28/04/2010 – Señales (II)

Anoche sucedió algo imprevisible y, a la vez, muy difícil de conseguir, tan difícil que ni intentándolo mil veces se volvería a repetir. Carlos Serrano y yo tomábamos unas fotos en el castillo de Perputxent y estábamos a punto de marchar. Él se encontraba a la entrada del castillo realizando una última toma; yo me había desplazado torre abajo, junto a una chumbera que tenía controlada con el fin de emplearla como primer plano: compuse la escena, iluminé con el flash y aguardé los cerca de tres minutos que había calculado para una correcta exposición. Cuando visioné la foto en el pantalla de la cámara esto fue lo que me encontré.

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Se trata de una polilla cazada en pleno vuelo, una mera anécdota si no fuera porque tiene su historia detrás. Al igual que sucedió con el almendro de al-Kanesia, la ficción que escribí para acompañar las imágenes que tomamos recoge la angustia que invadía al qa’id de Perputxent tras conocer que los feudales habían violentado a su mujer y tomado cautivos a sus hijos. Tanta era su desesperación que se asomó al precipicio tentando el suicidio, mientras se encomendaba a Allah, el Compasivo, el Misericordioso. A buen seguro que parecerá una casualidad a quien no estuvo allí, escuchando los lamentos de quienes lo perdieron todo en aquella cabalgada, pero Carlos y yo sabemos que nada es casual porque aquella noche los espíritus estaban receptivos.

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15/04/2010 – Cabalgada feudal en al-Kanesia

La tarde del domingo 28 de marzo, aprovechando mi estancia en Perputxent, me acerqué hasta la alquería de al-Kanesia. Nada especial buscaba con aquella visita salvo estudiar posibles encuadres y pasar la tarde con la familia. 

Al día siguiente, después de fotografiar el castillo de Perputxent con Carlos Serrano, decidí presentarle el despoblado de al-Kanesia. Aquella noche el cielo no acompañaba en exceso pero nos vinimos con un proyecto de foto memorable. El encuadre prometía: el castillo de Perputxent asomaba sobre los tejados de dos viviendas moriscas; en primer plano, un almendro reforzaba la sensación de profundidad y redondeaba la escena. Para más colmo, la foto estaba orientada hacia el Norte, de modo que una circumpolar completaría la toma. Se trataba de regresar en una noche oscura y despejada con el fin de iluminar las dos viviendas moriscas, el almendro y el castillo de Perputxent -para ello era necesario que uno de nosotros se desplazara a los pies del castillo y lo iluminara con un potente foco desde abajo-; la circumpolar haría el resto.

al-Kanesia

El día 9 de abril, tras diez días de espera, estábamos de regreso. La luna no aparecería hasta bien pasadas las 4:00 y la previsión de nubosidad era nula: la noche resultaba perfecta y a eso de la medianoche nos presentamos en el lugar. Recuerdo que aquella noche estrené la Canon EOS 50D, y que el primer disparo lo reservaba para aquella foto; pero algo se cruzó, fatalmente, en nuestro camino…

Durante esos diez días escribí una ficción para contextualizar nuestro trabajo fotográfico en el valle de Perputxent: una cabalgada feudal en las alquerías del valle acaecida el lunes 20 de mayo de 1258, pocos días antes de que las huestes de Jaime I incursionaran los dominios de al-Azraq desde Cocentaina. En la cabalgada –recogía en la ficción-, los feudales realizaban todo tipo de fechorías, entre ellas talar cuantos árboles frutales encontraban en las inmediaciones de las alquerías. Y -como una premonición- eso fue precisamente lo que sucedió con nuestro almendro, que a nuestra llegada a al-Kanesia lo encontramos tronchado.

Tala feudal

Tardé unos días en salir de mi asombro e incluso hoy continúo sopesando las palabras de Carlos cuando me dijo: ahora que tus protagonistas te han mostrado lo que fastidia la tala de un árbol, mejor podrás transmitir ese pesar en tu novela. Ayer regresé a al-Kanesia por documentar los efectos de la tala: no tuve ánimos para hacerlo antes.

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06/04/2010 – Canon EOS 50D

Apenas bastaron un par de salidas nocturnas con Carlos Serrano para comprender que mi Canon EOS 450D no podía seguir el ritmo de su Canon 5D Mark II. Fotografiar sin luna resultaba un reto imposible, y el ruido lumínico y cromático deslucía el resultado de toda una noche de trabajo. Decidí jubilar mi cámara y adquirir otra con una mejor relación señal/ruido a ISO’s altos: la Canon EOS 50D. Esta nueva adquisición, unida al gran angular Canon 10-22 mm f3.5-4.5 EF-S, será desde hoy mi compañera de viaje.

Canon EOS 50D

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