30/05/2009 - Incursión en los territorios de al-Azraq (3): husun de Planes y Margalita

Hisn de Planes

El castillo de Planes se encuentra en lo más alto de una colina, a 470 metros de altitud, rodeado por las casas de la villa que le da nombre. Presenta un recinto poligonal fortificado de 220 metros de perímetro y unos 2900 metros cuadrados de superficie, así como un buen número de remodelaciones debido al uso continuado desde su construcción y, también, a su integración en el casco urbano. De la época musulmana conserva la barbacana de tapial que rodea buena parte del perímetro castral, formando una plataforma de unos 5-6 metros de anchura bajo las murallas. Estas se levantaron mediante la técnica de tapial sobre un basamento de mampostería que se ajusta a las irregularidades del relieve, alcanzando en algunos lugares una altura superior a los ocho metros. Un adarve o camino de ronda recorría la coronación de un recinto amurallado que estaba totalmente almenado y que presentaba nueve torres distribuidas a lo largo de su perímetro.

Una de las construcciones más interesantes es, sin duda, el acceso triplemente acodado que actualmente puede observarse en la fachada sud-oeste, flanqueado por dos torres defensivas ataludadas y un doble muro a modo de corredor. Sin embargo, este no era el acceso musulmán original, como así lo explica José Luis Menéndez Fueyo en un interesante artículo titulado La puerta del castillo de Planes (Alicante): una aportación al estudio de las puertas en recodo en fortificaciones de ámbito rural en época almohade, fruto de las excavaciones arqueológicas preliminares incluidas en el proyecto de restauración del poblado fortificado de Planes de la Baronía promovido por la D.G. de Patrimonio Artístico de la Consellería de Cultura, Educación y Ciencia, trabajos que se llevaron a cabo en 1995 bajo la dirección del propio José Luis Menéndez y de Santiago Varela, arquitecto de la Dirección Territorial. Según las evidencias arqueológicas y arquitectónicas encontradas, es muy posible que el acceso original se realizara desde el norte, obligando a que el visitante recorriera el pasillo entre la muralla y la barbacana hasta llegar a las dos torres defensivas situadas al sur, franquease sendas puertas abiertas bajo la primera torre, atravesara el corredor entre torres, franquease otras dos puertas -esta vez situadas en recodo bajo la segunda torre- y, finalmente, accediera por la rampa que desemboca en el interior de la fortaleza. Todo este recorrido, como es de suponer, estaba salpicado de almenas, torres y aspilleras que, en su caso, trataban de impedir el asalto del castillo. Este sistema de ingreso se ha fechado en el primer tercio del siglo XIII y se expone a continuación, en una reconstrucción aparecida en el citado artículo.

Pero quizá no sea éste el descubrimiento arqueológico más importante. En otro más que interesante artículo del mismo autor, titulado: El castell de Planes (Alicante): un poblado fortificado almohade a la luz de los nuevos descubrimientos arqueológicos, se informa del hallazgo de una trama urbana que confirma la existencia de un poblado con carácter permanente fechado en la primera mitad del siglo XIII. El trazado urbano apareció al abrir una trinchera longitudinal de dos metros de anchura -entre el aljibe situado al este y el lienzo de la muralla oeste- en los rellenos efectuados durante el período feudal, mostrando los ejes N-S de tres calles paralelas entre sí y flanqueadas por viviendas unicelulares construidas mediante fábrica de tapial sobre una cimentación de mampuestos irregulares, rematadas con un enlucido de mortero de cal o yeso y techadas con teja curva.

