27/03/2009 – El sistema defensivo de Perputxent (y II)

 

En una ocasión, cuando su costumbre de avisar la llegada del enemigo
por medio de humo y fuego llegó a ser bien conocida,
los árabes ordenaron que estas prácticas se ejecutaran sin interrupción
hasta que el enemigo se acercara; entonces, las habrían de detener.
Así, los enemigos, que pensarían que la ausencia de fuegos
significaba que no los habían interceptado,
avanzarían impacientes y serían derrotados.

Sextus Julius Frontinus (Strategematicon libri, 2.5.16)


...E aqui fo don Pero Corneyl en celada ab sos caualls armats,
be luny mija milla: e la •I• sarrai exi defora,
e dix los que enuiassen •XX• cauallers bons, e altres,
e ell quels metria en dues torres, e a la crida que ells farien
que pensassen de uenir, o ab senyal de foch quels farien...

(Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer... 190)


...y cuando el vigía veía algún barco,
lo avisaba al emir y éste transmitía el aviso,
por medio de palomas mensajeras, a las costas,
a fin de que estuvieran preparados...

Al-Muqaddasi (Ahsan at-taqasim fi ma`rifat al-aqalimr)

 

En mayo de 1981, con motivo de su ingreso en la Real Academia de la Historia, el arabista Juan Vernet Ginés leía una conferencia titulada Historia, astronomía y montañismo donde se recogían numerosos indicios documentales sobre sistemas de transmisión de noticias mediante señales visuales utilizados desde la antigüedad hasta la época medieval. La conferencia no tiene desperdicio en su conjunto pero, en lo concerniente a la región y período que nos ocupa, destaca la descripción del dispositivo de almenares y atalayas que permitía la transmisión de las alertas fronterizas entre las capitales de los distritos militares andalusíes, sistema que se complementaba con un correo pedestre/ecuestre/marino con el fin de comunicarse con la capital del Califato: Córdoba. Las atalayas se situaban alineadas, vigilando las vías de comunicación y lugares de paso, y servían de enlace entre las guardias, fortificaciones y castillos fronterizos.

Siguiendo el hilo de Vernet, un interesantísimo artículo de Xavier Ballestín y Mercè Viladrich titulado Foc, fum, torxes i miralls: senyals visuals a l’època tardoantiga i altmedieval, se adentra en la búsqueda de evidencias aparecidas en los textos árabes del Islam medieval. Entre otros, el artículo recoge un texto de Abd al-Wahid al-Marrakushi donde se describe el procedimiento de transmisión de noticias empleado por los Omeyas, que permitía enviar un mensaje desde Alejandría a Trípoli en cuatro horas, y a Ceuta en una noche, saltando de fuego en fuego a lo largo de los ribat de la costa. Abstrayéndonos de estas complejas y fastuosas redes de comunicación visual que por el coste de su implantación y mantenimiento quedarían fuera de las posibilidades económicas y, sobre todo, necesidades defensivas de nuestro wazir, nos centraremos en otros sistemas de vigilancia y comunicación más modestos, aunque no por ello menos efectivos. Se trataría de un sistema de vigilancia local que, erigido en puntos estratégicos de buena visibilidad, se encargaría de alertar sobre los movimientos de las huestes enemigas en las zonas limítrofes. En la frontera septentrional de los territorios de al-Azraq esta función se practicaría desde la atalaya de Almaraién, enclavado en el sistema montañoso de Benicadell, dado que desde allí se tiene una excelente panorámica sobre las comarcas de la Safor y la Vall d’Albaida. Su proximidad al castillo de Rugat posibilita que fuera la atalaya de Almaraién el lugar desde donde el Moro tendiera la emboscada que a punto estuvo de acabar con la vida del aragonés, hecho que el monarca relata en el pasaje 375 de su Crónica: «…Alaçrach nos hauia feyt gran mal e gran dan en nostra terra, e que era uengut a nos ens hauia dit ques uolia fer chrestia, e que uolia pendre vna parenta den Carroç per muyler. E nos uinen a •I• castell de moros que ell tenia per nom Rogat en trastnuytada, cuydans trahir, que nos no erem mes de •XXXV• cauallers, e ell donans celada ab •VII• celades de moros, e ab gran brugit de corns e danafils, e balesters quey hauia molts, e ab dargues. E si no fos que nostre Senyor nos ajuda dell, haguera nos mort e cunfundut. E •XVIII• chrestians quey hauiem enuiats quey establissen vna torre dela del castell, pres los, e retench los…»

