15/06/2009 - La Cova dels Nou Forats en el entramado defensivo de Perputxent

Durante estos días he redactado un artículo que se incluirá en el libro de las fiestas patronales de Beniarrés 2009. El artículo se titula: Aproximación a las funciones de la Cova dels Nou Forats en el sistema defensivo de la vall de Perputxent durante las revueltas de al-Azraq (1247-1258): memoria de una ficción, y es un refrito convenientemente enlazado de las informaciones aparecidas en este blog acerca del entramado defensivo de Perputxent en el periodo previo a la conquista feudal. Para leerlo y/o descargarlo, pinchar sobre la imagen.

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09/06/2009 - Incursión en los territorios de al-Azraq (5): asedio en Gallinera

 

(…) E exim lo diuenres apres Pascha de Xatiua, e fom a Cocentayna,
e haguem ardit quels Richs homens uenien, e quen hauia en Ualencia vna partida.
E quan uench al dijous a anant fom nos auengut ab lalcait de Planes, e de Caslell, e de Pego.
E en laltre dia hoyda la missa anam nosen a Alcala, e nons hi gosa esperar, e mudas a Galinera.
E nos anam a Alcala, car ali tenia son alberch major que en altre logar.
E no uolem dir totes les coses quey foren feytes, car seria alongament del libre:
mas al •VIIIe• dia cobram Alcala, e Galinera, e •XVI• castells quens hauia emblats e tolts,
e feu couinença ab nos que exis de nostra terra per tostemps sens que james noy tornas.(…)

 (Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer…, 376)

 

(…) E dix axi: Aladrach uos a preses alguns castells en terres de Ualencia, e nous ho gosauem dir.
(…) E dixem: Sabets quins castells nos ha preses? E el dix: Galaner, e Serra, e Pego. (…)

 (Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer…, 361)

 

El castillo de Gallinera se asienta sobre una cresta rocosa de muy difícil acceso, situada en las estribaciones orientales de la serra de la Foradada, a 475 metros de altitud. Se trata de una fortificación con forma alargada, de unos 150 metros de longitud por apenas 33 de anchura máxima, con orientación NE-SW, que cierra la entrada a la vall de Gallinera desde la planicie costera.

Los restos arqueológicos permiten datar su construcción en la época post-califal, posiblemente a finales del siglo XI o principios del XII, aunque casi todos los elementos arquitectónicos visibles en la actualidad corresponden a una reconstrucción del castillo realizada a finales del siglo XIV, tras el terremoto de 1396. El recinto amurallado presenta lienzos totalmente almenados y al menos ocho torreones de diversa factura distribuidos a lo largo de su perímetro; en su interior puede observarse un gran albacar, dos aljibes y la que en su día fuera la torre del homenaje. El acceso al castillo se realizaba en recodo, a través de una puerta situada a Levante y custodiada por una torre defensiva y un corredor abierto entre dos lienzos de muralla.

Pero el castillo de Gallinera fue importante por dos cuestiones: 1) porque propició la ruptura del pacto de Alcalà y, por tanto, el inicio de las hostilidades, y 2) porque fue el lugar desde donde al-Azraq negoció con Jaime I las condiciones de su destierro. Así, la revuelta tuvo su origen y su final en este lugar de tan difícil acceso, donde no era de extrañar que las acémilas se despeñaran.

Gallinera 2

Al castillo de Gallinera subí por dos veces. La primera me quedé a sus pies, incapaz de encontrar la senda que debía llevarme hasta él. Me maravillé con su arquitectura y, sobre todo, con el enorme esfuerzo que debió suponer su construcción en un lugar tan escarpado. La segunda, sin embargo, comprobé las dificultades de su acceso, pero una vez alcanzado el objetivo me fascinaron sus impresionantes vistas hacia la vall de Gallinera y, también, hacia la llanura costera de la Marina Alta y la Safor. Al igual que sucede con el fortín de Alimarén en la sierra de Benicadell, su situación fronteriza le permitía observar los movimientos de las tropas enemigas y alertar a los territorios del interior, dado que mantiene comunicación directa con todo el sistema defensivo de Gallinera, esto es, con el hisn de al-Qal'a y las torres de Mathquba y Alpatró. Ya con la noche bien cerrada me acomodé entre sus almenas -los pies colgando en el precipicio y la mirada perdida en el valle- y me asomé al balcón de Gallinera. Con muy poco esfuerzo pude abstraerme de la contaminación lumínica a mi espalda y centrarme exclusivamente en lo que me había llevado hasta allí: el asedio al castillo de Gallinera o, lo que es lo mismo, los últimos días de al-Azraq en aquella tierra. En el fondo del valle, junto al pedregoso cauce del río Gallinera, los fuegos del campamento cristiano emanaban olores que retorcían las tripas de quienes -apostados como yo entre las almenas- racionaban los últimos mendrugos. Esa fue, precisamente, mi cena: un mendrugo de pan, agua y el olor de un fuet sabrosísimo que, para escarnio de mi apetito, me propuse no catar. El pan estaba duro, tanto que se desmigaba en las manos y me hirió en la boca. Abajo, los acordes del laúd animaban la velada; arriba, sin embargo, los ánimos decaían y, cada tanto, el silencio se quebraba con la plegaria del famélico, con la sorda llantina de la madre, con la zozobra que inunda el pecho de quien se sabe desahuciado. Pronto, el vino del campamento silenció la música y un grito restalló en la noche: ¡perros sarnosos, rendíos! Tras cinco días de asedio, el granero estaba vacío y las ballestas aguardaban, mohínas, junto a las almenas. De nada servía maldecir su traición: tres días después, el wazir capitulaba sus castillos. Fue el último lunes de la primera jumada del año 656 de la Hégira cuando al-Azraq y sus qwwwad abandonaban la tierra que les vio crecer, camino de Castilla, camino del destierro. Contaban quienes le vieron cruzar por Planes, que el wazir cabalgaba erguido y que al pasar junto al castillo lloraba como un niño.

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