El hallazgo de la trama urbana en el interior del hisn de Planes, como sugiere Menéndez Fueyo, permite disponer del suficiente margen de seguridad para comenzar a admitir la concentración poblacional en núcleos fortificados con carácter permanente a lo largo de la época de dominio almohade; sobre todo, en momentos donde, tras la pérdida de Cuenca y Huete y la fallida expedición de recuperación por tierras del Sharq al-Andalus (Huici, 1969) se opta por establecer puntos fortificados en lugares de paso con la misión de defender la débil estructura castral del cada vez más reducido territorio almohade, concentrar la población y poner en valor las tierras de cultivo (...) Además, merece la pena recalcar esta reflexión para desechar la tradicional idea de que estos recintos actúan a modo de albacares donde en su extensa planicie podrían encontrar refugio el ganado y lo dispersos habitantes que poblaban las alquerías (...) Al respecto de esta controversia, en un artículo titulado Fortificaciones en yibal Balansiya. Una propuesta de secuencia, Josep Torró admite la excepcionalidad de la fortificación de Planes pero expresa sus dudas acerca del carácter residencial permanente de esta tipología defensiva, insistiendo en que normalmente no se trata de residencias estables, sino de alojamientos provisionales complementados con instalaciones auxiliares, como establos, hornos, almacenes, graneros, pensadas para sostener a un grupo numeroso de gente durante los días de peligro. Según Torró: Una celda, un habitáculo, no debe confundirse, de ninguna manera, con una verdadera casa. Sin ánimo de entrar en valoraciones que no me corresponden, resulta evidente que el contexto histórico del primer tercio del siglo XIII predispone a que las urgencias defensivas derivadas de la ofensiva feudal (necesidad de eludir las razias, el destierro, la muerte o, peor aún, el cautiverio) propiciaran el desarrollo de tan variados sistemas defensivos como pueden observarse en los territorios de al-Azraq: husun rurales con albacar, torres de alquería, poblados fortificados, cuevas-ventana de acantilado, fortines, reformas en castillos de época taifal e incluso anteriores, graneros fortificados... Entiendo, por tanto, que la fortificación del poblado de Planes -residencial o no, provisional o permanente- responde a una tipología defensiva más de entre las muchas que se originaron por aquellas fechas. A mí es lo único que me incumbe. Sin embargo, aunque responda a las mismas necesidades defensivas que el resto, sí parece que la construcción de semejante trama defensiva exceda la capacidad organizativa de una aljama rural. Es una lástima que, a la luz de las evidencias encontradas en el castillo de Planes, las excavaciones no se hayan extendido al resto del recinto; de esta manera podríamos completar la estructura arquitectónica del poblado y, lo más importante, profundizar en el conocimiento de esta interesante y singular tipología defensiva.

Dejando a un lado los interesantísimos aspectos arqueológicos y arquitectónicos referidos, el hisn de Planes fue importante por el papel que –al menos en mi ficción– jugó durante el levantamiento promovido por al-Azraq. A este respecto, cabe recordar lo expresado en el post [14/02/2009 - A vueltas con el traidor de al-Azraq: así comenzó la leyenda]. Como sabemos, el de Planes fue un castillo de trascendencia estratégica puesto que abría/cerraba el paso hacia los dominios de al-Azraq desde el interior. No voy a repetir lo dicho en el referido post, sólo recordar que el propietario del castillo y la villa de Planes era un musulmán hacendado llamado Avinzalmo, que se trasladó hasta Planes en 1239 tras la conquista de la ciudad de Valencia, que llegó a ser consejero de al-Azraq y que, por motivos que aún desconozco -aunque intuyo-, terminó por traicionarlo.

Hisn de Margalita

El castillo de Margarida corona la parte superior de un espectacular risco de la sierra de Cantacuc, a 720 metros de altitud. Sus escarpadas paredes de más de 20 metros de altura forman una defensa natural inexpugnable que hacen innecesaria la construcción de una muralla. Actualmente, sólo se puede acceder al recinto por medio de la escalada, pero antiguamente se hacía a través de una escalera o rampa artificial construida en la parte sud-oeste, de la que sólo quedan evidencias en forma de excavaciones y taladros sobre la roca en la parte baja, así como de un trozo de pared de mampostería y los últimos peldaños excavados sobre la roca en la parte alta. Cuentan en Margarida que la escalera de acceso se voló con dinamita sobre 1930.

En la parte superior, el hisn de Margalita poseía un pequeño abrigo en forma de habitáculo o torre de unos 4x5 metros de planta, construido en mampostería, del que subsisten tres de sus cuatro paredes; asimismo, queda un pequeño muro defensivo levantado junto al tramo final de la escalera con la finalidad de defender el acceso. En la parte inferior, pueden verse los restos de lo que fueron dos aljibes excavados en la roca, ahora cegados.

El hisn de Margalita aparece en el documento del Pacto de Alcalà como uno de los ocho castillos en posesión de al-Azraq, constituyendo su principal referencia histórica.

A los pies del hisn de Margalita discurre el barranc de l’Encantà, desde donde tomé esta foto tras más de cuatro horas esperando a que las nubes decidieran entrar en el plano. La espera valió la pena, no por la foto, sino por la siesta que disfruté a la sombra de los pinos, acompañado –cómo no– por el incansable reclamar del cuco que, constantemente, me recordaba el nombre del lugar donde me encontraba.