Desde la atalaya de Almaraién podía alertarse por medios acústicos (timbales, cuernos y añafiles), visuales (espejos o humo) o, en caso de una meteorología muy adversa, por medio de un mensajero pedestre (los caballos eran caros y escaseaban, más aún en tiempo de guerra). De entre todos los medios mencionados, los acústicos son los que mejor se adaptan para comunicaciones de corto recorrido, pues permiten la codificación del mensaje así como un mayor rango de uso en situaciones climatológicas adversas, estando contraindicado, solamente, cuando la intensidad y dirección del viento imposibilitan su cometido. Estas ventajas lo convertirían en el medio prioritario para la transmisión de mensajes locales. No obstante, existe otra posibilidad –o sistema de comunicación que aún no se ha contemplado-: las palomas mensajeras. Y aquí entramos en los terrenos de la ficción. Sabemos que la cultura andalusí era una perfecta conocedora de la cría de estas aves y, aún hoy, los palomares y los colombaires proliferan en cualquier pueblo de nuestras comarcas como un legado cultural silencioso. Así, podría ser que cuando la señal llegaba a la Cova dels Nou Forats, una paloma partiera con el mensaje hasta el castillo de al-Qal’a, que confirmaba su recepción con la suelta de otra: un medio sencillo, rápido y eficiente.

Este sistema de comunicación local mediante palomas requeriría la instalación de palomares en cada uno de los castillos. Estos palomares criarían sus propias palomas y, a la vez, albergarían las trasladadas desde otros castillos de modo que, cuando un castillo quería comunicarse con otro, sólo tendrían que soltar el ave correspondiente para que ésta se orientara hasta su palomar natal. Así, para que la comunicación resultase efectiva, alguien tenía que encargarse de distribuir las palomas entre los castillos periódicamente.

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BIBLIOGRAFÍA

· Juan Vernet Giner. Historia, astronomía y montañismo. Al-Qantara, revista de estudios árabes, nº 2 (1981)

· Xavier Ballestín y Mercè Viladrich. Foc, fum, torxes i miralls: senyals visuals a l'època tardoantiga i altmedieval. Fars de l'Islam, antigues alimares d'al-Andalus. Primeres jornades científiques OCORDE (2006)

· Miguel Angel Vivas Pérez. La transmisión de mensajes mediante señales ópticas: una visión de conjunto. Actas del III Congreso de castellología ibérica (2005)

· J. Ernesto Martínez Ferrando. Los correos de la curia regia en la Corona de Aragón a principios del siglo XIV. Analecta sacra tarraconensia, revista de ciencias histórico-eclesiásticas, vol. XVII (1944)

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21/03/2009 - Afinando sensibilidades: mi Canon, la noche y yo...

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Posiblemente, la razón más importante de procurarse un extenso archivo fotográfico a la hora de documentar un proyecto de ficción sea el reto que plantea la continua búsqueda de fuentes de inspiración. Esta búsqueda, sin duda, fomenta, amplía y mejora la percepción del mundo. La fotografía nocturna, además, ofrece una magnífica oportunidad de retrotraerse en el tiempo. Es justo cuando el mundo se detiene, cuando la oscuridad se adueña de la vida, cuando el cárabo llora y las estrellas aparecen en el firmamento, es justo en ese momento cuando, apoyado contra el lienzo de una muralla, o sentado a la entrada de una cueva, o plantado frente a la recortada silueta de una torre, puedes reconocer el pálpito de la emoción. Con un poco de suerte –si la contaminación lumínica y las luces de los aviones lo permiten– uno llega a sentirse un Homo sapiens junto a la boca de su caverna, un correo romano al que la noche sorprendió en su caminata, un wazir musulmán asomado al balcón de la noche, fascinado por el vívido tembletear de las estrellas. Es al abrigo de la oscuridad, en los más recónditos lugares de nuestros valles, donde manan las aguas de la inspiración, donde –con un poco de imaginación- todavía se escucha el aullido del lobo o los afinados acordes de la fídula, el arpa y el rabel.

