21/04/2009 – Almaraién: el lugar donde nacía el humo

Almaraién

Ayer estuve en Almaraién (también conocido por La Barcella), un fortín-atalaya de origen andalusí ubicado en las estribaciones nororientales de la sierra de Benicadell. Accedí a pie, desde la CV-705, por el camino que lleva hasta el corral de Poldo. Por doquier, la sierra rezumaba el agua de las últimas lluvias y la caminata se convirtió en una amalgama de aromas y colores que –romero en boca– quise saborear. En la distancia, además, los repiques de campanas anunciaban la festividad de san Vicente Ferrer, soniquete que me acompañaría durante un buen trecho y que avivaría recientes cavilaciones acerca de posibles distancias de transmisión de señales acústicas.

El camino discurría entre las cumbres, siempre asomado a la vall d’Albaida, ofreciendo una panorámica distinta en cada revuelta. Y así, respirando las fragancias del tomillo, la santolina y el romero, llegué hasta Almaraién. El fortín se encuentra a 760 metros de altitud, coronando un collado completamente cónico. Se trata de un recinto defensivo de planta poligonal en el que todavía se distinguen los cimientos de lo que fueron cuatro bastiones levantados en sillería seca y algún lienzo de muro construido en tapial. El enclave se encuentra naturalmente protegido en su cara sur y oeste, donde un farallón rocoso hace innecesaria cualquier tipo de construcción defensiva. Los restos cerámicos encontrados en sus inmediaciones permiten datarlo entre los siglos XII-XIII.

Las nubes amenazaban lluvia y me encaramé a una de las torres para tomar una panorámica. Por la vertiente del valle de Perputxent, significar que existe visión directa sobre las poblaciones de l’Orxa y Planes, amén de otros muchos pueblos como Almudaina y Cocentaina. Asimismo, constatar su comunicación visual con la Cova dels Nou Forats, la Foradada y, sobre la sierra de l’Albureca: ¡la fortaleza de al-Qa’la!. Hacia el Norte, la vall d'Albaida se mostraba abierta, sin secretos. Entonces llegó la tormenta y, allí, encumbrado a Almaraién, asomado a los dos valles, sentí la fuerza de los elementos y me estremecí.

Perputxent desde Almaraién

Al respecto del fortín, me parece oportuno e interesantísimo reproducir un fragmento de la publicación El Comtat. Una terra de castells, editada por el Centre d’Estudis Contestans: «En el tall d’una gran cata clandestina realitzada a la zona nord de la plataforma es veu un potent nivell de cendres a uns 30 centímetres del sòl, que podria obeir a posibles focs antics accidentals de la serra o bé al posible abandó i destrucció del castell.» Durante la conquista feudal, Almaraién funcionó como un mirador estratégico donde los andalusíes controlaban los movimientos de las huestes feudales en el valle de Albaida y, en caso de peligro, alertaban a los habitantes de Perputxent mediante hogueras y señales de humo.

Por otra parte, según consta en el Archivo Histórico Nacional –pergamino 340, carpeta 518, correspondiente a la Orden Militar de Montesa–, el 8 de agosto de 1273 el rey Jaime I ordena a Juan de Monzón, alcaide de Penacadell, que averigüe la verdad sobre el lugar de Almaraién, entre los términos de Rugat y Perputxent, y en caso de pertenecer a Perputxent lo ponga a disposición de Ramón de Riusec. Esto se debe a un conflicto de lindes surgido entre Rugat y Perputxent al respecto de la citada partida. Aunque nada prueba que la partida de Almaraién corresponda con el lugar donde se ubica el fortín, es muy probable que así fuera, por dos razones: 1) las estrictamente geográficas, puesto que allí confluyen los términos municipales de l'Orxa, por parte de Perputxent, y Salem, por parte de Rugat y 2) por concordancia toponímica, pues según el Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance de Federico Corriente –Editorial Gredos, 1999– Alimara significa, precisamente, señal de humo.