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BIBLIOGRAFÍA

· José Luis Menéndez Fueyo. La puerta del castillo de Planes (Alicante): una aportación al estudio de las puertas en recodo en fortificaciones de ámbito rural en época almohade. Boletín de Arqueología Medieval, nº9 (1995)

· José Luis Menéndez Fueyo. El castell de Planes (Alicante): un poblado fortificado almohade a la luz de los nuevos descubrimientos arqueológicos. Recerques del Museu d'Alcoi, V (1996)

· Josep Torró Abad. Fortificaciones en yibal Balansiya. Una propuesta de secuencia. Castillos y territorio en al-Andalus (1998), pp. 385-418.

· Centre d'Estudis Contestans. El Comtat, una terra de castells (1996)

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21/05/2009 - Incursión en los territorios de al-Azraq: la batalla de Binnah Qatal

 

E sobre aço anaren la, e los sarrains tenien •II• pugs, •I• deça la pena, e laltre dela,
si quels nostres ab cauals armats e ab homens a peu los hagueren a combatre,
e tolgren los aquel pug que era de la part dels nostres.
E aqui mori Abetibassol que era lo meylor sarray que Almaçarich hauia,
el pus poderos, e encara de ualor ualia plus que ell.
E ab la ajuda de Deu ueeren los chrestians quel pug perderen los della,
e els sarrains qui eren dessa ueeren que Abenbaçol fo mort,
e mudaren se en aquel pug dela:
e els chrestians cuydaren se que nol desemparassen,
e no meteren guardes al peu del pug.
Els sarrains exirernsen tots, e anarensen recuylir a Alcala en terra Dalaçrach.
E daqui enant preferen ardiment los chrestians, e fo baxat lo poder dels sarrains.
E dura la guerra be per •III• anys o per •IIII•
que Alaçrach parlaua pleyt ab don Manuel frare del Rey de Castella primer,
e puys ab lo Rey de Castella.

(Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer…, 371)


Quo in loco quendam castrum, qui dicitur Pennacatel,
quod sarraceni funditus destruxerant,
multis et firmis edificiorum munitionibus rehedificauit,
atque muro inexpugnabili undique cinxit, firmiterque illud construxit.
Tam militum quam peditum multitudine ómnibus
armorum generibus sufficienter minitum,
prefatum castrum tandem minium miniuit:
panis etiam uini et carnis copia illud copiose repleuit.

(Historia Roderici apud Menéndez Pidal, R., La España del Cid, 1929, II, 949)

 

Numerosas crónicas medievales refieren la existencia de un castillo en la sierra de Benicadell (Penna Cadiella, Penacatel, Penacadell, Peña Catir, Binnah Qatal…). Respecto a su ubicación existen al menos dos teorías. Algunos historiadores, como R. Menéndez Pidal, lo sitúan en el castillo de Carbonera (teoría carente de fundamento puesto que existen documentos del siglo XIII que los diferencian expresamente); otros, como Pierre Guichard, concluyen que éste debió encontrarse en la cima, en lo que denomina El Pic, a 1104 metros de altitud. Todos coinciden, sin embargo, en destacar su importancia y en asegurar que la fortaleza tenía un formidable valor estratégico y un considerable tamaño.

En un trabajo titulado “El castillo de Penna Cadiella en la sierra de Benicadell”, publicado en el volumen XXIII.2 (2002) de la revista al-Qantara del CSIC, Vicente Carlos Navarro Oltra ahonda en la teoría que lo sitúa en El Pic, sirviéndose de numerosas referencias y/o evidencias documentales, geográficas y arqueológicas para basar sus hipótesis, pero, fundamentalmente, de un ingenioso y pormenorizado análisis de lo referido en los capítulos 370 y 371 del Llibre dels Feyts o Crónica de Jaime I, donde se relata el hostigamiento al que fue sometido por parte de los hombres de al-Azraq y la posterior intervención de las huestes jaiminas llegadas en refuerzo para levantar el asedio.