La fotografía nocturna es una gran aliada: te obliga a reconocer el lugar en busca del encuadre idóneo, te afina la sensibilidad por la luz, te muestra el movimiento de los astros, el valor de la paciencia, de la soledad y el silencio.

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11/03/2009 - El sistema defensivo de Perputxent (I)

Ayer estuve en el valle de Perputxent, visitando dos enclaves de importancia defensiva en el sistema de Benicadell: la Cova dels Nou Forats y el castillo de Perputxent.

Por la mañana subí hasta la Cova dels Nou Forats y pude comprobar su buena comunicación visual con la desaparecida torre de Beniarrés y con las tres fortalezas que custodiaban el valle: el fortín-atalaya de Almaraién y los castillos de Benicadell y Perputxent. También constaté que el castillo de Perputxent carecía de una comunicación visual directa con las otras dos fortalezas, por lo que supuse que la Cova dels Nou Forats podía actuar a modo de centro de telecomunicaciones en la transmisión de mensajes entre castillos, función que desempeñaría algún habitante de la cercana alquería de Benitàixer. Los nueve agujeros que presenta la cueva fueron excavados sobre un conglomerado calcáreo de cementación débil. Son obra del hombre y tenían, por tanto, una función específica. Para abrirlos en una zona tan inaccesible -en la parte superior de la pared e incluso sobre la misma bóveda- tuvieron que emplear algún tipo de andamio y/o escalera. Así, se deduce que lo que guardaban en aquellas cavidades debió serles de gran importancia y utilidad, de lo contrario no se habrían tomado la molestia de situarlos fuera del alcance de los intrusos. Pero, ¿qué función podían desempeñar? Parece lógico que guardara relación con las funciones propias de la cueva como centro de "mensajería". Tal vez pudiera tratarse de un palomar. Desde siempre, en la cueva han anidado las palomas torcaces, por lo que se muestra un hábitat adecuado para la cría de estas aves.

Por la tarde, subí al castillo de Perputxent. Pese al ruinoso estado en que se encuentra, parece que es de los mejor conservados. Destaca la silueta del que fuera donjón y las torres de la fortaleza feudal, perfiles que fotografié cuando, al poco de ponerse el sol, apareció la luna llena. La parte Norte y Noreste está defendida por un escarpe rocoso que hizo innecesario el levantamiento de un lienzo de muralla. El hisn musulmán consta de un recinto doblemente amurallado (barbacana y muro), con sus torres albarranas estratégicamente colocadas en los accesos y quiebros de las murallas, algunos tramos almenados y numerosas aspilleras abiertas en la barbacana. El interior alberga un albacar de unos 3.000 metros cuadrados y un aljibe. Asimismo, en la esquina nororiental del recinto amurallado -la parte más baja del albacar- existe una poterna en la parte inferior del lienzo de la muralla que, tal vez, desempeñase las funciones de drenaje natural y/o de escapatoria frente a una eventual toma del castillo.

Cuando oscureció, monté la cámara sobre el trípode. Del reportaje fotográfico que realicé, destaco una evidencia: si quiero tomar alguna foto medio decente necesito mejorar la técnica y adquirir una óptica gran angular.

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Esta misma mañana he comprado la nueva Canon 450D, un filtro polarizador y un objetivo Sigma de 20 mm de apertura fija. Con este nuevo equipo, mucho estudio y un poco de imaginación, la calidad de las fotografías que realice en adelante debería mejorar.

 

BIBLIOGRAFÍA

· André Bazzana, Pierre Guichard y José María Segura Martí. Du hisn musulman au castrum chretien: le chateau de Perpunchent (Lorcha, province d'Alicante). Melanges de la Casa de Velazquez, vol. XVIII (1982)

· Centre d'Estudis Contestans. El Comtat: una terra de castells. Ajuntament de Cocentaina (1996)

· José María Segura Martí y Josep Torró Abad. Torres i castells de l'Alcoià-Comtat. Congrés d'estudis de l'Alcoià-Comtat (1985)

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