abu Bakr por el que los andalusíes librarían el castillo menor de Játiva y retendrían el mayor por el plazo de dos años a cambio de que los cristianos respetaran sus leyes y costumbres y garantizasen su permanencia en la tierra.

El Pacto de Játiva coincidió en el tiempo con la conquista de Denia que Carroz capitaneaba para el rey, y es en ese contexto temporal (finales de mayo – principios de junio de 1244) donde parece encajar mejor lo feyt de Rogat. Por una parte, resulta muy probable que, solucionada la cuestión castellana en Almizra y cerrado el acuerdo con Abu Bakr, el rey se interesara por la capitulación de Denia, que si no había caído ya, estaba a punto de hacerlo. Por otra parte, si rebuscamos entre los documentos reales publicados por Huici-Cabanes [13], podemos comprobar que Carroz aparece como testigo en varios de ellos, datados entre marzo de 1244 y mayo de 1245. Aparece junto al rey el 25 de marzo de 1244, en Almizra, pero desaparece en los documentos datados durante el asedio de Játiva, cuestión que induce a pensar que pudo regresar a Denia para ultimar su conquista. Los volvemos a encontrar juntos el 6 de junio, en Ondara, entre Denia y Laguar, pero no vuelve a aparecer en las suscripciones reales hasta el 14 de febrero de 1245, donde se constata su presencia en Valencia. Finalmente, se verifica su estancia junto al rey en Laguar, los días 15 de marzo y 9 de mayo de 1245, periodo en que se firmó el Pacto del Pouet.

Castell de Rugat

No deja de ser curioso que Carroz emerja del ostracismo documental en que el rey lo tenía sumido y aparezca entre los presentes en Almizra. ¿Aprovecharía Carroz su estancia junto al rey para comunicarle la propuesta de al-Azraq? ¿Estaba allí por aquel motivo? ¿Conocía el rey la propuesta del wazîr antes de viajar a Almizra? Nada se sabe, pero tan singular coincidencia sugiere que la apostasía de al-Azraq estaba sobre la mesa, que Jaime I y Carroz conocían bien los dominios montañeses del al-Azraq y, sobre todo, que sabían de las dificultades que les comportaría una guerra de guerrillas como la que quince años antes vivieron en la montaña mallorquina y, por tanto, comprendían que una alianza con él les ahorraría un tiempo y un capital que se antojaban preciosos.

Los mismos documentos que juntan a Carroz y a Don Jaime en 1244-45, lo hacen a uno y otro lado de Rugat. Casualmente, Rugat quedaba en mitad del camino que unía las medinas de Játiva y Denia a través del valle de Albaida. Asimismo, el paso que comunicaba los valles de Albaida y Bayrén quedaba en término de Rugat y, además, era de obligado paso. ¿Tomó Jaime I este camino a sabiendas de que el valle de Albaida todavía le era hostil? ¿Viajó de noche precisamente por este motivo? A buen seguro que sus huestes lo habían incursionado en numerosas ocasiones por tomar botín durante sus cabalgadas y conocían bien el trayecto. Aquí vuelven a adquirir importancia las palabras del rey: y aún así capturó y retuvo dieciocho cristianos que habíamos enviado para que establecieran una torre más allá del castillo. Esta afirmación podría confirmar que, efectiva-mente, el rey se desplazó desde Játiva, pues más allá del castillo de Rugat sólo quedaban los dominios feudales del valle de Bayrén. Por otra parte, el envío de cristianos (probablemente sirvientes escoltados, pues a éstos no los califica como caballeros) para establecer una torre pudo deberse a que el rey y quienes le acompañaban a Denia tenían previsto pernoctar en ella, en territorio afín. De estar en lo cierto, tomaría fuerza la idea de que el rey viajaba de noche a propósito, que no fue una temeridad sino que estaba perfectamente planeado que así fuera para pasar desapercibido: tan minuciosamente planeado que mandó establecer una torre para su dormida. Esto mismo puede interpretarse de las propias palabras del rey al resaltar la nocturnidad del viaje como un hecho excepcional y la sorpresa que le produjo encontrarse con una emboscada tan bien organi-zada y a tan intempestivas horas. Por otra parte, se antoja harto improbable que el rey se desplazara de noche a un castillo como el de Rugat, no sólo por lo inadecuado de la hora, sino porque acceder al castillo de Rugat a caballo tenía que resultar complicado incluso de día. Así, ni parece que la noche sea la hora más apropiada para la arribada de 35 caballeros, ni el lugar parece el más indicado para cerrar un trato, cuando perfecta-mente podía hacerse de día y en cualquier alquería o lugar del llano. Así, más parece que don Jaime pretendía pasar de puntillas por el valle de Albaida en su camino hacia Denia que no acudir a cerrar un trato, seguramente porque el asunto de la capitulación de Denia requería de una mayor atención y el trato para la apostasía y casamiento de al-Azraq podía esperar unos días.