Al respecto de la fecha en que pudo acontecer este hecho en cuestión, Josep Torró lo sitúa entre mediados de 1248 y principios de 1250, es decir, durante los primeros meses/años del levantamiento andalusí. Puede que lleve razón dada su importancia estratégica, puesto que desde el hisn de Binnah Qatal se controlaba el camino que, vía Játiva, unía Valencia con Cocentaina, anticipando cualquier movimiento de tropas en la zona. En palabras del propio Jaime I: …car si Penacadel se perdia lo port de Cocentayna se perdria, que no gosaria hom anar a Cocentayna, ni Alcoy, ni a les partides de Sexona, ni a Alacant per negun loch, e seria gran desconort dels chrestians… Así, resulta muy probable que una vez afirmado el levantamiento en el interior de los valles, al-Azraq decidiera asegurarse el control de la frontera septentrional mediante la toma del castillo de Benicadell, de ese modo evitaba también la presión psicológica de sentirse permanentemente observado (la figura del Benicadell se contempla desde buena parte de los castillos que formaban parte de sus dominios del Moro)

Unas semanas antes de visitar la cima de Benicadell, tuve la ocasión de leer el artículo de Navarro Oltra, de modo que cuando llegué al lugar ya sabía qué debía comprobar y hacia dónde debía mirar. Por lo que conocía de Benicadell, me parecieron muy acertadas sus apreciaciones durante la lectura y, después de constatarlas sobre el terreno, las continúo teniendo en consideración.

Llama la atención la evidente ausencia de restos arquitectónicos –salvo el pozo existente en la cima y un recinto de unos 5 metros cuadrados junto al actual vértice geodésico que parece perfilado sobre la misma roca–, pero conociendo lo escarpado de la orografía y, sobre todo, la importancia estratégica que le confieren los documentos medievales, no sería de extrañar que en alguna fecha posterior a la segunda mitad del siglo XIV los feudales decidieran arrasarlo para evitar que pudiera caer en manos del enemigo. No sucede lo mismo con los restos arqueológicos, puesto que en nuestro viaje encontramos numerosísimos restos cerámicos dispersos por toda la zona como el de una vasija que encontramos en el Alt de Benicadell y que se muestra en la foto.

A raíz de lo expresado en el Poema de Mio Cid (ganaron Peña Cadiella, las exidas e las entradas) y, también, por lo que puede deducirse del episodio 371 de la Crónica, Navarro Oltra sugiere que el castillo de Benicadell podía disponer de dos puertas, situadas a Levante y Poniente aprovechando la orientación natural de las dos crestas calcáreas que impiden el acceso desde cualquier otro punto cardinal. Así, las murallas estarían trabadas entre las crestas y tendrían una longitud aproximada de unos 160 metros, alojando El Pic en su interior. Respecto de su arquitectura, según la Historia Roderici, sabemos que el Cid reconstruye muchos y fuertes edificios a los que aprovisiona con todo lo necesario y rodea de un muro inexpugnable. Asimismo, la Crónica de Orderico Vital señala la existencia de dos torres inexpugnables. Por otra parte, tras el análisis de lo expresado en el pasaje 371 de la Crónica deduce que:

   a) los hombres de al-Azraq poseen dos cerros situados a ambos lados del castillo.

   b) pese a la mayor altura del lugar donde se ubica el castillo, ambos cerros resultan visibles entre sí.

   c) se puede ir de un cerro al otro sin tener que pasar por el castillo.

Binnah Qatal Así, conjetura que los dos cerros desde donde los hombres de al-Azraq asediaban el hisn de Binnah Qatal eran el Guatleró (a 775 m) y el Alt del Benicadell (actualmente el Alt de la Nevera, a 1047 m), a uno y otro lado de El Pic. Apoya esta hipótesis en variados y, a mi parecer, muy acertados motivos, literalmente:

   1. Estos dos cerros sobre los que se establece la tropa de al-Azraq debían ser dos posiciones de cierta altura respecto al inmediato entorno circundante con el fin de poder defenderse de un posible ataque por sorpresa de los soldados del castillo o incluso hacer frente, desde una posición ventajosa, a tropas llegadas en auxilio del castillo.

   2. Los dos cerros no debían estar lejos del castillo para que los asaltantes pudieran controlar o incluso cerrar las sendas por las que llegar o salir de él. Pero a su vez debían estar lo suficientemente lejos para mantenerse fuera del alcance de las armas arrojadizas que pudieran tener los ocupantes del castillo.