Almaraién

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14/04/2009 – Primera incursión en el lugar donde aconteció "lo feyt de Rogat"

 

...E responem al Rey de Castella quens maraueylauem molt,
car ell nos pregaua de nostre dan,
car be sabia que Alaçrach nos hauia feyt gran mal e gran dan en nostra terra,
e que era uengut a nos ens hauia dit ques uolia fer chrestia,
e que uolia pendre vna parenta den Carroç per muyler.
E nos uinen a •I• castell de moros que ell tenia per nom Rogat en trastnuytada,
cuydans trahir, que nos no erem mes de •XXXV• cauallers,
e ell donans celada ab •VII• celades de moros, e ab gran brugit de corns e danafils,
e balesters quey hauia molts, e ab dargues.
E si no fos que nostre Senyor nos ajuda dell, haguera nos mort e cunfundut.
E •XVIII• chrestians quey hauiem enuiats quey establissen vna torre dela del castell,
pres los, e retench los...

(Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer..., 375)

 

En mi obstinación por confirmar las posibilidades de comunicación acústica entre la atalaya de Almaraién y la Cova dels Nou Forats por medio de timbales y/o añafiles (trompeta), he acordado con un amigo realizar una prueba. La distancia que separa ambos puntos (3.480 m) parece ser acústicamente insalvable, pero no podemos descartar esta posibilidad sin intentarlo. De resultar imposible la comunicación (muy apetecible por las posibilidades que la codificación de estos mensajes ofrece para la ficción), sabremos que los avisos se realizaban mediante fuegos nocturnos o humaredas diurnas o, más probablemente y para ser más discretos, mediante el envío de un trotero. Así, con el fin de tantear previamente el terreno, el pasado domingo de Pascua me propuse acercarme con el coche hasta Almaraién; sin embargo, la gran cantidad de barro y charcos que presentaban los caminos me hicieron desistir. Al final, el destino quiso llevarme hasta Aielo de Rugat, tierra de emboscadas, donde las ruinas del castillo de Rugat me aguardaban.

El castillo de Rugat se encuentra en la estribación nororiental de la sierra de Benicadell, en su parte umbría, coronando el Alto del Castellet a 492 metros de altura. Hacia el sector N-W se obtiene una magnífica panorámica sobre la Vall d'Albaida (Montaverner, Alfarrasí, Bellús, Benigànim, Quatretonda, Llutxent, Montixelvo, Castelló de Rugat, La Pobla del Duc...); sin embargo, hacia el sector SE-NW la panorámica se ve interrumpida por el macizo de Benicadell, sobre cuya silueta destacan l'Alt de l'Ullastre y les Penyes Altes, atalayas que conformaban el sistema de vigilancia de Almaraién en el conjunto defensivo de Benicadell oriental.

Del que fuera hisn Rogat sólo quedan en pie grandes lienzos de su muralla, en los que todavía se distinguen la puerta de acceso y los restos de algunas aspilleras, torres y almenas. En su interior, los vestigios del aljibe y de una torre, probablemente del periodo feudal, es cuanto supe reconocer.

Según la Consellería de Cultura: «Hasta finales del año 1258 no conquistó el Rey Don Jaime I el castillo de Rugat. Este año por concesión real, el caballero Artal de Foces, quien junto con Llop de Vailló y García Ortiz, había conquistado Onteniente, poseía los castillos de Bélgida, Carbonera, Palma, Borró, Vilella, Montichelvo y Rugat, además de la fortificación de la cima de Benicadell. Este rey había establecido algunos puntos avanzados, sin aventurarse de momento más al sur de Játiva y manteniendo, entonces, una buena relación de convivencia con los moros que poblaban toda la Vall de Albaida y también por el otro lado del Benicadell. El mismo rey Don Jaime cuenta, a través de su Crónica o Libro de los Hechos, cómo se rompió el periodo de convivencia con los moros que, acaudillados por al-Azraq, le tendieron una emboscada al engañarle sobre sus intenciones de convertirse al cristianismo y casarse con una mujer de la familia Carroz. Jaime I salvó su vida, pero no corrieron su misma suerte la gran parte de los caballeros de su escolta.» Evidentemente, esta información es incorrecta en lo sustancial y en ella habría mucho que matizar.

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