Castell de Rugat

Si suponemos que lo feyt de Rogat tuvo lugar entre la capitulación de Játiva y la de Denia, la coincidencia de Carroz y Don Jaime en Ondara el 6 de junio podría tener su explicación. ¿Ultimaban la conquista y/o el reparto de Denia? ¿Reunieron allí sus huestes por marchar contra la traidora Rugat y tomar el castillo? ¿Tramaban incursionar el valle de Laguar? Quizá hubiese un poco de todo esto.

Los cuatro últimos documentos en los que Carroz aparece junto al rey denotan, por su continuidad, que estos estuvieron en permanente contacto desde febrero hasta mayo de 1245. La estancia de Carroz en Valencia parece responder al reparto de tierras y bienes tras la capitulación de Denia, pero puede sugerir también que preparaban una ofensiva contra al-Azraq, circunstancia que explicaría su coincidencia en Laguar apenas un mes después, durante las semanas anteriores y posteriores a la firma del Pacte del Pouet. Su permanencia en Laguar durante dos meses sólo puede tener una lectura: sus huestes intentaron incursionar los dominios del wazîr al-Azraq desde la zona de Denia, pero la posterior firma del Pacto predispone a pensar que fracasaron en su tentativa [14]. De suceder así, es de suponer que la humillación sufrida por tan altos dignatarios en el cobro de su venganza les impidiera convenir con quien tan honda y repetidamente los había agraviado en tan breve lapso de tiempo, y quizá sea la explicación de que ni Carroz ni Don Jaime refrendasen el Pacto pese a que la documentación evidencie que estaban junto a los dominios del wazîr cuando éste se convino. Sin embargo, bien se curó el rey en enviar junto al infante de Aragón a sus más allegados caballeros y familiares, que entre quienes refrendaron el Pacto estaban hombres de su entera confianza [15]. En una época donde el honor prevalecía, semejante afrenta podría explicar también que la Crónica de Jaime I silencie por completo el Pacte del Pouet. Si las huestes feudales fracasaron en su intento por tomar el valle de Laguar, aquello tuvo que escocer en el ánimo de Jaime I, y si éste accedió a pactar con el wazîr –aunque fuese a través de su primogénito– sería por maquillar tal deshonor, sabedor de que en el ajedrez de la guerra mejor son tablas que jaque mate. Ya tendría mejor ocasión –como ocurrió– para tomarse venganza…

Castell de Rugat

Así, los indicios parecen apuntar a que lo feyt de Rogat se consumó entre el 22 de mayo y el 6 de junio de 1244, fechas en las que el rey aparece a uno y otro lado de Rugat (Játiva y Ondara, respectivamente) una vez ultimado el pacto con el qa’îd de Játiva. Por su parte, si tenemos en cuenta que el intento de magnicidio acaeció mientras el rey cabalgaba de noche podemos descartar un buen puñado de días donde las condiciones lumínicas lunares desaconsejaban por completo un viaje nocturno. En mayo de 1244, el plenilunio acaeció el lunes 23, época en que –por estas latitudes– la luna llena se levanta sobre el mar pasadas las 20:30 h (hora solar), coincidiendo con las últimas luces del día. Asimismo, el cuarto menguante acaeció el martes 31, siendo que la luna apunta sobre el mar pasadas las 02:00 h. Así, de entre todos los días posibles, el lunes 23 es el que mejores condiciones horarias y lumínicas ofrece, decayendo éstas conforme avanzan los días al retrasar la luna su salida y menguar en su intensidad, hasta el punto que, ya a partir del primero de junio, se antoja poco probable que el rey y sus caballeros se aventurasen en una cabalgada nocturna.