   3. Estos dos cerros debían ser lugares suficientemente espaciosos y seguros, por lo que a su defensa se refiere, para poder albergar la tropa que asediaba y cercaba el castillo. Es obvio que la cantidad de hombres que compone el grupo de los atacantes ha de ser superior a la de los asediados.

   4. El que un cerro fuera visible desde el otro facilitaría la coordinación a la hora de atacar el castillo, de llevar a cabo cualquier acción y sobre todo de estar informado de lo que pasaba en cada uno de ellos.

Benicadell

Respecto de la guarnición que custodiaba esta fortaleza, según la Crónica de Orderico Vital sabemos que en tiempos del Cid permaneció un grupo de sesenta soldados, una cantidad de hombres considerable si tenemos en cuenta que en 1273, Jaime I ordena a su alcaide, Juan de Montsó, custodiarlo con quince hombres. De este modo, se puede intuir que durante la batalla de Benicadell el castillo contaría con una guarnición semejante.

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BIBLIOGRAFÍA

· Vicente Carlos Navarro Oltra. El castillo de Penna Cadiella en la sierra de Benicadell. Al-Qantara, revista de estudios árabes, vol. XXIII.2 (2002)

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20/05/2009 - Cronología de un viaje donde cantaba el cuco

Entre los días 3 y 8 de mayo pude recorrer parte de los que fueron territorios de al-Azraq; aun con todo, quedaron muchos lugares por visitar y otros tantos a los que con toda seguridad tendré que regresar. Esta es la breve cronología de un viaje donde el reclamo del cuco nunca dejó de sonar y cuyos entresijos trataré de exprimir en próximas entradas:

El domingo 3 subimos hasta la Cova dels Nou Forats y realizamos un hallazgo arqueológico cuya importancia y repercusión está aún por saber. Todos los detalles al respecto se refieren en la entrada anterior.

DSC09825La mañana del lunes 4 visité la alquería de Benitàixer, situada en las inmediaciones de la Cova dels Nou Forats, aunque no debajo de ella ni con tan buena visual con respecto a ésta como supuse en un primer momento. Me acompañó el tío Paco de Fantaquí, quien me llevó hasta los mismos pies de aquello que resta de ella: apenas un muro construido mediante la técnica del tapial (tabiya). Es de suponer por proximidad que, ante cualquier incursión enemiga, los habitantes de Benillup y Benitàixer se refugiaran en la Cova dels Nou Forats, y que los de Alcanesia y l’Orxa hicieran lo propio en el castillo de Perputxent.

En la segunda etapa del viaje me acompañó mi amigo Jesús Cees. Así fue desde la tarde del lunes, cuando subimos hasta el castillo de Carbonera, en la vertiente norte del Benicadell. Accedimos en coche por el camino forestal que recorre la umbría de esta legendaria sierra fronteriza y, ya con el sol incendiando el horizonte, montamos el campamento en el mismo albacar del castillo, debajo de una carrasca, y cenamos a la luz de la luna mientras tratábamos de adivinar, por la magnitud de sus luces, los diferentes pueblos de la vall d’Albaida.

Pese a que la noche anterior tuvimos sesión fotográfica, el martes 5 nos levantamos con el alba. Subimos más allá del Alt de la Nevera, hasta aquello que Vicente Carlos Navarro Oltra, en un interesantísimo artículo titulado “El castillo de Penna Cadiella en la sierra de Benicadell”, denomina el Alto de Benicadell. Constatamos la abundancia de restos cerámicos en un enclave que, según este autor, jugó un importante papel en el asedio musulmán que relata los capítulos 370 y 371 de la Crónica de Jaime I. Fue allí donde se supone que murió Abenbazol, «que era lo meylor sarray que Almaçarich hauia, el pus poderos, e encara de ualor ualia plus que ell». Desde allí nos dirigimos al Pic de Benicadell donde, por motivos que en su momento analizaré, es muy probable que se encontrara el hisn de Binnah Qatal que menciona al-Idrisi. Desde el vértice geodésico que corona esta formidable cresta calcárea se alcanza a ver –entre otros y según Cavanilles– los muros de la ciudad de Valencia y la isla de Ibiza. El día estaba brumoso, pero en cualquier caso la visual sobre las comarcas del Comtat y la Vall d’Albaida era amplia.

Descendimos Benicadell avanzada la tarde y ya con las últimas luces del día alcanzamos nuestro siguiente objetivo: la atalaya de Almaraién. Pese a la bruma diurna, la noche apareció despejada, lúcida, y las fotografías que tomé de este importante enclave defensivo fueron de las mejores que pude realizar en todo el viaje.

El miércoles 6 estaba destinado a ser un gran día, y no me decepcionó. Llegamos a los pies de la Serra Foradada a eso del mediodía, pero el rigor del sol aconsejó posponer la subida al castillo de al-Qal'a hasta que la tarde estuviera avanzada. Tan fuerte picaba el sol que decidimos darnos un baño en el gorg del Salt con el fin de mitigar el calor. Baño, comida y siesta nos proporcionaron la energía suficiente para afrontar, cargados como mulas, la subida hasta el castillo de al-Azraq, lugar que ya no abandonaríamos hasta el viernes 8 y al que a buen seguro no tardaré en regresar.

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10/05/2009 - Confirmado: la Cova dels Nou Forats es de origen andalusí

IMGP1087Por fin el tiempo nos ofreció una tregua y la tarde del domingo 3 de mayo subimos a la Cova dels Nou Forats pertrechados con seis tramos de escaleras de aluminio. Al poco de plantarnos bajo la oquedad que pretendíamos alcanzar comprendimos que la empresa no sería fácil, pero era precisamente esa dificultad por alcanzar nuestro objetivo la que permitió que los restos cerámicos que encontraríamos permanecieran a salvo del expolio durante más de siete siglos. Cosimos las escaleras mediante bridas y, no sin esfuerzo y riesgo, las colocamos junto a la boca de una de las cuatro cavidades a las que resulta imposible acceder por otros medios. Al apoyar el artilugio contra la pared, unas piedras cayeron sobre nosotros desde 14 metros de altura: había que extremar las precauciones. Carlos subió el primero. Cuando llegó a lo más alto, aún con los pies apoyados sobre los últimos peldaños, introdujo la mano en la oquedad y nos mostró dos fragmentos de cerámica de considerable tamaño; luego, me invitó a acompañarle. Con cada peldaño que subía, el corazón me latía con más fuerza y sólo cuando alcancé la boca de la cavidad conseguí serenarme: los restos cerámicos aparecían dispersos entre lo que parecía un derrumbe localizado de la bóveda. Levantamos dos piedras y aparecieron más fragmentos y algunos cantos rodados de morfología esférica que, muy previsiblemente, pudieron usarse como pesas de una balanza. No quisimos tocar nada, para qué, nuestra labor había concluido con éxito y ahora tocaba bajar. Colocamos las piedras donde las habíamos encontrado, tomamos tres fragmentos de diferente tipología y un trozo de madera de aspecto blanquecino de los que había en superficie, fotografiamos el derrumbe e iniciamos el descenso. Durante la bajada recuperamos una piqueta de madera incrustada en una grieta: ¡parecía imposible que hubiese resistido al paso del tiempo! Ya abajo lo celebramos con los demás, les mostramos el hallazgo y nos tomamos una foto de grupo.

Por la noche hablé con Ximo Andrés -mi estimado Gallo- y le pedí que consultara con el arqueólogo Bernat Martí cómo debíamos proceder y a quién teníamos que notificar el hallazgo. Ahora, los fragmentos recuperados aguardan en el Museu Arqueològic d’Alcoi su reconocimiento y datación por parte de los arqueólogos, aunque una cosa ya es segura: son de época andalusí y nuestro objetivo está más que cumplido. Es de esperar una pronta actuación por parte de la Administración que le corresponda, lo mejor es que restan tres oquedades por estudiar y es muy probable que se encuentren nuevos restos...

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La cova dels Nou Forats es una cavidad peculiar. Presenta una boca con forma circular de unos dieciocho metros de diámetro y una profundidad de tan solo ocho. Está formada por dos tipos de material: roca caliza y un detritus calcáreo ligeramente cementado muy meteorizado en su exterior. En su interior encontramos diez cavidades, nueve de ellas son artificiales y están excavadas sobre el material detrítico: seis abiertas en la mitad superior de la pared, a no menos de ocho metros de altura, y otras tres excavadas sobre la misma bóveda, ligeramente desplomadas. La cavidad restante es natural y está abierta sobre una grieta en la parte inferior de la zona rocosa. Cinco de las oquedades artificiales son accesibles y están de algún modo comunicadas entre sí mediante pasadizos y cornisas; sin embargo, las restantes son totalmente inaccesibles mediante escalada convencional y aún difícilmente alcanzables mediante el empleo de modernos sistemas de anclaje. Es de prever que para su excavación se emplearan escaleras confeccionadas con troncos, posiblemente de chopo dada su abundancia en la zona, así como por su esbeltez y menor peso respecto de otro tipo de maderas; pero, cuál era su función.