Pero, ¿cómo es posible que al-Azraq previese la llegada de Don Jaime? Esta circunstancia podría explicarse desde el perfecto conocimiento del territorio y de los acontecimientos que se ultimaban en las medinas de Játiva y Denia. No habría pues que descartar que la emboscada se dispusiera en el único punto de paso obligado en el camino que desde Játiva llevaba a la costa: el paso que unía los valles de Albaida y Bayrén, en el término de Rugat. Tampoco abría que descartar que la atalaya de Alimarén y el balcón de l’Ullastre, elevados sobre la dorsal nororiental de Benicadell y sobre el propio castillo de Rugat, jugaran un papel destacado en la tarea de vigilar los movimientos de las huestes cristianas, aunque esto, probablemente, se adentra en los cenagosos terrenos de la ficción.

El padre Robert I. Burns llevaba razón: Seguir les passes a l’esmunyedís senyor mudèjar per entre els matolls de l’aliena documentació cristiana és una faena ben desagraïda [16]. Aunque, como se ve, tampoco resulta sencilla la empresa de perseguir los movimientos del rey cuando éste pone todo su empeño y medios en eliminar cualquier tipo de rastro que pudiera desmerecer su cometido.


[1] Así refiere el capítulo 356 de la Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer Rey d'Aragó, de Mallorques e de Valencia compte de Barcelona e de Montpesler el intento de magnicidio que sufrió el rey Jaime I por parte del wazir al-Azraq: (…) car anch sarray nons trenca fe quens hagues promesa per rao de castell quens hagues promes de retre de Lançrat en fora en lo feyt de Rogat (…)

[2] Se trata de Muhammad Abu Abd Allah ibn Hudayl, conocido por el sobrenombre de al-Azraq.

[3] El Pacte del Pouet, como popularmente se conoce al Convenio que el wazir al-Azraq y el infante Alfonso de Aragón suscribieron en abril de 1245 junto a un pequeño pozo o fuente –apud puteulum–, recoge las condiciones para la capitulación de los castillos y los términos que al-Azraq poseía en el macizo montañoso entre Alcoy y Denia. Sin entrar en mayores detalles y consideraciones, éstas consistían en la entrega inmediata de los castillos de Pop y Tarbana, la reserva vitalicia de Alcala y Borbuchen, y la custodia temporal de Margarita, Churolas, Castiel y Galinera por espacio de tres años, a rentas compartidas, con el compromiso de librarlos una vez vencido el plazo.

[4] Según la versión romance del Pacto: El uno dizen Pop, et el otro Tarbana, et Margarita, Churolas, Castiel, Alcala, Galinera et Borbuchen, que actualmente vendrían a corresponderse –con las debidas reservas y matizaciones geográficas– con los valles de Pop, Laguar, Tárbena, Castell de Castells, Seta, Alcalà, Ebo, Gallinera y Perputxent.

[5] Se trata de Don Pedro Ximén Carroz, noble que sirvió al rey Jaime I en las conquistas de Mallorca y Valencia, tras las cuales quedó al frente de las huestes que tomaron la medina de Denia y su zona de influencia, donde poseía el señorío de Rebollet.

[6] El naixement d’una colònia. Dominació i resistencia a la frontera valenciana (1238–1276)

[7] Ibídem.

[8] Al Azraq. Capitán de moros.

[9] Diana desenterrada.

[10] Libro segundo de la Crónica general de España.

[11] Jaime I sostiene en su Crónica que al-Azraq le había roto el Pacto; sin embargo, como bien ha constatado Josep Torró, el rey entra en contradicción al asegurar que al-Azraq le había tomado los castillos de Gallinera, Serra y Pego, siendo que el primero de los tres debía estar en su poder en virtud del Pacte del Pouet y difícilmente podía tomárselo si los feudales no se lo habían arrebatado antes.

[12] Capítulo 307 de la Crónica de Jaime I.

[13] Documentos de Jaime I de Aragón, II (1237–1250)

[14] Josep Torró sugiere que, per coherencia geográfica, sembla que Laguar hauria d’haver estat abans enpoder d’al-Azraq: la captura del Castell, potser, va precedir les negociacions de rendició.

[15] Fue el infante Don Alfonso de Aragón quien convino con al-Asdraq, actuando como testigos Don Pedro Maza, Don Guillermo Hugo, Don Pedro Sanz, Don Gombaldo (de Entenza) y Don Raimundo de Montpelier.

[16] L’Islam sota els Croats. Supervivència colonial en el segle XIII al Regne de València.

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Cuelgo aquí el artículo en su formato final.

 

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