El día que presenté nuestro hallazgo cerámico en el Museu Arqueològic d’Alcoi, José María Segura Martí, su Director, me dio la respuesta. Casualmente, Josep Torró Abad y él habían publicado un artículo a este respecto, aparecido en el nº 9 de la revista Recerques del Museu d’Alcoi (2000) y titulado: “El castell d’Almizra y la cuestión de los graneros fortificados”. Entre otras cuestiones, recogen los estudios de Maryelle Bertrand y otros autores sobre aquello que los etnógrafos franceses de la época colonial llamaron greniers de falaise (graneros de acantilado), una especie de almacenes comunales de índole troglodita existentes en la cordillera del Atlas y otros lugares del Magreb que se encuentran excavados en relieves abruptos de difícil acceso y que hacían las veces de fortificación en épocas de fuerte agitación social. Su similitud con las llamadas coves-finestra de cingle existentes en la geografía valenciana hace suponer que éstas tuvieran las mismas funciones, sólo que parece que los graneros rupestres de época beréber son de época pre-islámica y los restos cerámicos hallados en nuestras coves-finestra confirman su utilización durante los siglos XII y XIII, no habiéndose encontrado hasta la fecha una conexión cronológica que permita asegurar que se crearon durante la época más temprana de al-Andalus, es decir, durante el siglo VIII. Tal vez –ojalá–, los restos cerámicos encontrados en la Cova dels Nou Forats ayuden a establecer esa conexión que actualmente no encuentran los investigadores.

Según estudios realizados en el alto Atlas occidental al respecto de los iguadar (una tipología de graneros fortificados), los productos que con mayor asiduidad se han encontrado en sus recintos son la cebada y el trigo, almendras, frutos de argán (del que se obtenía aceite para lámparas), mantequilla fundida, miel, aceite, sal gema, higos, pieles de oveja, armas y objetos de valor como vestidos de fiesta, servicios de té, vajillas de plata y balanzas.

Así pues, todo parece indicar que la Cova dels Nou Forats podía ser un granero fortificado puesto que reúne todos los requisitos para serlo: se encuentra en una zona abrupta fácilmente defendible pero de complicado acceso (de hecho, para acceder a la misma se debe escalar un escarpe rocoso vertical que en su parte más accesible supera los dos metros y medio de desnivel), está situado en un territorio de frontera y en las proximidades de dos alquerías (Benitàixer y Benillup), posee numerosos compartimentos donde cada familia podía almacenar sus víveres y, finalmente, hemos encontrado restos cerámicos que confirman su uso en época andalusí. Pero las necesidades de la ficción literaria me hacen ir más allá y considerar un aspecto de extrema importancia: su comunicación visual directa con todos los componentes del sistema defensivo del valle de Perputxent (castillos de Perputxent y Benicadell, atalaya de Almaraién y torre de Beniarrés). Así, no sería de extrañar que esta modesta fortificación natural (como lo son la inmensa mayoría de las fortificaciones andalusíes de la zona) jugara un papel importante en el sistema defensivo de este territorio de frontera, expuesto a las incursiones enemigas y necesitado, por tanto, de un modelo eficaz de comunicación, rápido, versátil y discreto como es el envío de mensajes mediante palomas mensajeras. Esta función como "central de telecomunicaciones" se complementaría con el uso defensivo de la cueva, aspecto sobre el que ya se ha hablado en otras entradas.

En definitiva, este hallazgo viene a demostrar que una ficción objetiva emanada de la observación, del tesón y de un estudio pormenorizado de los hechos puede ofrecer sus frutos en la realidad. La hipótesis de partida era bien simple: si los andalusíes habían dejado enseres en alguna de aquellas cuatro oquedades inaccesibles, existía una alta probabilidad de encontrarlas, puesto que, ante la dificultad por alcanzarlos, era de prever que –por fatigoso– nadie se hubiese tomado la molestia de imitar el sistema que siglos atrás emplearan quienes los excavaron. Hacía falta una buena dosis de entusiasmo e inconsciencia para llegar hasta ellos y nosotros, de ambas, andábamos sobrados.

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